El preocupante pronóstico que deja como herencia Martín Guzmán y las dudas de las provincias

El preocupante pronóstico que deja como herencia Martín Guzmán y las dudas de las provincias

El fracaso de la gestión arrastra a las provincias, donde hay incertidumbre por el futuro inmediato. Ya había malos augurios sobre lo que podía pasar durante la primavera, pero los tiempos se adelantan. Tarifas, recursos y dudas en los estados provinciales.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

picardi@mdzol.com

En la extensa carta de renuncia como ministro de Economía, Martín Guzmán menciona una frase curiosa que denota el error de lectura, la enorme distancia entre lo que pasa y lo que él, y todo el Gobierno, considera que es la realidad. “Hay mucho trabajo invisible detrás de esos logros”, asegura tras enumerar algunos de los supuestos éxitos de gestión. Curiosa paradoja: mientras el renunciante ministro dice que hay trabajo invisible detrás de los buenos resultados, lo que se vive es que hay mucho trabajo visible que explica los rotundos fracasos de Alberto Fernández, Guzmán y todo su equipo.

Una moneda sin valor, inflación de más del 60% anual (Guzmán parece no haber leído a su “padre” intelectual Stiglitz sobre las metas de inflación), descalabro macroeconómico y una clave cuya idea es parte de los manuales de economía básica: falta de confianza y autoridad. Guzmán renunció formalmente ayer, pero ya estaba ido hace meses, cuando quedó claro que un funcionario de tercera línea como Federico Basualdo era más importante que él. Esa poco sutil maniobra (cuando Guzmán quiso echarlo y no pudo) fue lo que desbalanceó para siempre la cinchada de poder donde Cristina Fernández de Kirchner hizo caer al presidente Alberto Fernández.

Además de impericia, hay una irresponsabilidad enorme. La pelea política en el Gobierno, de la cual hace gala la carta de Guzmán en su renuncia, es comparable a lo que podría ocurrir si los médicos de un hospital discutieran por los sitios de estacionamiento para sus autos mientras los pacientes pelean por su vida en la terapia intensiva por falta de atención. Alberto y Cristina se pelean por los espacios donde aparcar, por la cantidad de lugares ocupados en ese pasivo estacionamiento del poder. La economía y el país agonizan como personas abandonadas en una terapia intensiva sin médicos.

Suarez se subió a algunas propuestas de Alberto, a pesar de ser el gobernador más opositor. 

Incertidumbres en las provincias

La salida del ministro de Economía no es inocua para todos, pues hay malos recuerdos. La memoria emotiva de los argentinos indica que cuando eso ocurre, suele haber un tobogán resbaloso. El problema es que Argentina tiene un centralismo enorme.  Cada provincia y cada argentino dependen de manera tal del Estado nacional que cualquier movimiento hace temblar desde la economía regional, hasta los ingresos familiares. Por las dudas hay que recordarlo: la Nación es el gran agente de retención de todos los recursos y luego los administra. La ley de coparticipación indica que  42,34 % de los impuestos se los queda el Tesoro Nacional y algo más del  56%  las Provincias. Pero el palacio de Hacienda se queda con todo y luego reparte. Esa balanza está aún más desequilibrada porque hay otras fuentes de recursos que se manejan discrecionalmente.

Las provincias se quejan y descargan cualquier responsabilidad en la Nación. Es real que el referido centralismo y el monopolio del manejo de la macroeconomía dejan pocas herramientas para los gobernadores a la hora de enfrentar crisis. Aún más: Mendoza tiene compromisos asumidos por el Pacto Fiscal que ata aún más de manos a Rodolfo Suarez, a pesar de que el socio del acuerdo ya se fue. Pero Suarez y el resto de los mandatarios provinciales deberán usar la creatividad o el rigor político. Para poder administrar la pobreza que se avecina y también para defender los intereses provinciales.

Nadie tiene buenos augurios. De hecho, lo peor de la crisis se esperaba para bien entrada la primavera, en octubre, cuando la falta de dólares era más aguda (por el aumento de la demanda de esa moneda y la escasez de ingresos). Si en la época de exportaciones récord hay problemas, cuando haya vacas y si los flacos la situación puede ser peor. Más con el factor incertidumbre. “Nunca se sabe cuándo tocamos fondo”, dijo con resignación Rodolfo Suarez.

No ha tenido buenas experiencias el gobernador de Mendoza. Aunque es de gestos moderados, Suarez ha sido el gobernador más opositor a la Nación de los que tuvo la provincia. Sus antecesores fueron todos oficialistas, o neo oficialistas. Aún así, Suarez se subió al barco de iniciativas nacionales que naufragan y también ha caído en algunas trampas.  El Pacto Fiscal, la estatización de IMPSA, el ninguneo por Portezuelo del Viento, la discriminación en la asignación de recursos discrecionales, la falta de actualización de los subsidios del transporte y la lista sigue. 

Tarifas y ahorros

En el Gobierno ahora sacan a relucir un tema que era motivo de reproche: haber "ahorrado" recursos y tener una política cautelosa desde lo económico y fiscal. La incertidumbre que se veía en el horizonte hizo, dicen, que se tomara el camino más conservador, cuestión que ahora genera algo de alivio porque hay menos compromisos asumidos.  

Guzmán se fue en medio de un mar de incertidumbres que afectan a las provincias. Uno de los temas clave es el de las tarifas. La segmentación de los usuarios para aplicar los aumentos quedó a medio camino y la semana pasada se había dispuesto que el Ministerio que ahora está acéfalo fuera quien implementara esa medida. En Mendoza, como en todas las provincias, hay dudas enormes por cómo se ejecutará. Ahora tampoco se sabe quién lo hará. Las tarifas del gas las administra solo la Nación. La tarifa eléctrica es más compleja porque tiene elementos compartidos.

Por la sensibilidad que tiene el tema, las provincias comienzan a inquietarse. Ya ocurre en gran parte del país con el servicio de transporte, que ha tenido paralizado a medio país y que puso de mal humor incluso a los peronistas. La falta de “sintonía” con el resto de las tarifas puede generar aún más malestar. El sucesor de Guzmán deberá ejecutarlo, pero con la misma presión que el renunciante: el kirchnerismo no está dispuesto a dejar los espacios de control que tiene y, de ser necesario, obstaculizar cualquier gestión; aún desde una mera subsecretaría. El modelo disruptiva que encabezan Alberto y Cristina ya dejaron en claro que los cargos, incluso el de un ministro, son meros sellos de goma.

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?