Los límites que le pone el Frente de Todos a los que intentan cambiar
"La verdad que Sergio (Massa) está en su mejor momento. Está sereno, no se marea por la centralidad que le dejó la semana pasada y no quiere pecar por lo que pasó hace cinco años, cuando él mismo reconoce que se 'mareó'", le confesó a MDZ un importante funcionario nacional con el cual tuvo más de una discusión en el pasado y recientemente.
Lo mismo había reconocido durante la semana previa a la ruptura del Frente de Todos en la Cámara de Diputados un legislador opositor con el cual dialoga mucho, desde siempre. Todos le reconocen que es el que mejor interpreta lo que está pasando y la ruta que se debe seguir. Pero, el propio Massa sabe que no tiene demasiada cancha para "volar" y que la mayoría de las cuestiones que discute para salvar al Frente de Todos las debe hacer "bajo el radar" de la discusión pública.
En el día de hoy apareció con una postura casi presidencial en un extenso reportaje que le brindó a "la corpo" de Clarín. Allí, con fotos cuidadas, siempre serio, reconoce los problemas que atraviesa la coalición gobernante, dice abiertamente que no participará en nada para que "se reconcilien" la vicepresidenta con el presidente y confió en conseguir un oxímoron aceptando las posturas de máxima de Máximo Kirchner y su madre y, a la par, sacando del Congreso cinco coincidencias básicas que permitan a la Argentina alguna previsibilidad futura.
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Cuando el año pasado aparecieron las primeras y fuertes luces de alerta, inclusive previas a la derrota de las PASO de septiembre, quienes lo conocen lo veían tranquilo, casi percibiendo que se abría, para él, una nueva oportunidad para su futuro político. No preveía que fuera tan dramática la situación que se vendría después, con derrota implosiva incluida.
Si bien las encuestas y focus que realiza no lo ayudan, algunas posturas lo ponen como el "más confiable" dentro del oficialismo, que ya sabe que con Cristina Fernández de Kirchner sola no alcanza, sino que tampoco se puede. Y que Alberto Fernández es la única opción, tan desgastada como lo estaba Mauricio Macri en 2019.
Sin embargo, hay una gran diferencia numérica positiva entre la aceptación que recibe, siempre bajos con respecto a otros dirigentes políticos, inclusive a la vicepresidenta, entre aquellos que se consideran "interesados" en la política y en el público autodefinido independiente, donde todavía no terminó de subsanar el pase de factura que le imponen por su alianza con La Cámpora.
En este mar de confusión que es el oficialismo, y su posible "explosión", también hay referentes de la oposición que lo ponen como parte del futuro antes que del pasado. Es la de aquellos que consideran que Juntos por el Cambio y el Frente de Todos son como dos espejos, que si uno se rompe, el otro también.
"Muchas de las cosas que conseguimos, en el pasado y ahora se basaron en la relación personal. El conocimiento de años entre varios de los que hoy transitamos este Congreso ayuda para que más de una vez tengamos coincidencias básicas y elementales. Sucedió con el acuerdo con el FMI, pero también con otras cosas", se sincera el propio presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, que se enoja pero después vuelve a sentarse con aquellos que discutió acaloradamente hacía poco tiempo.
No lo dice, pero él y la mayoría de los referentes de la oposición admiten que si no fuera por el exabrupto del hijo de los dos presidentes cuando concluía el debate, no sólo el Gobierno nacional hubiera conseguido aprobar su presupuesto para 2022, sino que Juntos por el Cambio hubiera quedado expuesto a una fractura en la votación que le hubiera generado un terremoto interno.
Esto no sucedió por la "irracionalidad" del inflamado discurso de Máximo Kirchner, que también le provocó malhumor a Massa. Sin embargo, siempre le reconoce a su aliado presidencial su "coherencia" aunque la misma termine transformándose en intransigencia. "Él te avisa, te explica y listo. Si vos crees que podes hacerlo cambiar de opinión, es un error tuyo", aceptan la mayoría de los que lo trataron, inclusive los opositores más avezados.
En este año que tiene por delante, Massa no sólo deberá tener una postura firme sobre lo que hay que hacer en Economía, lo cual le resulta fácil por la desconfianza que le tiene al equipo económico del presidente Fernández, con Martín Guzmán a la cabeza, Por suerte para él, su mensaje ya está permeando en parte del nonato albertismo.
Sin embargo, sabe que meterse en temas que lo tuvieron como protagonista en el pasado, y que le permitieron ser un faro para buena parte de la opinión pública y el electorado, no son fáciles de discutir a pesar que son tan o más graves que las impericias económicas.
En Seguridad, por ejemplo, donde desde que era intendente de Tigre proyectó su campaña nacional en 2013, hoy debería discutir con dos personas que no tienen límites a la hora de tirar por debajo de la línea de flotación. Aunque estén peleados, Sergio Berni, el ya "independiente" ministro bonaerense, y Aníbal Fernández, el responsable en materia nacional, son dos filosos y reconocidos enemigos políticos, aunque personales, del creador del Frente Renovador.
A pesar que pueda ingresar en esta puja, sabe que en otro ámbito tiene una pared infranqueable. Es en el tema de la Justicia, sobre la que también hizo huella cuando estaba afuera del actual esquema oficialista. Allí, Cristina Fernández de Kirchner en persona le podría llegar a decir que, a pesar de la confianza que le tiene su hijo, con eso no se debería meter.