Alberto Fernández y un nuevo plan de seducción para seguir siendo amigo de Sergio Massa
La designación de Daniel Scioli en reemplazo de Matías Kulfas fue tomada en la más absoluta soledad por el presidente Alberto Fernández, quien primero pensó todo lo que podía resolverle el ingreso del exgobernador a su Gabinete, ausente de voceros autorizados convincentes.
Ayudó que la determinación presidencial fuera acompañada por el deseo del actual embajador en Brasil de siempre mostrarse predispuesto a seguir las determinaciones del jefe de Estado, dueño de una anarquía decisoria que alarma a propios y extraños. Sin embargo, no sopesó un pequeño detalle. El reclamo que desde hace muchos meses le vienen realizando los otros miembros de la alianza gobernante sobre la construcción de un megaministerio para relanzar al Gobierno y, por ende, las expectativas electorales del oficialismo. De ahí que lo invitara a la Cumbre de las Américas al presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa.
“Sergio se hartó. ¿Sabes si se va?”, fue la pregunta que sorprendió en la mañana del domingo y que volvió a aparecer “porque no saben cómo contenerlo”.
“¿Adónde se va ir?”, contestó una fuente del Gobierno que sabe que, hoy por hoy, ninguno de los miembros del Frente de Todos tiene destino personal sino a través de la compleja y descompuesta unidad que mantienen.
Massa nunca quiso ocupar el Ministerio de Desarrollo Productivo que quedaba vacante tras la abrupta salida de Matías Kulfas. Junto con Máximo Kirchner vienen planteando la necesidad de oxigenar la gestión y revitalizar las expectativas a través de una cartera que agrupara Economía, Hacienda, Producción y Energía. En esto también juegan juntos.
Sí empeoró más el humor del presidente de la Cámara de Diputados de la Nación el nombramiento de Daniel Scioli por Kulfas. “Es como si en una cárcel, donde los presos se quejan por todas las condiciones edilicias infraumanas que padecen, más la mala comida, encima, le tirás un chancho. Lo urgente pasa a ser que le saquen el chancho, todo lo demás pasa a segundo plano”, recitó un experimentado dirigente opositor que los conoce.
En esta metáfora, el chanco viene a ser el nuevo funcionario, como en la anterior de Sergio Berni lo eran el presidente y su vice.
Efectivamente, este relato describe la crisis interna y la contínua conflictividad que convive en el Gobierno, en el que el presidente Alberto Fernández sabe que lo único que no puede permitirse es la ruptura del frente que lo llevó al poder. Pero que, a la vez, su vice y los dos referentes de más peso político, Massa y Mäximo Kirchner, ya creen que se encamina a la derrota y a una nueva crisis.
El hijo de los dos presidentes y el ex intendente de Tigre trabajan con la mayoría de sus proyectos alineados y funcionales entre sí. Fernández, en tanto, no sólo debe seguir de cerca los pedidos y planteos de ambos, sino también evitar que la vice entre en crisis. Todo al mismo tiempo.
Scioli es una persona que empezó a ser reconsiderada tras el fracaso del gobierno de Mauricio Macri y su vaticinio en el debate presidencial de 2015 cuando, a pesar de haber perdido esa puesta en escena, alertó con lo que iba a pasar si ganaba Cambiemos.
No obstante, le llevó tiempo levantar la pena que le impusieron por ser el “mariscal de la derrota” en aquella oportunidad y dos años después consiguió un gris quinto lugar en la lista de diputados nacionales bonaerenses. En la vuelta del kirchnerismo peronista al poder tampoco le dieron demasiada importancia y lo enviaron a una embajada “de las importantes”, Brasil, pero lejos de cualquier ámbito de poder institucional o ejecutivo.
Su designación, además de ubicar a un referente de peso en el Gabinete, significa un retraso para los planes que proyectaron Massa y Máximo K. El primero necesita un lugar de lucimiento para “enderezar el avión que cae en picada”, y ser el candidato que “salvó” al Frente, como sostienen miembros del oficialismo, mientras que el jefe de La Cámpora pretende seguir teniendo futuro para sí y para su gente. A pesar que le desconfían, creen que Massa, verdaderamente, hará todo lo que no pudieron ni Matías Kulfas ni Martín Guzmán.
El que haya aparecido Daniel Osvaldo Scioli replantea todo y recalibra las expectativas de la mayoría de los integrantes que ya están pensando en el día después de las elecciones presidenciales del año próximo. Es que saben que el exgobernador es un especialista en vender productos y un gran armador de espectáculos de convocatoria. Antes eran los electrodomésticos, después proyectos sólo vistos en los spots oficiales de su gobernación y, ahora, todo se hará con la mirada productivista por delante.
"Lo bueno es que él no hace política pisando al otro, algo tan habitual en nosotros", reconoció un ministro de la Nación que lo tuvo como ministro y que nunca fue de su círculo de confianza.