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El desafío Milei y reunir fondos: los dos problemas urgentes de Cambia Mendoza y el PJ

Los principales partidos políticos caminan con la brújula rota y por eso eligen construir discursos verosímiles, antes que acercarse a la realidad. Les preocupa la bronca de la gente y buscan generar empatía. Al mismo tiempo, comenzó la colecta de la campaña "más cara y más pobre". Cuánto saldrá.

Como exploradores extraviados, los líderes de Cambia Mendoza y el peronismo caminan en círculos. Recorren el terreno con la brújula rota y se chocan, se pelean, se contradicen; no avanzan ni dejan avanzar. Sin hoja de ruta; con rumbo disperso. Por eso ambos frentes eligen construir un discurso verosímil, en vez de hacerse cargo de la verdad.

En la escena del oficialismo, el guión se llama “modo Mendoza” e intenta contar una historia de éxito que suene creíble. En el del PJ, la historia es aún más pobre y tiene como único tópico decir "no" y generar alguna empatía con la bronca. Nuevamente, son discursos que apuntan a ser verosímiles, algo que no tiene nada que ver con la verdad, pero que en función del contexto y los elementos escénicos y discursivos pueden parecer reales. El objetivo es sostenerlos lo suficiente en el tiempo que marcan las elecciones. El extravío es anticipado y no solo está claro para qué quieren ser Gobierno, sino ni siquiera con quienes.

El desafío Milei

En el fondo tienen problemas de liderazgo, de coherencia y conducción. Más notorio es en el oficialismo por la exposición que da el poder. Esa parece ser la única llamita que los atrae. En Cambia Mendoza, por ejemplo, conviven quienes promocionan los piquetes y repudian las detenciones de los líderes del Polo Obrero, con quienes impulsan lo contrario, sobreactuación judicial y política mediante. También quienes rechazan de plano la intervención del Estado en empresas y sectores privados (como la creación de empresas estatales), con quienes ejecutan esas maniobras como política de Estado. Los que le hacen un guiño a Milei, y los que quieren un presidente de izquierda. Solo el calorcito del poder parece unirlos.

Fuera de escena está la realidad. Y todos los partidos políticos deberán superar dos enormes obstáculos antes de comenzar la carrera. El primero es que los ciudadanos les abran las puertas para recibirlos, se saquen los auriculares para escucharlos y se silencien las broncas para no interrumpirlos. Esa misión es la más compleja. El mal humor social es generalizado y aunque hay matices, el descontento con la política es generalizado. Casi no hay dirigentes en el país que zafen de la mala imagen. Las encuestas marcan en rojo el desequilibrio.

Esa impronta preocupa y por eso las sobreactuaciones que se expresan con el título “la gente piensa en otra cosa” cuando los consultan. “La gente está más fastidiosa de lo que estaba hace unos meses. Cuando llega el momento de la verdad, la gente termina eligiendo, aunque no sea al que más le gusta, sino al que menos le desagrada”, explicó una consultora. Esa impronta lo reconocen todos los analistas. Incluso ya dejan de medir en particular el mal humor social porque es una “situación dada” y se enfocan en los candidatos. En ese sentido, hay un hecho que tiene nombre propio: “el desafío Milei”. Podría tener otra denominación y sería igual, pues el candidato libertario tiene como potencialidad el hecho de captar la bronca, más que las ideas políticas. “El desafío Milei que tiene la clase política está clarísimo. El año pasado era un signo de interrogación, que era un fenómeno que podía caer. Pero no ha pasado”, explican.

Lograr algo de empatía con la comunidad será el primer gran desafío de los candidatos, sin caer en la demagogia, la ridiculez y la subestimación. Por ahora el mal humor social se trasmite con desaliento y no con reacción. El temor es que haya algún catalizador que cambie ese modo de actuar.

La colecta de campaña

El otro desafío es mucho más frío: juntar los fondos para financiar la campaña “más cara y más pobre” de los últimos años. El oficialismo corre con enorme ventaja: tiene el aparato de recaudación estatal con los aportes y, además, logró sumar a muchos de los principales empresarios de la provincia dentro de la estructura partidaria.

En Mendoza los gastos de campaña son un agujero negro por la falta de regulación específica y la nula estructura de control. La ley 7005 impone límites generales que ni siquiera son comunicados oficialmente. Esos límites son bastante amplios: para 2023 cada partido tendrá unos 128 millones de pesos para gastar. La mitad para las PASO y la otra mitad para las generales. Para el peronismo y el radicalismo es poco, para el resto una cifra inalcanzable. La ley establece como base 1,5 unidades fijas (marcado por la ley impositiva) por elector. De ahí sale el límite de 128 millones de pesos. La Secretaría Electoral y el Tribunal de Cuentas apenas miran una cuenta de “almacenero” para controlar. Este año no habrá gastos en la impresión de boletas, por lo que uno de los “curros” de los partidos se elimina.

 Pero no es todo. Para las elecciones nacionales el límite total de gastos por partido también es de 130 millones de pesos, aunque basado en otra cuenta. Para las PASO cada frente podrá gastar hasta 42,7 millones de pesos. Para las generales el doble: 85,4 millones de pesos. La Cámara Electoral establece el “módulo electoral”, que está en 56 pesos.

Por eso los gatos de campaña este año podrían rondar los 1000 millones de pesos. Allí no entrarán los costos de la publicidad en radio y televisión, que son financiados por el Estado. La vaquita política ya comenzó.

La primera escala electoral será la elección de los siete departamentos gobernados por la oposición. Allí hay casi 500 mil votantes. Será la prueba piloto en varios sentidos. Desde lo político, será la primera elección de Cambia Mendoza partida (formalmente van juntos, pero el Pro está en huelga de votos caídos). También será la primera elección con boleta única. Antes, los partidos tratarán de calibrar la brújula o, al menos, ajustar los guiones para hacer más verosímiles sus historias.