Hasta cuándo puede bancar el presidente a Aníbal Fernández
Si bien el intento de magnicidio contra Cristina Fernández de Kirchner logró unir al peronismo, hay una cabeza que piden a gritos desde el seno del kirchnerismo duro y es nada más ni nada menos que la de Aníbal Fernández. Y si bien el presidente Alberto Fernández le dio la derecha para seguir como ministro de Seguridad, el funcionario tendría las horas contadas dentro de la cartera.
El ataque a la vicepresidenta del jueves por la noche en Recoleta, donde Fernando André Sabag Montiel gatilló dos veces una pistola Bersa calibre 32 a centímetros del rostro de Cristina Fernández de Kirchner, puso el jaque la posición de uno de los funcionarios, valga la redundancia, más funcional al propio kirchnerismo.
Aníbal Fernández es el encargado de velar por la seguridad de la vicepresidenta y, desde este sector del peronismo, ahora le cuestionan que horas antes había logrado un acuerdo con seguridad de CABA para limitar algunas de las acciones de los militantes en las inmediaciones del domicilio de Cristina. Ese acuerdo duró solo un par de horas, ya que luego sucedió el intento de asesinato.
Además, tras los incidentes del sábado, donde personas afines al kirchnerismo se enfrentaron con la Policía de la Ciudad, el ministro de Seguridad, a cargo de la Federal, destinó 100 custodios para cuidar a la vicepresidenta. Con ese número de hombres y todo, la custodia falló el jueves por la noche: un hombre se acercó en el tumulto, empuñó un arma y gatilló.
Eso no se lo perdonan a Fernández, como tampoco le perdonan a Agustín Rossi que el servicio de inteligencia no haya hecho eso: inteligencia sobre un personaje que en sus redes sociales mostraba su absoluto repudio al Gobierno nacional.
Bajo este panorama, también llama la atención que el ministro de Seguridad haya sido el único funcionario que no se pronunció ni mostró su repudio, al menos en las redes sociales, sobre lo acontecido en Juncal y Uruguay del barrio de Recoleta.
Las horas para Aníbal Fernández parecen estar contadas y la presión de un sector duro del kirchnerismo, más la de la oposición, lo pondrán contra las cuerdas.