Los temas tabú de los '70 y los crímenes que precedieron al golpe
La tragedia espantosa de la década del 70' no comenzó mágicamente el 24 de marzo de 1976 con un golpe de Estado absolutamente condenable. Los crímenes y los mariscales de la muerte ya dominaban el escenario con anterioridad y en todo caso tuvieron su génesís más precisa a partir del 25 de mayo de 1973 cuando regresó la democracia y los asesinatos políticos se incrementaron. Mucho se habló y se escribió sobre el horrendo crimen de José Ignacio Rucci pero poco y nada se recuerda como y por que los Montoneros asesinaron al dirigente radical y ex ministro del Interior, Arturo Mor Roig.
Una muerte que apuntó también a tirarle ese cadáver a Juan Domingo Perón y a Ricardo Balbín para advertirles que se debía tener en cuenta a esa organización armada en futuras negociaciones políticas. Según dirigentes radicales que armaron un encuentro entre su jefe y el líder de Montoneros, Mario Firmenich, a este no le tembló el pulso a la hora justificar que el hacía política con asesinatos. Balbín se retiró indignado y comprendí que lo peor estaba por venir.
También se omite o se habla muy poco respecto a las siniestras relaciones políticas que surgieron en el centro clandestino ilegal que funcionaba en la Escuela de Mecánica de la Armada entre torturadores y montoneros "quebrados". En medio de la muerte y la locura todo parecía posible en ese infierno pero hubo vínculos que fueron más allá de la necesidad de evitar la muerte y varios combatientes continuaron colaborando con el proyecto político del siniestro almirante Emilio Massera.
Quizás, uno de los casos más emblemáticos haya sido el vinculo de amistad de un oficial de marina cumpliendo actualmente cadena perpetua, y uno de los responsables de las finanzas de Montoneros, ese entonces detenido en la ESMA. Ambos salían juntos de ese establecimiento para ir al Estadio Monumental a ver los partidos de su querido River Plate: previamente solían almorzar en la casa de su carcelero.
El montonero en cuestión tenía salidas transitorias y el oficial lo acompañó a Ezeiza a despedirlo cuando lo autorizaron a viajar a Europa ¿Tanta generosidad habrá tenido que ver con el dinero del secuestro de los hermanos Born? Había dos botines que Massera y el general Ramon Camps seguían con obsesión. Los millones del secuestro más impactante de la historia de Montoneros y el dinero que manejaba David Graiver del botín de esa organización terrorista.
Otra muerte olvidada y poco comentada fue la "desaparición" de la diplomática Elena Holmberg en diciembre de 1978. Destinada en París, Holmberg se fue enterando de las negociaciones espurias que impulsaba Massera a través del Centro Piloto con la cúpula de Montoneros. Por eso se transformó en una testigo molesta porque era la mejor prueba de la "teoría de los dos demonios": sabía que el siniestro almirante pactó con Firmenich, Roberto Perdía y Fernando Vaca Narvaja un delirante proyecto político con el financiamiento del dinero de secuestro de los Born.
Y los comandantes de esa organización hasta le anticiparon a Massera que se venía la sangrienta contraofensiva que llevó a una muerte segura a miles de combatientes. El asesinato de la diplomática, a cargo del Tigre Acosta, tranquilizo al jefe de la Armada y a sus socios en el exilio. Así se explica porque no se habla del crimen de Holmberg. Es una historia incómoda para muchos.
Quizás toda esta historia macabra haya comenzado con el confuso secuestro del general Pedro Eugenio Aramburu en junio de 1970. El líder de la Revolución Libertadora se había transformado en esos años en un referente opositor a la dictadura del general Juan Carlos Onganía. Tal es así que estaba a punto de mantener un encuentro con Juan Domingo Perón en el exilio. Aramburu, representante del ala liberal del Ejército, amenazaba con alterar el proyecto hegemónico del Onganiato.
Por eso se habla muy poco de los vínculos de la incipiente organización Montoneros aún emparentados con el integrismo católico de Tacuara y los funcionarios del Ministerio del Interior a cargo del general Francisco Imaz. Las figuras clave eran Roberto Roth, subsecretario del área, y Diego Muñiz Barreto relacionados con Firmenich. El rol del empresario Antonio Romano, amigo de Imaz asesinado por un montonero y sindicado como el encargado de contratar "los servicios" de esos jóvenes de la Acción Católica para secuestrar a Aramburu y entregarlo a personal de inteligencia de Ejército detrás de la Facultad de Derecho de la UBA. Una versión muy documentada y poco explorada de ese secuestro que genera alergia entre militares y ex montoneros.
Mientras algunos hacían negocios y jugaban a la política en la Argentina hubo una matanza que duró muchos años, se agudizó sin dudas en el descontrol político con internas de por medio durante el llamado Proceso de Reconstrucción Nacional. El anárquico Gobierno de Héctor J. Cámpora, la Triple A, el rol de Perón en su creación, el cinismo de la cúpula de Montoneros, el mesianismo de Roberto Santucho de querer armar un Vietnam en Tucumán y el instinto asesino y la soberbia de los Massera, los Camps y los Suárez Mason.
Y si algo faltaba para completar esta zaga siniestra y dramática con la llegada del kirchnerismo con el llamado “curro de los derechos humanos”. Cooptando a las ONG que representaban a sus familiares desaparecidos salvajemente. Ni que hablar de la documentación que presenta en su reciente libro “Mentiras tus muertos” el periodista José D’Angelo donde demuestra que hubo indemnizaciones truchas. Juan Bautista Yofre, Ceferino Reato y muchos valientes investigadores empiezan a poner a algunas cosas en su lugar luego de la utilización política y económica de los DDHH. Toda una larga historia deleznable y de tremendo mal gusto.


