Suarez, Cornejo y el pacto político que se refrendó en la Vendimia
El dato puede pasar desapercibido, pero es clave para entender el funcionamiento político de la provincia. El gobernador Rodolfo Suarez habló en los festejos vendimiales del desafío de "construir un nuevo Estado". Y mencionó que llevan 6 años en ese camino. Claro, él ha transitado solo dos como gobernador. Suarez incluyó como una unidad, como una "era" al momento en que Alfredo Cornejo asumió en 2015. La mención a ese período es la refrenda de un pacto político que fue relanzado en la Vendimia, el pacto de un grupo que aspira a gobernar Mendoza por muchos años y que es producto de una estrategia que, incluso, lleva mucho más de 6 años.
Esa mención despeja dudas y alivia las tensiones entre Cornejo y Suarez. El Gobernador marca su estilo, pero no se rebela contra su mentor. Por eso deja señales discursivas y de gestión. Por eso no habla de seguridad, pero destaca la reforma judicial de Cornejo (quizá el tema con el que mayor rigor sigue el actual senador nacional) delante de todos como un gran logro. Por eso quizá Suarez obvió el saludo formal, pero no el recuerdo de que se recuperó la autoridad en Mendoza, según él, en referencia no tanto a su gobierno sino a ese equipo que desde 2015 "domó" cada espacio institucional de la provincia: desde el Gobierno y la Corte, hasta los colegios profesionales. Ese modelo es el que mostraron los radicales a sus correligionarios durante todo el fin de semana, cuál turistas que recorren bodegas, un poco embriagados de su propio orgullo.
En una vendimia que tuvo una levedad que espanta, donde los dirigentes confundieron el discurso mágico y verosímil de la Fiesta de la Vendimia con la realidad, la refrenda del pacto fue uno de los datos clave. Son parte de un grupo al que le faltan ideas renovadoras; al que le sobran herederos y carece de rebeldías. Pacto por el poder al fin. Un grupo que conoce sus defectos y elige convivir con ellos en vez de cambiarlos: mesa chica de decisiones, ambición de poder y que mantiene un esquema antiguo que no respeta cupos de género, liderazgos alternativos ni quejas. Se discute todo, pero deciden pocos. Saben, por ejemplo, que dejan a las mujeres en un segundo plano, pero no se ruborizan. También que han formado pocos liderazgos reales y que hay segundas líneas que no generan sombra; pero tampoco importa.
También es una señal de que Suarez está alineado con el hecho de haber ratificado a Sergio Marinelli en Irrigación. Y lo será, seguramente, la forma de elegir a quien quede en el Ministerio Público de la Defensa y, en el mediano plazo, ocupen las vacantes que se abrirán en la Corte.
Incluso a esta altura no hay ideas revolucionarias en la interna del poder para cambiar el manejo de áreas sensibles por los recursos que manejan y la influencia que tienen de distintos actores. Se trata de áreas críticas como el Instituto de Juegos y Casinos, las obras públicas y el mecanismo de vinculación entre los negocios energéticos (en su más amplio concepto) con el Estado a través de EMESA, los fondos que administra el Ministerio de Economía y el enjambre de empresas asociadas y concesiones que cruzan al área. Parece haber una decisión de no cuestionarse, aún a costa de llegar a casos insólitos y que perjudican a la Provincia, como las demoras para definirse sobre el futuro de Portezuelo del Viento o, mejor dicho, los 1023 millones de dólares disponibles. Prefieren pecar de inoperantes, que tener que blanquear los problemas internos que hay por el manejo de los recursos.
Estilos y liberación
Suarez evita aún más las sobreactuaciones; quizá es más "Suarez" que al principio. Esquiva los roles políticos clásicos y delega la rosca (sin abandonarla y a su estilo). En cambio, acompaña los eventos político - sociales; donde se siente mucho más cómodo y trata de bajar el perfil de hechos de gobierno rimbombantes. En un momento en que hay poco para mostrar por el contexto económico negativo, aseguran que al Gobernador hay que "empujarlo" para que participe de alguna inauguración. "Considera que es demagógico cortar cintas", recuerdan.
