Insaurralde, la mancha venenosa de la que sus socios quieren escapar
Y de pronto, Martín Insaurralde es un ser despreciable, indecoroso y promiscuo, además de corrupto, que debe ser desterrado de las piedras, placas y, en estos momentos, de cuanta pared, pintada y cartel que tenga su nombre.
El peronismo kirchnerista con el que conjugó el poder en todo este siglo y parte del anterior está luchando contra todos los archivos para aislarlo de este último tramo de la campaña. Lamentablemente, hay muchas malas noticias. Insaurralde es parte de ese sistema de distribución y armado del poder desde inicios de los ’90, cuando empezaba a hacer sus primeros palotes a través del peronismo de Lomas de Zamora.
Eduardo Duhalde era el jefe político del distrito y luego generó su propia descendencia a través de amigos y socios como Bruno Tavano y Hugo Toledo. Este último es el que metió en la intimidad del poder a “Martincito”, un púber adolescente que por su intrepidez y desparpajo trepó rápidamente de soldado raso a coronel y luego a general.
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Toledo es recordado por sus excéntricos manejos en la época de la Recuperación Histórica del Conurbano por su rol como ministro de Obras Públicas del propio Duhalde gobernador, donde el dólar equivalía a un peso y él manejaba 600 millones anuales desde el 1991 y Lomas de Zamora era el epicentro del poder provincial.
Insaurralde ya lo había hecho quedar mal a su ex suegro Toledo cuando, a principio de este siglo, en su rol de secretario de Gobierno municipal, se vio involucrado con un escándalo por un pedido de coimas a los supermercadistas chinos. El otro yerno de Toledo fue Pablo Paladino, otro dirigente lomense y armador del Fútbol para Todos.
El renunciado – renunciante Jefe de Gabinete de Axel Kicillof fue, más acá en el tiempo, el armador del Grupo Esmeralda, que había aglutinado a una docena de intendentes del Gran Buenos Aires para emanciparse del kirchnerismo que terminó proponiéndole a Florencio Randazzo que sea su representación general. Ese espacio se fue diluyendo dramáticamente con la decisión de Cristina Fernández de Kirchner y su armado de Unidad Ciudadana.
Esos jefes comunales, además, aprobaron en la legislatura el fin de las reelecciones indefinidas, la ley de cupo femenino para las listas legislativas y fueron, con el Frente Renovador, los aliados peronistas de la gestión de María Eugenia Vidal. El renovador Jorge Sarghini compartió con Manuel Mosca la conducción de la Cámara Baja en ese período.
A pesar de esto, por otros canales ocultos, muchos de los cuales quedaron al descubierto por el escándalo de la legislatura bonaerense, su relación con dirigentes de ultra confianza de Vidal le hacía llegar una ayuda “indispensable” a Máximo Kirchner.
Cuando asume, Axel Kicillof fue el que mejor “cobró” ya que representaba, en ese momento, el brazo más fuerte del joven Kirchner para llegar a dominar el PJ bonaerense. Dos amigos personales como Omar Garrugalde y Federico Otermín empezaron a manejar el Instituto de Loterías y Casinos y la Cámara de Diputados provincial. Dos años después le llegó el turno para comandar a todos los ministros del gobernador.
Fue merced a su capacidad negociadora y de comprensión que consiguió que muchos legisladores que habían votado por la derogación de las reelecciones eternas de los cargos provinciales hacía seis años, a fines de 2021 cambiaran de opinión para levantar las manos en favor de una ley que disponía exactamente lo contrario o, como mínimo, les permitía a todos presentarse por un período más.

Este verdadero “cajón de Herminio”, que sacude al peronismo en la cúspide de su poder, es porque Insaurralde no era un dirigente más. Era el más importante, junto con Massa, de la Provincia de Buenos Aires, el que más aliados y solidaridades había conseguido. Manejaba más poder real que el propio Máximo Kirchner, con quien armaron una sociedad de beneficencia mutua. De hecho, una de las últimas peleas que tuvieron Kicillof con Kirchner fue porque el hijo de los dos presidentes le exigía poner a Insaurralde como vicegobernador. Axel siguió con Verónica Maggario.
Por eso no suena del todo creíble que haya sido un dirigente, aunque este fuera el ministro – candidato, el que haya dispuesto que ni siquiera se presente como candidato a concejal en Lomas de Zamora. “Fue al estilo intercambio, luego de una ronda de consultas”, confió una de las principales partes involucradas en su salida del gabinete y de las listas.
La relación entre el candidato a presidente de Unión por la Patria y el ahora desterrado dirigente atravesó, siempre, por momentos de amor y odio producto de la competencia que ambos representaban para el otro. En 2013, el nacido en General San Martín le ganó al de Lomas, cuando ambos encabezaron las listas de diputados nacionales del Frente Renovador y de Unidad Ciudadana, respectivamente.
Ambos, sin embargo, han tenido estrecha intimidad y confianza, que alcanzó fotos preparadas especialmente con las esposas de ambos, Malena Galmarini y Jesica Cirio, hoy parte del escándalo.
Sin embargo, hace dos años, tras la derrota de 2021, la relación entre ambos se enfrió al máximo y en la legislatura bonaerense eso se vivió como una crisis. De pronto, los "chocolates" de la vida dejaron de intercambiar mensajes con los miembros del bloque del Frente Renovador, cuestión que se corrigió algunos meses después. La charla entre los "jefes" fue fortísima. Algo ya se había roto.


