Nace el albertismo duro y ya tiene a su principal apuntado en el kirchnerismo
Ya hay un ala dura del "albertismo". Esos "halcones" del Ejecutivo plantean, por ahora en el aire pero con convicción, una estrategia de profundización de las diferencias con el kirchnerismo; obviamente para el caso que la situación entre los accionistas se complique aún más y llegue a los albores de la ruptura. Lo que se propone en ese caso tiene en la mira al representante político del bando crítico de mayor representatividad y responsabilidad de todo el país. Nada más ni nada menos que el gobernador de la provincia de Buenos Aires Axel Kicillof; al que quieren aplicarle una política de frialdad fiscal hacia delante, al menos hasta que confirme de qué lado de la grita oficialista se encuentra.
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La mirada sobre Kicillof y su gestión está orientada específicamente a cuestiones económicas y administrativas, sin mención de cuestiones políticas internas; y sin alterar un sólo punto los compromisos ya firmados y acordados con la gestión bonaerense. Pero sin un punto más de coparticipación comprometida o ya acordada. Y que cualquier intento de mejora relativa en el valor agregado del gasto público en la provincia, fundamentalmente en el conurbano profundo y kirchnerista; sea financiado con los propios fondos que pueda recaudar el gobernador. En definitiva, lo que este costado del "albertismo halcón" lo que pide es frialdad fiscal en la relación entra la Nación y la Provincia, y forzar a un dialogo directo de pedido de parlamentarismo para establecer algún tipo de convivencia política pacífica hasta que termine la actual gestión de Alberto Fernández.
Se aclara que la aplicación concreta de esta ley del hielo fiscal sobre la coparticipación nacería y crecería sólo en el caso que desde el "otro bando" (el kirchnerista puro y duro) se profundice la grieta, aumenten las cartas y termine cualquier atisbo de apoyo y dialogo entre las partes. Sería entonces aplicable sólo en el caso de ruptura final. O semifinal. Pero, afirman en este sector cercano al Presidente, el golpe más duro posible al principal referente del kirchnerismo que debe gobernar; lejos de la cierta "comodidad" (siempre en términos albertistas) de la actividad legislativa, siempre por lógica y definición más cómoda para la crítica extrema contra el Presidente. "Si nos atacan desde el Senado o Diputados, contestamos enfriando la relación fiscal con Buenos Aires", es la máxima de hipótesis de conflicto que se examina en el albertismo.
Nada nuevo dentro del oficialismo, afirman en el Ejecutivo. Sería replicar la relación entre la Nación y la provincia que en su momento aplicó Néstor Kirchner sobre Daniel Scioli, en diferentes períodos de tiempo durante la gestión en que el exmotonauta quería levantar la cabeza política; y desde la Casa Rosada se elaboraba un mecanismo de relojería fiscal para que sufra en el nivel de administración de sus gastos. Hasta que el gobernador se ubicara dentro del mosaico kirchnerista y hocicara. Uno de esos momentos fue en 2009 cuando el gobernador comenzaba a despuntar su intención de vuelo político a nivel Nacional, con la amenaza de algún armado por fuera de la decisión del ya expresidente. Sólo con un par de reportajes que Scioli hizo en medios no alineados donde deslizó sus planes electorales con ciertos aires independentistas, provocó que Kirchner le aplique una especie de Doble Nelson fiscal. Por un lado le retrasó en 48 horas el giro de los dineros necesarios para poder pagar en tiempo y forma los salarios de la administración y la seguridad provincial. Por el otro le congeló durante dos meses cualquier atisbo de incremento de dinero de transmisión para obras públicas o similar.
Todo terminó cuando a punto de una revuelta de empleados públicos y policías bonaerenses, llevaron a la firma de una paz virtual, donde se retomaron los giros de efectivo hacia la provincia. Pero Scioli debió aplicar un tributo para que se aceptara su rendición fiscal incondicional: debió hacer aprobar en la legislatura bonaerense, un fuerte y políticamente incómodo incremento en la presión impositiva para los campos de toda la provincia; con lo que se rompió cualquier posibilidad de alianza entre el incipiente candidato y el agro. Un año antes había acontecido la "Guerra contra el Campo" y la posición de Scioli, a ojos del kirchnerismo, no había sido todo lo dura que Néstor Kirchner esperaba. Esto además de las desconfianzas eternas que el entonces gobernador bonaerense despertaba en el núcleo duro de la Casa Rosada.
Para muchos albertistas con cada vez más influencia, llegó el tiempo de replicar actitudes.


