El radical que se lanzó discutiendo el "populismo" y la función de su partido
Maximiliano Abad no hizo una formalización de su candidatura a gobernador. No hace falta. Es joven, laborioso y sabe lo que es convivir con el poder, que lo ejerce hasta extremos que muchas veces lo hacen revisar algunas de sus propias actitudes.
El acto de ayer en Mar del Plata, que tuvo como correlato previo las vicisitudes vividas en los últimos meses, con encuentros y desencuentros entre los que parecían haber armado un monolítico complejo político para discutir con el PRO cómo continuaba la alianza de Juntos por el Cambio, mostró un Abad decidido a decir cosas políticamente incorrectas, algo poco frecuente en un partido cuyos dogmas y doctrinas lo emparentan con otro tipo de luchas que, para el legislador bonaerense, ya están incorporadas y no merecen ni siquiera ser puestas en debate de manera permanente.
Por eso lo que pareció una imperfección discursiva podría tomarse como un nuevo punto de debate que propone Abad cuando se mete de lleno contra el populismo, al cual observa como parte fundamental de muchos de los males que aquejan la cotidianeidad argenta.

“Estoy convencido, y quiero compartirlo con ustedes, que en estos casi cuarenta años no fuimos capaces de construir la democracia social con la que soñó Don Raúl y eso se debe, en gran medida, a un virus que nos afectó, a veces por derecha y a veces por izquierda. Ese virus se llama POPULISMO y siempre produjo los mismos resultados: más pobreza, más exclusión, más corrupción, más deterioro institucional y más aislamiento internacional", aseguró Abad.
"Por eso, la buena política debe buscar la salida definitiva y oponerle al populismo un modelo republicano, democrático y progresista. Esa es, ni más ni menos, la misión que tenemos los radicales. Queremos hacernos cargo del futuro”, agregó ante la atónita mirada de radicales que, con tal de competir contra el PRO, pretendían escuchar que el partido creado por Mauricio Macri representa a la derecha y casi que pretende hambrear al pueblo argentino.
En lo que parece ser un punto de coincidencia básico y fundamental con Diego Santilli, quien hoy en Perfil habla del mismo tema como un elemento primordial, Abad se comprometió a trabajar por la recuperación integral de la coparticipación que recibe la provincia de Buenos Aires. No hubo quejas sobre lo que sí percibe CABA, por supuesto, pero tanto Santilli como el presidente del radicalismo bonaerense no quieren más sostener otras jurisdicciones.

Donde no hubo grietas fue en el respaldo de las figuras nacionales más influyentes y gravitantes que tiene hoy el radicalismo. Además de más de veinte intendentes presentes, mandaron su saludo virtual Gerardo Morales, con quien suele tener más de una discusión; Facundo Manes, extrañamente sin aparecer personalmente pero sí con un video, más los gobernadores de Mendoza, Rodolfo Suárez, y el de Corrientes, Gustavo Valdés. Estuvieron la mayoría apoyando esta presentación donde solo faltó Martín Lousteau, cuya línea interna, Evolución, trazó una alianza con la suya. Tampoco pasó ni cerca el otro aspirante a ser gobernador e intendente de San Isidro, Gustavo Posse.
En medio de su discurso, en el Once Corazones de su Mar del Plata natal, Abad puntualizó lo que para él es uno de los principales problemas a resolver. La estructura administrativa bonaerense, que no solo es burocrática por demás sino también desordenada y que provoca innumerables inconvenientes a la hora de gestionar. Fue el momento donde dejó en claro que sabe por dónde tiene que pasar la reforma radical que necesita Buenos Aires.
Al respecto, enumeró algo que ya varios jefes comunales, inclusive peronistas, vienen criticando. El sinsentido de las divisiones políticas y administrativas que subsisten en la Provincia. “7 regiones agrarias, 8 secciones electorales, 12 regiones culturales, 14 regiones de IOMA, 25 regiones educativas, ¿sigo? 32 jefaturas departamentales, 46 delegaciones del Ministerio de Trabajo, un desorden administrativo que no tiene justificación alguna, que está pensado en función de caciques y punteros territoriales y no en función de los bonaerenses. Terminemos con la mentira de que la Provincia de Buenos Aires es inviable. Lo que es inviable es que nuestra Provincia siga gobernada por el mismo partido político que ha generado cada una de las condiciones que la harían inviable. Lo que es inviable es que la pobreza y la decadencia sean funcionales a intereses políticos y electorales. Eso es inviable y contra eso vamos a luchar”, sentenció.


