Un fundador del Frente de Todos se cansó de esperar y va por su propio proyecto en el Congreso
Si hay alguien gestual dentro del Frente de Todos es Sergio Tomás Massa. Su rostro es mucho más transparente que sus palabras y posturas. La incomodidad la lleva directa a su mirada, muecas. Si pudiera haberse ido como hizo Elisa Carrió cuando rompió con Fernando "Pino" Solanas, lo hubiera hecho ayer cuando el presidente pedía ir a terapia masiva. Se lo ve cansado y cauto, como jamás lo había estado.
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Por eso no sorprendió que hoy haya hecho público su pedido de diseñar una guía política que determinen cinco puntos básicos y coincidentes en todos los espacios políticos. Sabe que no será sencillo. A pesar que los conoce y los entiende, no comparte las ganas de jugar con fuego que tienen algunos de sus aliados como Máximo Kirchner.
A pesar de lo inclusivo que fue su propuesta, de conformar un Pacto de la Moncloa autóctona, no todos la ven viable. Es más. La consideran casi imposible.
"No pudimos armar las comisiones de trabajo siquiera. No se ponen de acuerdo entre los oficialistas cómo armar los instrumentos básicos de la Cámara de Diputados. La política está concentrada en la pelea entre el presidente y la vice y eso inmoviliza al resto", le dijo uno de los actores más importantes de los legisladores más dialoguistas, Alejandro "Topo" Rodríguez, del bloque Consenso Federal.
Algo similar, pero haciéndose cargo de los desencuentros que tiene su propio espacio, legisladores de Juntos exponen que las intransigencia de algunos de los propios también puede dejar en vía muerta empezar a discutir esto. En un claro ejemplo del huevo o la gallina, piden que el otro ceda en lo que sabe que no va a ceder.
Sabedor de una situación "más que compleja", el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación empieza a caminar, en una vereda llena de obstáculos propios y ajenos, nuevamente por una nueva vía, esa que volvió a dejar abierta la votación en favor del acuerdo con el FMI, que dejó al margen los sectores más extremistas de la política doméstica.
La necesidad de mantener unido el frente es un elemento que también conspira contra cualquier intento de relanzamiento oficial del gobierno del Frente de Todos. Como no se pueden pelear y romper, no solo por la plata, sino por lo que Gabriel Katopodis dijo ("No podemos dejarle el poder de vuelta a Macri"), las opiniones y posturas terminan siendo un acting dramático ante una sociedad que todos los días se siente peor.
La guerra contra la inflación no funcionó y el pedido para que los "diablos" frenen la remarcación mucho menos. Como corolario, el presidente Alberto Fernández pidió hacer terapia de grupo a su espacio. Huelgan las palabras.
"Realmente tenemos que ordenar el debate interno", se sinceran los pocos que pueden conectar los mundos del nonato albertismo, Massa y el kirchnerismo camporista. Pero hay límites, preconceptos y prejuicios que no se pueden superar.
Hace tiempo, Daniel Arroyo, nuevamente diputado nacional, se sinceró que prefirió volver al trabajo legislativo tras su paso por el Ministerio de Desarrollo Social porque "inevitablemente van a ser imprescindibles los acuerdos políticos para elaborar leyes que empiecen a transformar el país".
En ese debate está la búsqueda de un nuevo mecanismo que genere empleo, nuevas formas de relación patronal, fomento a la producción y el empalme de los planes sociales al trabajo formal. Sobre estos aspectos, ya se conoce, las barreras, en algunos casos, se transforman en muros infranqueables.


