Los apóstoles del peronismo, preocupados por el futuro de "Todos" en el oficialismo
El peronismo de la provincia de Buenos Aires, representado por el único poder territorial existente, el de los intendentes, está en un arduo proceso de reconfiguración y rearmado de estrategias consistentes en vecinalizar al máximo posible su llegada local, al permanecer afuera de cualquier toma de decisión adoptada por la dupla presidencial de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner y notando cierta distancia que aplica el gobernador Axel Kicillof.
Si bien esta semana el gobernador bonaerense inició una ronda personalizada con intendentes a los que recibe en su despacho, como la jefa comunal de Moreno, Mariel Fernández, u hoy con Jorge Paredi, de Mar Chiquita, entre otros, la realidad muestra que él poco o nada puede hacer para mediar entre los Fernández que están en la cima del poder. Aunque siempre laudaría, fuera la pelea que fuera, en favor de la vice.
Los nuevos intendentes, que asumieron en 2015, fundamentalmente, llegaron con otra lógica, más directa, vinculada con una ruptura con los alcaldes preexistentes, a quienes les ganaron en las internas. Sin embargo, no todos pueden permanecer indemnes de la coyuntura nacional, y cuanto más cerca se está de la General Paz, o más alejado de la Ruta 6, todo se complica para los representantes del Frente de Todos.
Por eso, no llamó la atención que fueran los tres intendentes y jefes políticos territoriales más experimentados quienes tomaran la posta para transmitirle a los dos Fernández, a Sergio Massa y a Kicillof la complejidad del momento político, la necesidad de encontrar puntos de encuentros y terminar la pelea fraticida a la que somete a todo el oficialismo sin ningún tipo de resultado favorable. Hasta ahora, estos "tres mosqueteros", no han tenido el resultado esperado, a pesar de haber dialogado con los referentes nombrados.
Alberto Descalzo, Julio Pereyra y Juan José Mussi tienen casi la misma edad y militan, desde que nacieron, en el peronismo de la provincia de Buenos Aires. Dos de ellos, Descalzo y Mussi, son intendentes de Ituzaingó y Berazategui, respectivamente, y no quieren que las próximas elecciones se transformen en el final de sus carreras políticas y, sobre todo, del peronismo en su conjunto.
Pereyra, en cambio, es el referente político de Florencio Varela. Actual diputado provincial, es uno de los encargados de aportar la mayor diferencia de votos en la sección en favor de cualquier fórmula que represente al peronismo, por más que, al igual que los otros dos miembros de esta nueva cofradía, nunca entró en el corazón de Cristina Fernández de Kirchner y mucho menos de La Cámpora.
Patricio Mussi, el hijo de Juan José, fue intendente en dos oportunidades y quien más cerca estuvo de abrazar las ideas que siempre impulsó el Instituto Patria. Supo escuchar y participar de alguna que otra reunión en lo que se llamó el Grupo Octubre, comandado por Julio De Vido. Todo terminó con la salida del entonces ministro de Infraestructura con la derrota de 2015.
También sufrieron, fundamentalmente Descalzo y Pereyra, la siempre complicada presencia del camporismo que no los siente como propios y trató, por todos los medios, de poner en duda sus conducciones. Fueron siempre uno de los poquísimos municipios en los que los intendentes tenían que soportar durísimas internas con candidatos propuestos por el partido de Martín Sabbatella, Nuevo Encuentro, en cada una de estas localidades. Los sabbatellistas eran las expresiones políticas de Máximo Kirchner en esos lugares.
Así y todo, estos representantes del pensamiento peronista que tiene sus raíces en la provincia de Buenos Aires, salieron de su zona de confort y se dispusieron a transmitir lo que muchos no pueden, por su escasa trayectoria, por importancia política o por timidez, por así describirlo.
La conclusión, luego de varios encuentros, fue cierta desazón por lo que consideran un cable roto y sin posible conexión entre las partes vitales del poder. Por este motivo es que quienes transiten cotiidianamente por la provincia de Buenos Aires, distingan nítidamente cuando cambian de localidad. Es que los colores distintivos de cada municipio resaltan en las zonas límites, y el rojo se transforma en verde, el verde en azul celeste, azul fuerte, o tiene la imagen de un tigre o un un arco multicolor que representa una flor multicolor.
Todos afianzan su marca, la propia, la local, la que le da su identidad y genera una rápida conexión con lo local. Tanto es así que se está viendo de qué manera pueden filtrar el logo local y hasta un color distintivo en la lista sábana que podría instrumentarse el año que viene en la elección provincial, en la que, efectivamente, la elección presidencial puede arrastrar las demás variantes de la lista.
La palabra peronismo, la sigla PJ y La Cámpora quedan para las paredes, paleros y casas partidarias. Todo lo demás es inundado por lo institucional, con ideas y proyectos que eran muy difícil de encontrar e instrumentar en los municipios, que debieron reconstruirse por la oleada de nuevos vecinos que no saben de historias locales.
"Efectivamente, hubo muchos nuevos habitantes que no tienen ningún contacto con el municipio, solo saben de nosotros cuando tienen que sacar el registro de conducir", coinciden la mayoría de los intendentes. Sin embargo, los que más preocupaciones tienen son los representantes del Frente de Todos que toman nota, además, de la desconexión que tienen los que tienen mayor responsabilidad.

