Es necesario aplicar más sentido común: a veces menos es más
La realidad socio económica es demasiado agobiante, la tensión de la vida diaria es extrema por lo que todos, gobierno, organizaciones de la sociedad, gremios y ciudadanos debemos hacer un esfuerzo por apelar al mejor sentido común para transitar y mejorar la situación actual. Quienes más esfuerzo y responsabilidad tienen en torno a lo señalado son aquellos que ejercen el poder público, nuestros dirigentes.
Hay ejemplos coyunturales que podemos señalar en el camino de lo decidido por la autoridad y el consecuente error en la decisión adoptada. Uno de ellos es en la Ciudad de Mendoza, con el caso de la ciclovía de la calle Martínez de Rozas.
Las protestas y el alboroto que se amplificaron cuando las obras avanzaron hasta llegar a la importante avenida Arístides Villanueva, obligaron a detener los trabajos y consecuentemente replantear su ejecución.
Las ciclovías son sistemas de circulación del tránsito adoptados por ciudades que crecen, útiles y no puestas en discusión. Lo que se critica en este caso puntual es la posibilidad de no haber sido evaluado, apelando al simple sentido común, aspectos importantes en su construcción.
Uno clave es la dimensión del ancho de espacio utilizado y el exagerado tamaño de los separadores de concreto para enmarcarla. La calle Martínez de Rozas es la única vía que en el tránsito Norte / Sur tiene pocos obstáculos, semáforos y badenes, que posibilitan un traslado lógico, sin constantes interrupciones y que es muy usada. La construcción de la vía para ciclistas dificultó in extremis la fluidez del tránsito.
Lo grotesco del tamaño de los separadores y su dureza constructiva provocaron accidentes, roturas de cubiertas y tren delantero a numerosos vehículos. Costos dinerarios e inconvenientes que se sumaron a las demasiadas dificultades del diario vivir. Incluso se puede señalar que en paralelo a esta construcción, en Boulogne Sur Mer y en avenida Belgrano ya existen ciclovías, por lo que ya había alternativas válidas y cercanas.
Es dable señalar igualmente que las autoridades no deben dudar cuando perciben el malestar general o aprecian que una decisión adoptada no es correcta o conveniente en dar marcha atrás, si es lo más adecuado. Cabe destacar lo sucedido en la Ciudad de Buenos Aires, donde vecinos acudieron a la Justicia por obras en calle Libertador, trabajos que luego fueron cancelados.
La mayoría de la ciudadanía no es obstinada ni poco razonable. Todos y desde ya los gobernantes somos susceptibles de cometer errores. Reconocerlos y subsanarlos es lógico, prudente y necesario.
Es un tema de simple buen criterio y sentido común. Sentido común que lamentablemente en tantos órdenes de la vida común escasea y es necesario recuperar.
Simplemente apliquemos más sentido común. A todos nos irá mejor.