Guiño electoral

Sergio Massa y Axel Kicillof, la inesperada alianza de poder que va por todo en 2023

A pesar que Sergio Massa criticó a aquellos que se sacan fotos electorales en las playas bonaerenses, alguien lo "sorprendió" tomando mate en la sede del Hotel Provincial con el gobernador Axel Kicillof. Supuestamente estaban debatiendo qué hacer con el recorte de fondos, pero hay temas más fuertes.

Alejandro Cancelare
Alejandro Cancelare domingo, 15 de enero de 2023 · 13:00 hs
Sergio Massa y Axel Kicillof, la inesperada alianza de poder que va por todo en 2023
Foto: Cuenta de Twitter de Axel Kicillof

Como en 2017, cuando en pleno éxito político de Cambiemos Sergio Massa empezó a girar sobre sus pasos y entabló un diálogo directo con Máximo Kirchner para implementar una agenda común legislativa que se mostró nítidamente en aquel traumático tratamiento del aumento al mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias, ahora el ministro de Economía está dando señales de buena relación con el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof.

La muestra de ayer en Mar del Plata no fue casual, como tampoco los gestos elegidos para la difusión de la única foto que se consignó del momento. Massa con los brazos extendidos y diciendo "este es el problema que tenemos", y el gobernador con sus extremidades superiores más recogidas, como diciendo: "¿Y yo qué puedo hacer?".

Ambos saben que no tienen nada fuera de sí mismos. La suerte de ambos corre a la par, aunque mucho más las del jefe del estado provincial, que reconoce que su suerte está atada a la del ministro de Economía. Si éste fracasa, todos le pedirán que salte a la candidatura presidencial, algo que no quiere porque descree, al igual que su interlocutor de ayer, sobre el futuro electoral del Frente de Todos a nivel nacional y además porque todas las encuestas de opinión lo ponen como el único candidato bonaerense con chance de retener la Provincia para el oficialismo. 

Además, el mundo conoce que Massa jamás quiso, y jamás querrá, ser gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Sólo se le cruzó por su mente cuando antes de que Mauricio Macri se decidiera por María Eugenia Vidal en 2015, escuchó la propuesta nada más para mantener viva su llama electoral. Kicillof se siente tranquilo, también, por este tema. 

Para llegar al nivel en la relación que hoy muestran, no pueden ignorarse las necesidades mutuas que tienen gobernador y ministro y al momento actual llegaron luego de años de desconfianzas con mensajes cifrados apenas asumió Kicillof la administración provincial, sobre todo en contra de su socio frentetodista.

Paulatinamente, desaparecieron los recuerdos filosos contra el expresidente de la Cámara de Diputados cada vez que el gobernador comentaba lo que heredó de María Eugenia Vidal, con quien Massa nunca rompió su sociedad política hasta bien avanzado 2019.

La excusa de la foto fue publicitada como un encuentro para discutir una salida decorosa por la quita de fondos a la Ciudad de Buenos Aires, la devolución ordenada por la Corte Suprema, y cómo evitar que la Provincia de Buenos Aires siga cayendo en el rojo fiscal sin esa montaña de dinero que no podría seguir recibiendo. Pero atrás de eso hay un fortísimo respaldo del ministro a la figura del gobernador, quien se encuentra fuertemente amenazado, cotidianamente, por un juego de pinzas lanzados por La Cámpora, a través de la desconfianza que le tiene Máximo Kirchner, y varios intendentes comandados por Martín Insaurralde, el mejor interlocutor para la cotidianeidad de los administradores municipales y sus múltiples necesidades, desde reelecciones indefinidas hasta fondos de infraestructuras.

La primer gran alianza que tuvieron Massa y Kicillof fue en la previa del fin del año pasado, cuando jugaban juntos por no modificar la ley que permitía un mandato más a los intendentes. Radicales, PRO, vecinalistas y peronistas se pusieron de acuerdo para desfigurar la ya confusa ley y decreto reglamentario de Vidal que le imponía sólo una reelección a partir de 2015. Insaurralde fue el que juntó todas las voluntades para que tengan una nueva posibilidad electoral en 2023.

Los cruces entre Martín Guzmán y todo el elenco frentetodista los puso, también, en la misma vereda. Su salida fue lo que permitió que ocultaran varias de las grietas ideológicas que los separan para incursionar en una paz que les permita llegar a salvo, o por lo menos con la menor turbulencia posible, a fin del año que empezó.  

La dupla Massa - Kicillof hoy tiene mayor poder político que la que conforma la dupla presidencial. No por números ni proyección electoral, sino por lo que representan para cada uno de los mundos en los que deben actuar. Al ministro le sirve que el gobernador no lo maltrate en privado y a éste le es más que funcional que haya alguien que trabaje para no dañar más el dramático tejido económico que afecta todo el país pero que resiente, sobre todo, la base electoral más importante del oficialismo, el Gran Buenos Aires, algo sobre lo cual Massa entiende y mucho. 

Ninguna de las partes dijo nada sobre las posturas que ambos tienen sobre el tema de los fondos porteños y la resolución de la Corte, aunque se sabe que Kicillof es el más intransigente sobre cómo debe seguir el conflicto. Para Massa, esto es un problema que le afecta directamente otras variables, no solo las políticas. También lo dejará con otro mojón sobre la percepción ante la opinión pública, que lo sabe más criterioso que sus aliados pero que, en la encrucijada, termina poniendo la otra mejilla. 

Fiel a su estilo, y manteniendo un bajísimo perfil con respecto a estos temas, aparece un conector que podría desmentir esta información porque solo está basada en cuestiones muy finitas de la política y de los gestos. Hace un mes, aproximadamente, luego de un acto que los tuvo juntos, Gabriel Katopodis y Axel Kicillof estuvieron hablando, a solas en un auto, por más de cuarenta minutos, bajo la mirada absorta de sus más íntimos colaboradores. Casi en esos días, el ministro de Obras Públicas tuvo un extensísimo encuentro con Massa para debatir muchos temas, fundamentalmente los que afectan a lo más visceral que es el dinero que tendrá para gastar en infraestructura y que su par de Economía quiere cuidar mucho más de lo que se conoce. 

Por supuesto que Katopodis y Massa hablaron de política, y mucho. Uno fue el creador y el otro su primer apóstol en el nacimiento del Frente Renovador. Kicillof terminó participando del extenso almuerzo en Chapadmalal, armado por Katopodis y Santiago Magiotti, luego de la fortísima discusión personal que tuvieron Victoria Tolosa Paz y Fernanda Raverta, que si Anibal Fernández tuviera la misma soltura que hace una década, la habría denominado como una "guerra de peluquería". 

El machirulismo está en extinción. Las fronteras ideológicas también, o al menos eso parecen entender Massa y Kicillof que empezaron a tener una relación que ambos pretenden que los lleve al futuro y no quedarse estancados en una batalla cultural a la que le faltan ejemplos y en la que la mayoría de la sociedad duda de sus beneficios. 

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