Triage político: tensiones locales camufladas por la crisis nacional y el funcionario que tiene el hilo conductor del poder

Triage político: tensiones locales camufladas por la crisis nacional y el funcionario que tiene el hilo conductor del poder

Como si fuera una sala de emergencias, todo el foco está puesto en la aguda crisis nacional. Pero en el triage hay otras crisis que, aunque parezcan menores, también están latentes. El funcionario que sirve de hilo conductor del poder en "los gobiernos" de Mendoza es cuestionado por un sector.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

picardi@mdzol.com

Para analizar la realidad argentina hay que emplear una estrategia de la medicina. Los emergentólogos lo saben: en una crisis aguda hay que priorizar a quien este en peor estado y nunca habrá una situación de estabilidad. El triage obliga a abordar la emergencia más grave primero, lo urgente luego y hasta dejar de lado lo que duele, es que se trata de situaciones de vida o muerte. En el triage político que se puede hacer de Argentina lo más grave, y que eclipsa todo parece ser la crisis nacional, el quiebre dentro del gabinete y la navegación sin rumbo hacia 2023.

El Gobierno nacional no es el único que tiene problemas. Claro, en la sala de emergencias tiene el número uno en la lista y la agudeza de esos problemas es funcional para que en otros planos, como el de las provincias, queden los dolores crónicos y los problemas vernáculos como secundarios. Es lo que le pasa al Gobierno de Mendoza, que tiene una tensión política en crecimiento y donde hay disputas de poder que quedan camufladas en “tanta crisis”.

El escándalo generado por el “pago” comprometido al exsenador Héctor Bonarrico aún lacera en las internas de Cambia Mendoza, pues hizo temblar esa particular estructura de poder creada en 2015 y cuyos líderes se embriagaron de poder. Tanto, que dejaron al descubierto las flaquezas de la estrategia. Si Bonarrico, que tiene poca relevancia electoral, tenía tanto alcance, todos se preguntan qué pudo pasar con otros dirigentes de la ecléctica alianza de gobierno. El caso generó tensiones entre quienes gobiernan, los sectores ligados a Rodolfo Suarez, y quienes tienen el poder, los otros dirigentes más allegados a Alfredo Cornejo.

Cambia Mendoza va a tener un recálculo interno importante. 

Estrategias

Mientras tanto, la maquinaria electoral de Cambia Mendoza se mueve con miras al 2023. Y, entre otras cosas, buscan bloquear a los partidos chicos que en las elecciones pasadas dispersaron votos. La intención de los radicales es tratar de anularlos por dentro y por fuera: que no se integren a Cambia Mendoza para no engrosar a dirigentes que no puedan manejar (léase Omar De Marchi) y quitarles, en la medida de lo posible, herramientas electorales. Por eso hasta hay negociaciones con los propietarios de algunos sellos partidarios que suelen alquilarse al mejor postor. 

En los borradores de esquemas para el 2023 hay curiosidades. Candidatas tapadas, precandidatos "cantados" que podrían ser ministros relevantes (por primera vez Cambia Mendoza ya piensa en un ministro de educación propio) y un calor político que crece entre Rodolfo Suarez y Alfredo Cornejo. 

Hay una figura clave que es cuestionada por un sector de Cambia Mendoza, algunas veces de manera exagerada, cuyos dardos lastiman en el núcleo del poder del Gobierno. Se trata de Víctor Ibáñez. No es casual que sea el elegido para las acusaciones internas: pegarle a Ibáñez, lastima a Suarez. El ministro de Gobierno tiene un rol protagónico en cada decisión que se toma o que se deja de lado. Y es el hilo conductor que atraviesa el poder de dos estamentos que esta semana estarán bajo la mirada de todos: es el funcionario más influyente del Poder Ejecutivo y antes era el “rector en las sombras” de la Universidad Nacional de Cuyo, casa de estudios que está en pleno proceso electoral.

Ibáñez está detrás de cada decisión de Suarez. O, mejor dicho, el Gobernador descansa en el Ministro sobre cada tema clave. La reforma de la Constitución, el CEAS, todos los proyectos legislativos, la negociación con los gremios, el vínculo institucional. La negociación por Portezuelo del Viento. La “guarda” legal de cada tema. Por eso también el polémico convenio con Bonarrico lo golpeó tanto al Ministro; porque no supo custodiar la espalda de su amigo.

Ibáñez ejercía un rol aún más protagónico en la UNCuyo, donde Pizzi le dejaba casi todas las decisiones. Es decir, está acostumbrado a que le deleguen poder y ejecutar. Si lo hace bien o mal, lo evaluará cada dirigente; pero el poder lo tiene. Los memoriosos recuerdan que Ibáñez era la pata radical de un curioso intento de Francisco Pérez por meter cuña en la interna de ese partido para apoyar su fugaz intento de reforma de la Constitución. Esa intentona incluyó hasta una pequeña estructura de comunicación y agitación de algunos radicales marginales. Ibáñez tiene también que atajar críticas extrapartidarias, como ocurre con el CEAS. Desde el Consejo Económico cuestionan que el Ministro ha taponado los 7 proyectos aprobados que aún no se transforman en hechos de Gobierno y que tienen que ver con temas estructurales como el hambre, la producción y la institucionalidad. 

El oficialismo, que tiene el poder en todas las instituciones que se toquen en Mendoza, tiene su espejo. Ocurre en el Gobierno y hasta en la UNCuyo que renovará autoridades esta semana: la endogamia a la que ya está acostumbrada le impide sincerar todo lo que se hace mal. En esa casa de estudios nadie se anima a cuestionar públicamente el gobierno de Pizzi, que tuvo falencias notorias en la gestión de educativa y de vinculación con la sociedad durante la pandemia. Hubo duras críticas "en off" de encumbrados dirigentes radicales. Pero nunca un sinceramiento real. Si hay problemas, que no se note. En el Ejecutivo pasa algo similar. La prioridad es mantener el poder, luego mejorar la gestión. 

Suarez esquiva los conflictos y definiciones sobre ellos. Entiende como pocos la idea del triage: sabe que mientras más aguda sea la crisis nacional, menos responsabilidad de hacerse cargo de los problemas vernáculos tendrá. Eso no lo exculpa y, sobre todo, tampoco soluciona los problemas. El intendente peronista Matías Stevanato es uno de los que busca exponerlo y por eso toma un argumento que es usado por Cambia Mendoza a nivel nacional: que el Gobierno gobierna solo para los amigos.

En las últimas semanas sí tuvo algún rol más ofensivo Suarez con temas estratégicos como la energía. Pero con una agenda poco inteligible.

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