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Espejos de un balotaje

Pasado el debate entre los dos candidatos a presidente, nos encontramos en tiempo de descuento de cara a la segunda vuelta del próximo domingo.
Sergio Massa y Javier Milei no solo luchan por la Presidencia, sino por convencer a la sociedad sobre cómo debe entenderse la competencia que  mantienen entre ellos. Foto: CNE
Sergio Massa y Javier Milei no solo luchan por la Presidencia, sino por convencer a la sociedad sobre cómo debe entenderse la competencia que  mantienen entre ellos. Foto: CNE

Más allá de las reflexiones y análisis que se puedan hacer de esa contienda discursiva, se mantiene aún la incertidumbre total sobre quién será el elegido para guiar los destinos del país los próximos cuatro años. Obviamente, no se podrá contar con encuestas que midan si el debate generó algún cambio en las preferencias de la sociedad (de todas formas, las mismas ya han demostrado una y otra vez sus falencias en este sentido), por lo que tenemos que buscar algún otro lineamiento que nos guíe en buscar una forma de prever el resultado del acto electoral. 

La forma más adecuada, creo yo, es bucear en ejemplos de otras instancias de segunda vuelta. Obviamente, la realidad es que cada caso es un “mundo propio” debido a la realidad política e idiosincrasia de la sociedad, el diseño institucional del país e, incluso, el carisma de cada candidato. Pero, con eso en mente, la comparación se mantiene como una valiosa herramienta de análisis. En este sentido, he analizado diez casos de elecciones presidenciales de distintos países, que se han definido por este método. Éstos son la propia elección argentina de 2015, la peruana de 2016, las elecciones francesas de 2017 y 2022, las brasileñas de 2018 y 2022, la uruguaya de 2019, las de Chile en 2021, y las Turquía y Ecuador en el corriente año.

La primera conclusión que se puede obtener es que la diferencia entre el primero y el segundo no es un factor determinante respecto a prever el resultado de la elección. Tanto en 2017 como en 2022 en Francia, Macron superó a Le Pen por menos de cinco puntos en Primera Vuelta, pero revalidó su liderazgo en el balotaje. Lo mismo ocurrió con Lula frente a Bolsonaro en 2022, cuando el líder del PT superó a su contrincante por tan solo 5,23% en el primer turno, pero igualmente lo venció en el balotaje. Al revés, en el Perú de 2016, Pedro Kuczynski quedó casi veinte puntos porcentuales por debajo de Keiko Fujimori, pero la derrotó en la segunda vuelta. Asimismo, el Presidente Electo de Ecuador, Daniel Noboa, también dio vuelta una elección habiendo quedado más de 10% por debajo de su contrincante. 

La sociedad está en una disyuntiva entre cambio o continuidad. Foto: MDZ.

El elemento que parece ser determinante para prever quién puede resultar vencedor es sobre qué eje (o “clivaje”) la sociedad interpreta la elección. Entre los casos analizados, la mitad se definió en un eje Cambio-Continuidad (Argentina 2015, Brasil 2018, Uruguay 2019 y Turquía y Ecuador 2023), mientras que el resto lo fue en un enfrentamiento que podemos caracterizar como Sistema-Antisistema. Este análisis muestra que, en los casos en los que la compulsa es vista como una disyuntiva entre cambio y continuidad, tiende a prevalecer lo primero. Esto ocurrió en nuestro país en 2015, Brasil en 2018, Uruguay en 2019 y este año en Ecuador (en este último caso, hay que entender que la “Continuidad” no se refería estrictamente al Gobierno en funciones, sino al retorno del correísmo al poder).

Es de destacar que, de estos cuatro casos, en todos menos en el de Brasil la opción “Cambio” era la que había quedado en segundo lugar en el primer turno. Sin embargo, cuando la elección se lee como un choque entre el “sistema” y un partido o candidato que lo enfrenta, es más probable que fuerza “retadora” de las instituciones sea derrotada. Son los casos de las elecciones de Perú de 2016 (en las que Keiko Fujimori se alzaba como una potencial “segunda parte” del gobierno dictatorial de su padre), las francesas de 2017 y 2022 (cuando la sociedad consideró necesario “frenar” a Marine Le Pen) y en Brasil en 2022 (elección en la que Lula recibió el respaldo de la centroderecha para vencer a Bolsonaro).

Hay, obviamente, excepciones. La victoria del presidente turco Erdogan (la “Continuidad” se alzó victoriosa en ambas vueltas) o la del chileno Javier Boric en 2021 (quien puede ser considerado “Antisistema” por haber defendido el cambio Constitucional), son las situaciones disonantes. Se trata de tan solo un caso entre cinco de cada categoría, determinados por cuestiones particulares y hasta coyunturales de cada país en su momento, pero pueden ser entendidos como las excepciones que confirman la regla, o bien como la prueba de que la incertidumbre no dejará de existir hasta que se cuenten los votos.

En las semanas que pasaron luego del 22 de octubre (y, sobre todo, en la noche del pasado domingo), quedó claro que Sergio Massa y Javier Milei no solo luchan por la Presidencia, sino por convencer a la sociedad sobre cómo debe entenderse la competencia que  mantienen entre ellos. Si ocurre que la sociedad está, como sostiene Javier Milei, en una disyuntiva entre Cambio o Continuidad, casi con seguridad será él quien se alce con el premio mayor. Si, por el contrario, la “campaña del miedo” de Sergio Massa logra generar un escenario en el cual la gente sienta que se enfrenta a un “plebiscito” entre “Sistema” y “Antisistema”, el ministro-candidato tiene altas chances de revalidar su victoria.

Ignacio Gallelli.

* Ignacio Gallelli, Politólogo y Responsable de Asuntos Públicos en OPEN GROUP – Consultores en Comunicación.