Piquete limitado: balance positivo de un acting que estará ante un constante desafío
Fue un acting en que el que todos sacaron un balance positivo. Sobre todo el gobierno nacional. Cumplió con varios objetivos: demostró cuáles van a ser las estrategias disuasivas ante cada piquete que se convoque, logró que la 9 de Julio y el Metrobus no se corten en ningún momento del día, y limitó la protesta a la zona de la Plaza de Mayo con una convocatoria más reducida que la esperada.
Para la izquierda quedó el sinsabor de no haber podido repetir convocatorias anteriores, ya que prometían 50 mil personas en la calle y los más generosos hablan de 10 mil. Para el gobierno de Javier Milei, según dijo la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, fueron apenas 3 mil. Sin embargo, lograron una vez más tener sus minutos de fama. Después de haber sacado el FIT apenas el 2,7% de los votos en las elecciones generales (la fórmula del Partido Obrero que lideró Gabriel Solano en las PASO sacó menos del 0,8%), el troskismo logró capitalizar en visibilidad política y mediática lo que no logra en las urnas.
Además, el Polo Obrero se apresuró a ser el primero en salir a la calle durante el gobierno de Milei. Después de cuatro años donde le coparon la calle a los movimientos sociales kirchneristas, que como ocuparon lugares en el gobierno abandonaron la protesta (a pesar del continuo aumento de la inflación y la pobreza), para el sector más de izquierda de los piqueteros le importaba marcar esa cancha. Otros movimientos sociales, en cambio, se limitaron a convocar a asambleas y ollas populares para el próximo viernes. Los cortes de calle deberán esperar.
Para Milei, Bullrich, Jorge Macri y compañía fue todo ganancia. Pero como en el Juego de la Oca, avanza un casillero de un tablero que será bien largo y que puede tener varios tropezones en el camino. Este miércoles, el gobierno tuvo varios puntos a su favor. Primero, se trataba de una movilización a apenas diez días de haber asumido. Desde todo punto de vista, la convocatoria, con reclamos al nuevo presidente, se presentaba como fuera de foco.
En segundo lugar, la campaña de disuasión del gobierno pareció surtir efecto. Tanto con la política de "el que corta no cobra" como con el despliegue de fuerzas de seguridad. Para el Polo Obrero el desafío de no quedar envuelto en situaciones de violencia con un gobierno recién asumido también significó un peso. Así y todo, los dirigentes troskistas lograron repetir en el vivo de todos los canales de noticias sus diatribas en contra del protocolo antipiquetes.
Sin embargo, el balance positivo del cual habló Bullrich será desafiado ante cada protesta. Empieza a quedar claro que los pequeños piquetes, de unos cientos de manifestantes, ya no tendrán cabida para la nueva administración. Y así lo están haciendo notar. Las grandes movilizaciones, sin embargo, serán difíciles de mantener acordonadas como esta vez. En un clima de crisis económica que irá en ascenso (por lo menos hasta que se empiece a calmar la inflación), la conflictividad se presume que también escalará. Hoy al Polo Obrero se lo pudo domesticar, pero en manifestaciones más multitudinarias y con mayor enojo social el acting puede desmadrarse.