La delegación de poder y la relajación de puntos de disputa con Cornejo genera algunas broncas internas también por esa sensación de unanimidad acrítica que hay en el radicalismo. Hay dirigentes, como Ernesto Sanz, que buscan generar tensión interna para disputar espacios. Es lo que pasó en San Rafael, por ejemplo.
En el equipo del Gobernador entienden que, liberado de algunas presiones (y de la pandemia), en lo que resta de la gestión tendrá el camino más libre para "ser"; para demostrar gestión propia. Saben, igual, que también exige un cambio de enfoque para pasar de las ideas a los hechos evitando el desgaste de tener que dar marcha atrás. Suarez descansa en su buena imagen. Pero corre el riesgo de tener el síndrome Cobos, mandatario con el que muchos hallan similitudes. Cuando ocupaba el cargo Cleto era el dirigente de mejor imagen en la provincia. Pero curiosamente muchas de las áreas de su gestión tenían mala reputación. La gente se quejaba por la seguridad, pero a Cobos lo querían. El actual gobernador corre con la enorme ventaja política de tener una oposición que aunque no le vote ninguna ley y lo acuse, le ayuda permanentemente desde lo político: cada grito de Lucas Ilardo endulza los oídos de Suarez. Cada torpeza de Alberto Fernández se transforma en tranquilidad para el gobernador. Siempre hablando de imagen, y no de gestión. A su estilo, le tocó ser el gobernador más opositor y que más sufre con ser oposición nacional. Cornejo fue "bravo" puertas adentro, pero dócil por necesidad con Macri. Hacia atrás fue aún peor.
Los herederos de una provincia marchita
Si Suarez y Cornejo mantienen su pacto, hacia abajo nadie intentará romper. Esa es la idea máxima. Pero para sostener la docilidad más que una orden fue efectiva la forma en la que se "criaron" quienes aspiran a sucederlos. Sin rebeldías y a modo de herederos, hay listas de dirigentes que esperan ser ungidos, antes que construir. Y allí está el problema. Como en una familia adinerada, esperan un adelanto del usufructo, antes que construir su propio imperio.
Es lo que les pasa en al menos tres departamentos donde no hay reelección de intendentes. En Godoy Cruz, el núcleo de poder de Cornejo, hay al menos cuatro precandidatos que pelean de manera solapada para ser elegidos y una dirigente que podría dar la sorpresa. Tadeo García Zalazar, que solo tiene como obstáculo para ser candidato a gobernador que Cornejo quiera retornar, puede tener un dolor de cabeza por la disputa áspera que hay por lo bajo por esa sucesión. En Las Heras Daniel Orozco es una especie de outsider difícil de manejar que supo construir su espacio y se animará, sin romper, a dar una pelea por más. Pero tiene el mismo problema de "herencia". Tanto, que hasta muchos ven con temor que pueda elegir como sucesor a su propio hijo, mucho más ligado a los negocios que a la política. Marcelino Iglesias es más frontal, pero también tiene el problema de los herederos, pues formó un equipo de sub 30 en su gestión que revolotea para "ser". En juego está nada menos que el principal caudal electoral de Cambia Mendoza, un sector político que tiene en el electorado "urbano de clase media" su principal capital.
Un escalón más arriba todo es más orgánico. Ulpiano Suarez y Tadeo García Zalazar tienen una competencia "sana" entre ellos y hay un pacto tácito para no enfrentarse: el que mida más, será candidato. Siempre que los dejen, pues a ese nivel tampoco hay rebeldías. Omar De Marchi será el elemento disruptivo y trabaja para volver a intentar ser candidato, esta vez con un plan para el que trabaja con equipos técnicos y con la idea de sumar por derecha a otros sectores políticos. Si de plan se trata, allí está probablemente la principal carencia de ese "equipo". A Cornejo le cuestionan modos, formas y hasta objetivos; pero incluso desde el PJ le reconocen que construyó poder y un modelo de gestión desde mucho antes de llegar a ser gobernador. Hoy hay mucha más pelea en el sastre y la modista para vestirse de candidato, que preparación para "saber serlo". Un exgobernador lo dijo: "Hay mucho más interés por ser, que por saber qué van a hacer".