Elecciones: empieza la temporada de golpes bajos y no habrá límites para ganar
Antes de que asuma el próximo presidente, el país se habrá enterado de infidelidades, vicios, reuniones secretas, traiciones como nunca se vieron y un nivel de violencia simbólica y verbal sin precedentes desde 1983. Las dos fuerzas que hoy pueden ganar el país y Buenos Aires según el promedio de encuestas que viene publicando MDZ, tienen una crisis de liderazgo en el país y los bastiones principales que hace que la balacera política se haya desatado y el límite sea el cielo.
Hay equipos enteros, personas con cargos y militantes rentados buscando información, editando videos, filmando, siguiendo, operando para destruir a candidatos del propio espacio: no es una virtud peronista, también lo hacen desde la mal "llamada nueva política". Los dos dirigentes que pueden terminar con este panorama eligen no hacerlo, y siembran con silencios y gestos sutiles los nuevos capítulos de la interna sanguinaria. Son Mauricio Macri y Cristina Fernández de Kirchner.
La vicepresidenta adquirió una particular forma de despersonalizar el Gobierno, como si pudiese haber existido el Frente de Todos, la candidatura de Alberto Fernández, el triunfo de Axel Kicillof y de Alicia Kirchner sin el financiamiento y la apoyatura explícita de la ahora enemiga del Frente de Todos. Lo creó, lo patrocinó, impulsó, militó y ahora destruye con la pasión de un Kirchner. Fue el principio del exilio del entonces jefe de Gabinete Alberto Fernández, quien explicó durante diez años por qué los Kirchner eran parte del problema. Ahora piensa lo mismo.
Nadie tiene el pasado impoluto, ninguno de los aspirantes a cargos de poder puede decir que está limpio y todos lo saben, en todo caso gira el debate al nivel de opacidad del currículum personal que cada uno ostenta. Martín Lousteau sabe que el equipo del PRO obturará su candidatura sin pausa, sin compasión y con un nivel de virulencia que no se conoce. Para romper el hielo, para entrar en calor y no discutir, horas de Lousteau explicando por qué la resolución 125 que bordeó la guerra civil y unió al Grito de Alcorta con Barrio Parque, era buena para el país y los Kirchner. Lo djio Lousteau y lo explicó en diez canales de televisión.
Es apenas un botón de muestra, sin meterse en temas personales harto conocidos por todas las revistas de chimentos. Su rival, Jorge Macri, toma carrera y se envalentona con los números que le llegan. El apellido Macri está primero, la marca PRO tiene una valoración del 65% y su candidatura, primera en la interna. Es naturalmente quien desembarcará en Uspallata en siete meses, salvo que Lousteau logre persuadir a Mauricio Macri de que él es macrista, algo que por ahora ni García Márquez pudiera bocetar.
La exSIDE, convertida ahora en la AFI para evitar malos entendidos, tiene material sobre los políticos. Una parte sigue siendo radical, un tercio es orgánico y un tercio del kirchnerismo, así se divide la inteligencia nacional. El material que pide Kirchner es esencialmente ilegal y sobre las intimidades de rivales y propios. No es una costumbre nueva, Néstor lo hacía para combatir el ocio los fines de semana en Rio Gallegos, es evidente que le divertía más que pasar el tiempo en familia.
Alberto Fernández sabe que lo espían, lo escuchan, lo "caminan" como se expresa en el mundo de los espías al seguimiento de una persona. Sabe también que si el cristinismo más duro puede hacerse de información sensible de su vida íntima, la van a publicar antes de que su candidatura termine de lanzarse. Alberto no puede ser candidato, lo juran los dirigentes fieles a Cristina, están dispuestos a pegar debajo del cinturón sistemáticamente y sin miramientos para evitar que juegue. Alberto lo sabe.
El presidente tuvo que dar explicaciones por conversar en privado con Roberto Navarro, el empresario millonario que cobró 530 millones de pesos de pauta en 2022 para hacer propaganda a favor del Gobierno. Con sesenta años. Navarro no supo transcribir un off the récord y arrinconó al presidente, que fue atacado por el empresario Horacio Verbitsky desde su pequeño Cohete a la Luna.
La provincia es lo mismo. Diego Santilli fue "caminado" tiempo atrás cuando salía de su departamento al lado del coqueto museo del Malba, sobre la avenida Figueroa Alcorta. Días atrás cuatro oficiales de civil se interceptaron mutuamente y se preguntaron quiénes eran. Dos eran de Santilli, los otros dos dijeron que eran orgánicos. Nadie le creyó nada a nadie. Santilli aspira con razón a ser gobernador, ganó la legislativa de 2021 y busca suceder a Kicillof. Sabe el diputado que hay material para perjudicarlo sobre su estilo de vida y vínculos familiares con la política. Es cuestión de tiempo para que aparezcan chats sobre el departamento de Alcorta y otras hierbas. Lo sabe el carismático diputado, que encabeza las encuestas y tiene un vínculo excelente con Larreta.
Mauricio Macri exige ser avisado de cada movimiento, incluso pregunta por qué no supo antes cuando se entera de algo. La precisión del calabrés para incomodar a los que no avisan es angustiante para varios. Esta semana se supo del pase de Oscar Moscariello, pieza clave en el interior, con Patricia Bullrich. Lo que no supo la candidata, es que antes que ella, tuvo el notición el propio Macri, quien considera sustancial el desembarco del partido Demócrata a la arquitectura nacional que busca depositar la exministra en el Sillón de Rivadavia.
Esta semana contamos en MDZ el plan de Maria Eugenia Vidal, tal vez más sesudo que varios planes. Arma una campaña presidencial sentada en la platea de Mérida, observa cómo los aurigas conducen sus caballos en las carreras de bigas. Los golpes y la adrenalina del resto nutre a la exgobernadora, que arma en Buenos Aires la candidatura creciente de Cristian Ritondo y lanzó, junto con Alex Campbell, la campaña de reclutamiento de fiscales más grande con 135 presencias en 135 municipios. Osado proyecto que tiene la bendición de Mauricio Macri y no descarta usarla como síntesis de unidad si Rodríguez Larreta y Bullrich siguen arrojando esquirlas cada vez más grandes sobre el espacio.
Así entonces, mientras la pobreza sube y la inflación se come el salario y la carrera presidencial de Sergio Massa, buena parte de la dirigencia está preocupada en exhibir miserias ajenas, como si la propia no alcanzara para dedicarse por un instante, a analizar la lejanía creciente entre la agenda de los que votan y los votados.