El duro momento de Cristina Kirchner y la mugre que ya no cabe debajo de la alfombra
"La verdad, no sé para qué fui a verla. La bronca que tiene Cristina... casi que no pude hablar", le expresa, a quien quiera escucharlo, un importante intendente de la Tercera Sección Electoral que se cruzó con la vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner en un encuentro programado con anterioridad.
Lo mismo repitió ante un par suyo en una de las habituales reuniones de la Tercera Sección Electoral, en la que trabaja desde hace años. Y tal cual adelantó MDZ, dos funcionarios compartieron la misma sensación. "No sé cómo terminamos", aceptan los negociadores de los espacios hoy más distanciados del Frente de Todos.
Máximo Kirchner ya había anticipado lo tortuoso que puede ser el futuro del presidente de la Nación, Alberto Fernández, a varios de sus interlocutores. Inclusive ya hizo la listita de los que "se pusieron a reclamar por los medios y ordenaron que todos teníamos que votar por el acuerdo con el FMI como lo pedía Alberto".
En todas las reuniones de comisión que se produjeron la semana pasada, desde el nuevo tratamiento de la Ley de Humedales (un misil para el ahora albertista Juan Cabandié) y los plenarios que se realizaron para debatir el nuevo acuerdo con el FMI, siempre hubo espacio para la sorpresa y la tensión. Los seguidores del hijo de los dos presidentes no quisieron compartir el mismo espacio de los salones con sus antiguos compañeros de la bancada y las ironías y los gritos casi llevan a una situación mucho peor a lo que terminó pasando.
Mientras esto pasaba, Martín Guzmán, que estaba en Houston, Estados Unidos, recibía en su celular muchísimos mensajes casi insultantes y amenazantes para que "no regales más nada". Algunos amigos de la vida creyeron que renunciaría en ese mismo momento. Lo único que lo frenó es la decisión de Fernández que lo ratificaba constantemente.
Quizás una oxigenación en un gabinete cruzado por la desconfianza sea necesario. Casi imprescindible. Pero es tal el recelo, la desconfianza y la falta de un proyecto en común que nadie se anima a mover una ficha. Y el presidente tampoco quiere hacer lo que le piden los propios, de empezar a dejar algunos heridos en el camino y pedir renuncias lisas y llanas a todo funcionario o funcionaria que se autoperciba como kirchnerista cristinista.
"Eso es la ruptura total y el presi no quiere aparecer rompiendo el Frente. Pero así no se puede más. Algo hay que hacer", le dicen aunque nadie se anima a mover mucho más.
Lo peor es que ninguno puede intervenir en lo que fue la dupla presidencial ganadora de 2019. "Por mucho menos a Julio Cobos casi lo mandamos preso y sin comida", ironizó uno de los que ya no soporta más la "permanente presión de La Cámpora y Cristina Fernández de Kirchner. Para un amigo del hijo de los dos presidentes, al actual "lo van a desflecar".
Uno de los que más está transitando por la Casa Rosada en estos tiempos y tiene la obligación de traducir lo que está pasando para propios y extraños, aceptó esta mirada y dijo, resignado. "Lo peor es que cree que está ganando... una locura".
Quizás quien haya visto anticipadamente todo lo que iba a pasar es Sergio Berni, recluido en un silencio atronador para su figura. Mañana estará con Jaime Méndez y Joaquín De la Torre inaugurando el nuevo Centro de Monitoreo Municipal de San Miguel.
El ministro de Seguridad bonaerense fue el primero que puso en tela de juicio la capacidad transformadora y de gobierno de Alberto Fernández, a quien tildó de cuanto pudiera para descalificarlo. Eran momentos en los que se autopercibía kirchnerista y bajo la conducción de Cristina Fernández de Kirchner, pero esto también terminó.
El primer indicio se tuvo cuando decidió romper con Máximo Kirchner, a los gritos, en la agitada noche de la derrota electoral de septiembre pasado. Eso se profundizó hasta que, el mes pasado le dijo al país que ya no se sentía representado ni siquiera por su antigua jefa.
Cada vez con menos margen, ni siquiera ya nadie se anima a repetir lo que dijo el presidente del PJ de la Provincia de Buenos Aires en su encuentro de La Plata hace más de un mes con unos cuarenta consejeros partidarios, entre ellos varios intendentes en actividad y en uso de licencia.
En esa reunión, donde no hubo quorum para pronunciarse en favor del entendimiento con el FMI pedido por Juan Zabaleta, el joven Kirchner dijo que "cada uno debe seguir expresando su pensamiento con libertad así no perdemos a los que piensan como yo, como Sergio (Massa) o como otros de este espacio". Todo pasa muy rápido en la política argentina y lo que al kirchnerismo original le llevó diez años, de 2003 al 2013, ahora se está produciendo en dos.