Alberto Fernández en Mendoza: llegó tarde, pasó rápido y obvió la realidad
El tren que llegó a Palmira fue un hecho político simbólico y, también, una lenta vía de escape para el presidente Alberto Fernández. Impostando una extraña euforia, el presidente intentó celebrar la llegada de ese medio de transporte sin hablar ni una palabra de la situación real del país. Más notorio quedó el desencaje entre el discurso y la realidad porque tenía como testigo al ministro de Economía Sergio Massa, que acababa de negociar en Buenos Aires una maniobra financiera de emergencia para "sacarle" dólares a entes oficiales y pesificar sus ahorros. El ministro fue un mero testigo, igual que el gobernador Rodolfo Suarez, quien soportó silbidos de militantes del PJ y ser un actor pasivo.
Curiosamente el único que se refirió al contexto económico nacional fue un actor de menor peso, el ministro de Transporte Diego Giuliano. "Se están tomando medidas económicas muy importantes en la Argentina. Hay voces que dicen que estas decisiones pueden perjudicar a fondos de los jubilados. Nosotros nunca hemos tocado los fondos. No le vamos a sacar nada a los jubilados", dijo el Ministro al referirse a la pesificación de los bonos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de ANSES que se había anunciado horas antes. La presencia de Massa tuvo mucho que ver con Giuliano, pues ese ministerio es gestionado por el Frente Renovador.
Alberto llegó tarde, pasó rápido y obvió la realidad. El acto estaba previsto a las 12 y el tren lo esperaba en Junín para subirse. Allí estuvo detenido más de dos horas por las demoras. El propio Presidente había estado esperando en Buenos Aires al ministro de Economía Sergio Massa, quien recién terminaba de negociar la "pesificación" de los bonos de entes oficiales.
El presidente eligió evadir y hasta hacer un recorte de la historia. Cuestionó a Carlos Menem por haber cerrado los trenes. "Otros dijeron ramal que para, ramal que cierra; en un momento trágico para la historia argentina", repitió, obviando que fue funcionario de ese gobierno en ese momento. "Es un día para celebrar", dijo Alberto; dándole una dimensión exagerada a lo que estaba pasando en medio de un contexto difícil. Sí reconoció el Presidente que son tiempos difíciles, tratando de arengar con muletillas nuevas, como la utopía de la igualdad.
Alberto Fernández se ha caracterizado por pasar por las provincias, sin visitarlas. Nuevamente ocurrió en Mendoza, donde pocos lo esperaban con los brazos abiertos. Esta vez sí hubo un contacto breve con el gobernador Rodolfo Suarez. La última vez que había estado en la Provincia Suarez no lo recibió como forma de protesta por el laudo en contra sobre Portezuelo del Viento. Hoy repitió varias veces el agradecimiento por haber ido al acto, como si el anfitrión fuera él mismo. Alrededor hubo algo de folklore de campaña, pero poca euforia.
El tren que llegó unirá Buenos Aires con Mendoza; concretamente a la estación Palmira, el pueblo más ferroviario de la provincia. Es una formación que tendrá frecuencia semanal, bajo costo pero no responde a las máximas de un sistema de transporte: seguridad, confort, puntualidad y velocidad. Sí prometen un "nueva experiencia", que tiene mucho de regreso al pasado. Igual de regreso que el lobby anti trenes que comenzó desde las empresas de transporte terrestre, sobre todo desde Cambia Mendoza.