Un gobernador sin poder y una "casta" que vive dentro de un termo
Axel Kicillof anunció, luego del escándalo que produjo con Martín Insaurralde, que iba a eliminar del organigrama provincial la Jefatura de Gabinete de Ministros. Lo hizo luego de aceptar, públicamente, la renuncia del intendente de Lomas de Zamora (en uso de licencia), cuestión que él pidió pero otros le permitieron.
Maximiliano Abad, presidente del interbloque de Juntos por el Cambio en la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, anunció que en los próximos días presentará un proyecto para unificar las dos cámaras bonaerenses y armar una Unicameral, sin la divisoria de Diputados y Senadores y reduciendo la cantidad global de legisladores.
Estas decisiones llegan luego del bochorno y la consternación que produjeron dos temas que bien pueden ser considerados el inicio y el cierre de un mismo proceso. Por un lado, la de la generación del dinero negro a través de Julio Rigau. Y termina cuando se la gasta, en el caso de Insaurralde, en un lujoso yate en Marbella.
¿Era necesario que sucedieran estos episodios para que la dirigencia política dispusiera "recortar" los organigramas del Ejecutivo y Legislativo bonaerense? ¿No bastaba con ver otros episodios de obscenidad política que se sucedían en otras provincias con menos control social como Formosa, Chaco o Tucumán, por ejemplo?
Parece que el microclima, cuya palabra Casta vino a describir brutalmente, también era una burbuja con microclimas y experiencias donde no se toman en cuenta lo que sucede fuera de la misma.
En pleno proceso menemista, Eduardo Duhalde, ante otros episodios de desbordes promiscuos en los gastos legislativos, dispuso un corte automático. No podían gastar más del 3% del presupuesto provincial. Lo mismo sucedió con los concejos Deliberantes, cuya comparación presupuestaria era con los ejecutivos municipales.
"Axel no es un pibe con poder. No conduce ni ordena. Solo administra algo que es de otro, en este caso, de Cristina Fernández de Kirchner", le dijeron a MDZ hace algunos días, antes de todos los escándalos dos intendentes de excelente imagen personal.
Esta descripción, con muchas consideraciones negativas para con la figura política del gobernador Axel Kicillof, fue ratificada, pero con una mirada favorable y conceptual, por una persona de su entorno. "Él sabe hasta donde debe ir. Y también cuándo puede empezar a hacer algunas otras cosas", entre las cuales está el inicio de su propio proceso político como jefe y conductor.
Cuando todos le piden explicaciones por las decisiones personales de su exjefe de Gabinete lo hacen sabiendo, de antemano, que no puede opinar. Está inhabilitado de origen para incidir en nada sobre sus actividades, ya sean públicas o privadas no solo de su exjefe de gabinete, si se va de vacaciones, a descansar o va a trabajar como si nada. Al no ser jefe, pasan estas cosas. Ni siquiera pudo echar a Sergio Berni a finales y principio de este año, cuando el ministro de Seguridad se hacía "el sheriff" y todos le reclamaban su cabeza, entre ellos el lomense que ahora está despedido.
Tampoco puede hablar sobre el repentino cierre de los bingos en muchos municipios, inhabilitados por cuestiones menores que siempre se dejaban pasar. Ni siquiera puede pedir explicaciones sobre lo que sucede en la legislatura.
Axel Kicillof tuvo que aceptar el ingreso de Insaurralde como su jefe de Gabinete por presión del amigo del exfuncionario provincial y jefe del peronismo bonaerense, Máximo Kirchner. Pero para que esto se terminara dando tuvo que intervenir la madre del presidente del PJ provincial, Cristina Fernández de Kirchner. Otra mala elección de personal realizado por la vicepresidenta, como lo fueron Amado Boudou o Alberto Fernández.
Mientras proponen recortes, reasignaciones y unificación de las cámaras legislativas, nadie quiere dar una mínima explicación. ¿Por qué se pedían tarjetas de débito para personas que no iban a trabajar? ¿Por qué el jefe de gabinete se fue a Marbella sin pedir un mínimo pedido de licencia? Todos pueden hacer lo que quieren porque nadie conduce, y todos articulan pequeños pactos que los encierran en un frasco sin conexión con el exterior desbordante de inflación, pobreza e inseguridad.