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El triunfo del ego de Mauricio Macri y el plan para colonizar el Gobierno de Javier Milei

Mauricio Macri teme por un triunfo de Sergio Massa. Conversa a diario con Javier Milei en el armado de un potencial equipo de gestión. El factor Marbella y la muerte de Juntos por el Cambio.
Mauricio Macri y el fin de Juntos por el Cambio Foto: Noticias Argentinas
Mauricio Macri y el fin de Juntos por el Cambio Foto: Noticias Argentinas

Mauricio Macri tiene un gusto agriducle, nunca pensó que lograría terminar tan rápido con Juntos por el Cambio, esa marca desdibujada y sin liderazgo que surgió tras la muerte de Cambiemos con el tifón Alberto Fernández. No pudo con su ego, debió terminar el espacio, configurar uno nuevo con Javier Milei, arriesgarse a perder todo y ser el verdugo de los que lo criticaban internamente, una conducta que heredó del padre y sostiene hace décadas. Tampoco jamás pensó que Sergio Massa, esa persona que detesta, sería tan buen candidato.

Jorge Luis Ahumada, Viviana Rodríguez y otros especialistas perdieron el domingo pasado. Su cliente entrena la templanza, la resiliencia y el ego desde que lo secuestraron el 24 de agosto de 1994 para cambiarle la vida para siempre. Macri estaba seguro que era hombre muerto, uno de los secuestradores le confirmaba su final, en el otro turno charlaba de fútbol con otro integrante de la “banda de los comisarios” y mejoraba su ánimo. Pasaron apenas 32 años, y Mauricio Macri no pudo contenerse, su ego lo traicionó, trabajó para romper lo que creó y no pudo entender que su proceso personal era al costado del escenario. 

Juntos por el Cambio no existe más, es un hecho, pero su muerte se había determinado en las legislativas de 2021, cuando Diego Santilli logró “echar” a Jorge Macri de provincia para ser el bendecido de Horacio Rodríguez Larreta y perder después. También murió Juntos por el Cambio cuando Macri trabajó denodadamente para que Javier Milei sea parte del acuerdo, para que Patricia Bullrich encabece la boleta, para que Larreta pierda la interna, para que Martín Lousteau salga del esquema y juegue de líbero de Enrique “Coti” Nosiglia, consiglieri vigente del centenario espacio en caída libre. 

Temor. Mauricio Macri ante un eventual gobierno de Sergio Massa.

Mauricio Macri no pudo hacer uso de los treinta años de terapia y las miles de horas de trabajo con su armonizadora. No logró evitar meter la cola y terminar con buena parte de la carrera de María Eugenia Vidal. Tampoco pudo digerir la aspiración de Gerardo Morales, a quien desprecia en privado y nunca consideró valioso. El nivel de massismo en sangre de Morales es algo que determina para Macri la valía de una persona, y en el caso del jujeño, es desbordante.

Jorge Macri es hoy el macrista con más poder del país, es un político profesional, estoico, pragmático, con gestión y ganas de crecer. Lo sabe Mauricio y sus antagonistas, los radicales, que ahora sin pan ni torta, deberán negociar migas con un duro que los vio trabajar en su contra durante dos años de gestión. Como contraposición, Diego Santilli deberá negociar su aterrizaje en algún Gabinete que le ofrezca supervivencia tras su derrota, que lo dejó en el incómodo lugar de los “sin tierra”, como se conoce a los que, sin territorialidad, buscan dónde volver a construir.

Macri logró su objetivo, pero su análisis no le permitió medir el alcance del clientelismo. Las cloacas del conurbano están en Marbella, todos lo saben, se intercambian hospitales por ostras y escuelas por relojes de dudoso gusto. Carteras de un estilo que define la crianza se compran con asfalto para los caminos rurales, y las joyas con las luminarias de las villas para evitar muertos de ajustes narco. Síntomas de un país gobernado por la decadencia moral y la ausencia de clase ni roce.

Socios. Insaurralde y Massa, juntos en campaña.

El expresidente pensó erráticamente, como casi todo el país, que la muestra tan pornográfica de Marbella, entre desclasados insaciables y vínculos abiertamente transaccionales, podrían hacer perder a Sergio Massa y su eterno socio, Martín Insaurralde. El castigo de los lomenses fue implacable, 50% de los votos, por lo que deberá seguir gobernando esa tierra arrasada donde el real state desnuda una ingeniería de lavado de dinero que data de un cuarto de siglo. 

Juntos por el Cambio termina entonces cumpliendo los deseos de Mauricio Macri, disuelto, perdigonado y buscando una nueva construcción de sentido que permita configurar un nuevo mapa de poder. El PRO seguirá existiendo, simbolizará una parte mayoritaria de un espacio espasmódico y sin territorialidad alguna en el país como es el de Javier Milei. Milei será entonces colonizado muy a su pesar por el macrismo, que desembarcará con sus servicios.

Javier Milei sabe que la elección se hace muy cuesta arriba, todo ahora está servido para Sergio Massa, el peor enemigo de Macri. Massa es tal vez el mejor político de la nueva década infame nacional. Es antikirchnerista desde que era jefe de Gabinete y con 30 años planificaba su vendetta contra Néstor Kirchner por usarlo para las candidaturas testimoniales. Llegó a apostar a este cronista cajas de vino de alta gama que nunca pagó por jurar que jamás sería candidato testimonial.  

Sapo. Juan Grabois volverá a trabajar para que Sergio Massa sea Presidente.

La paz social está absolutamente amputada si Milei no cambia posiciones y acerca dirigentes que piensen distinto pero con estirpe duro, liberal. Esa será la metié de Macri, quien quiere que haya un jefe de Gabinete duro, algunos dicen que será él, que se haga cargo de la negociación con los gobernadores y la gestión del día a día. 

Massa fagocitó la carrera política de una veintena de dirigentes importantes: José Manuel De la Sota, Margarita Stolbizer, Juan Grabois, Martín Redrado, Ricardo Alfonsín, todos alcanzados por el poderío verbal, financiero, ideológico, nada o todo junto, para estar en una boleta y después terminar con ellos. El último en sumarse es Carlos Melconian, le dio el “ok” en privado a Massa para ser su ministro de Economía a partir de diciembre. Interesante desafío para la CTEP de Grabois que aún debate el rol de la propiedad privada, con el plan de la Fundación Mediterránea.

Mauricio Macri empezó a construir el potencial gobierno de Javier Milei activamente. Parte del gabinete serán exmiembros del macrismo duro, que deberán convivir con las pasiones y aspiraciones de militantes de Milei sin experiencia pero con ambición. Cree Macri que habrá allí espacio para Patricia Bullrich, Waldo Wolff y otros que supieron encarnar el ala dura cuando la hipótesis de la tercera vía se llevó puesto a más de la mitad de Juntos por el Cambio.