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El debate: candidatos guionados al extremo que respondieron al show y dejaron dudas

El segundo debate estuvo signado por la gestualidad de los candidatos. Hubo ataques cruzados, pero guionados. Cómo quedó parado cada uno.
Sergio Massa volvió a mostrarse como un cómodo orador Foto: Noticias Argentinas
Sergio Massa volvió a mostrarse como un cómodo orador Foto: Noticias Argentinas

Gestos, muecas y hasta mímica con la boca, como si todos los argentinos fueran logopedas, hábiles intérpretes de la lectura de labios. Lo dicho era previsto, lo no dicho la sorpresa. En su afán de aprovechar cada instante, los candidatos a presidente de Argentina incluso intentaron comunicar más cuando no estaban en uso de la palabra.  Los 5 actores que participaron el show televisivo previo a las elecciones nacionales ya conocían el escenario, la pauta y tenían un guión con menos libertad para improvisar. Por eso los discursos y roles estuvieron mucho más ajustados que en el primer debate. Movimientos y palabras calculadas, lecturas disimuladas, enojos contenidos; voces impostadas.

Insaurralde y su escándalo, las leliq y la bomba de tiempo;  la inseguridad con la edad de imputabilidad y la lucha contra el narcotráfico; las viviendas y las insólitas dudas sobre el cambio climático. Esos fueron algunos de los ejes salientes de los cruces que hubo. En el arranque de cada intervención 4 de los 5 candidatos mencionaron su solidaridad con Israel por los ataques terroristas. 

Duros y guionados

Bullrich dejó las pausas y pasó al ataque directo. Milei volvió a estar sólido en su discurso, pero tropezó con su ego y por momentos se mostró soberbio. Massa redundó en el 10 de diciembre como bisagra, alejándose de las decisiones del gobierno pero, curiosamente, cayó en su propia trampa al hablar como ministro de economía y, otra vez, Schiaretti fue el más locuaz y pragmático para aprovechar cada espacio en “decir” ideas. Myriam Bregman también se ajustó a lo que se esperaba de ella y, cómoda, no llegó a inquietar lo suficiente al resto.

La curiosidad estuvo en cómo usaron la gestualidad los candidatos. Como tenían restringido interrumpirse, las muecas, gestos y hasta fonomímica fueron usados por los candidatos para dar señales.

El segundo debate de candidatos a presidentes fue más directo y duro que el anterior, quizá porque ahora sí los protagonistas internalizaron las reglas. Administraron mejor los derechos a réplica y también las preguntas, que fueron directas y concretas. Como concepto general, no hubo ningún hecho que pueda generar la idea de un vuelco rotundo del electorado tras la última discusión televisiva conjunta. Sí ratificación de los roles de cada uno.

La forma de abordar los ejes temáticos (seguridad, desarrollo económico y bienestar social) se centraron en la misma agenda, muchas veces endogámica, que suelen discutir públicamente desde la Ciudad de Buenos Aires.

Bullruch fue al ataque contra Massa. Pero tuvo que duplicar energías para atacar también a Milei. 

Desde el arranque, la discusión fue más directa. Si Bullrich había estado dubitativa sobre el uso de la coyuntura, ahora ocurrió lo contrario; pues en su primera intervención aludió al escándalo de Martín Insaurralde para asociarlos a Sergio Massa. También atacó directamente a Milei. La candidata de Juntos por el Cambio pelea por un lugar en el balotaje, pero corre con la desventaja de tener dos blancos distintos. Por eso divide fuerzas y algunas veces su discurso se pierde. Bullrich se mostró más cómoda en el rol de acusadora, de opositora. Y en el tema seguridad es donde tenía todas las de ganar. Aprovechó la oportunidad, mucho mejor que en el primer debate; quizá cruzándose de la línea. Es que usó también los espacios de propuestas para acusar por los casos de corrupción a Sergio Massa.

Milei, el ganador de las PASO era el que más arriesgaba. 

Sergio Massa volvió a mostrarse como un cómodo orador. Pausado, trató de contrastar con las acusaciones iracundas de Bullrich. “No por gritar vas a ser más popular”, acusó. Al hablar de economía, Massa describió parte del plan ejecutado en las últimas semanas por el Gobierno. Allí pisó la trampa, pues fue el pie que hallaron los otros candidatos para acusar las consecuencias del modelo de gobierno, entre ellas la inflación.

Javier Milei  tuvo un andar menos sólido en algunos planos y bordeó la soberbia. Con gestos y palabras trató de subestimar a sus adversarios, algo que quedaba pedante. Pero ganó con el cierre: volvió a pararse frente a sus "colegas" candidatos marcándose como si no lo fuera. 

El minuto de la vida

Un minuto puede ser muy poco tiempo. Pero en televisión, en horario pico y con una elección presidencial por delante; un minuto es una vida. Los 5 candidatos tuvieron como máximo, dos minutos corridos para explayarse. Lo aprovecharon pensando en el show, pues ya es una profecía autocumplida que en tan poco tiempo no se puede expresar una idea. Masa hablándole de "vos" a los ciudadanos es una de las muestras que se apostó más a las emociones, que a las ideas. Los cientistas explican que convencer, resumir ideas y transmitir un concepto complejo en poco tiempo es difícil. Es decir, no que no se pueda hacer, sino que requiere un trabajo intelectual de enorme magnitud, una forma de escribir o decir especial y un convencimiento profundo. Más fácil que eso fue acudir a las emociones, al intento de ataque directo y a las consignas. 

En general, probablemente la suma vuelva a ser cero para la mayoría que, ante un escenario incierto, no deja de ser una buena noticia. Los millones de ciudadanos que deben decidir su voto, a las 23 en punto cambiaron de canal como televidentes que eran; pues el show había terminado.