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La oposición "tiembla" por las indefiniciones del Frente de Todos

Las mesas no alcanzan y las fotos no toman las indisimulables diferencias que cohabitan en el principal frente opositor, que sabe que debe reconfigurarse con decisiones más disruptivas mientras que en su seno conviven más de media docenas de candidatos presidenciales.
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“Hay dos Gobiernos, claramente, pero no sabemos cuántas oposiciones”, reflexionó uno de los integrantes que más voz tiene en el frente opositor, preocupado por “el manoseo que estamos haciendo, la danza de candidatos y la patética demostración de impotencia frente a un oficialismo que, si no fuera porque son peronistas, ya no estarían en el poder”.

A pesar de haber regresado hace poco de una semana de descanso, parece que en lugar de haber recargado las pilas la distancia le sirvió para ver “con más claridad todo el panorama”.

En esta guerra entre espejos que vienen representando el Frente de Todos y Juntos por el Cambio, la desconfianza, la sospecha y las diferencias les ganan a los matices, los proyectos y el acuerdo. Sólo la unidad del oficialismo impide que la oposición salte por el aire.

Es que no hay mesa que alcance para tantos comensales. Horacio Rodríguez Larreta, Gerardo Morales, Patricia Bullrich, María Eugenia Vidal y Facundo Manes quieren ser presidentes. A ellos hay que incorporar a los posibles vices, que pueden ser de ese mismo grupo o una incorporación fulgurante como Juan Schiaretti, que provocaría, en caso de encaminar los ofrecimientos recibidos, un terremoto no sólo en Córdoba sino en todo el país.

¿Y Mauricio Macri?... Todos creen que sigue insistiendo con su candidatura presidencial in pectore hasta que llegue a un acuerdo con Rodríguez Larreta. Bullrich sabe que no es su candidata pero que su presencia lo fortalece a la hora de una negociación definitiva. Pero un muy amigo suyo hoy insistió que "si nadie le gana en las encuestas, va a querer ser". Hasta en eso se parecen con el frentetodismo, que no sabe cómo hacer para que Cristina Fernández de Kirchner se jubile. 

¿Y Martín Lousteau?... Mientras ojea todo el panorama, cada vez piensa más en ser el sucesor del alcalde porteño, quien en los últimos tiempos le delegó varios resortes más del estado autónomo. 

Esta descomposición también se visualiza en la provincia de Buenos Aires. Martín Tetaz, recientemente electo por la Ciudad de Buenos Aires, volvió a insinuar que su lugar de origen es La Plata, para dejar bien en claro que tiene intención de trabajar políticamente en la provincia, donde los radicales no tienen un candidato a gobernador instalado. Joaquín de la Torre es el más cercano, pero es peronista, algo que los correligionarios no terminan de digerir por más que haya sido el que más fuerte apostó por Manes.

Maxi Abad, el presidente partidario provincial, ya dejó trascender que salvo que represente a la unidad de todos los espacios, con él no cuenten. No es que no quiera correr el riesgo. Sino que sospecha que, en la actualidad del espacio opositor, su figura es propuesta para “sacarlo de una lista legislativa nacional u otro cargo”.

Diego Santilli ganó las pasadas elecciones ante la sorpresa de propios y extraños y aún sigue siendo discutido. Esto se produce porque cada movimiento encarado desde las cercanías de Rodríguez Larreta parece más táctico que estratégico.

Los intendentes que hace cinco meses se oponían a su llegada, pero luego aceptaron y se apoderaron de su armado territorial, ahora volvieron a alejarse. Julio Garro, Diego Valenzuela y Néstor Grindetti ya no ocultan sus intenciones de ser los competidores de Axel Kicillof o quien proponga el peronismo.

Jorge Macri, activo pero prudente en su nuevo cargo de ministro de Gobierno porteño fue el heredero de una estrategia a la que se opuso pero que, visto los resultados conseguidos, adoptó. El “de lado a lado” es su jugada en la que deja pensar que puede ser candidato en la Ciudad o en la provincia, donde preside el PRO y fue recientemente ratificado.

Ante esto, Cristian Ritondo recibe la tropa dejada por Vidal en la provincia y quiere ser su referencia. Para eso debe distanciarse de su amigo Santilli y explicar su jugada a casi todos los intendentes.

En un caos desorganizado, porque ninguno coordina con nadie los pasos a seguir, el derrape y la ruptura está a la orden del día. Como supo explicar Emilio Monzó, “antes Macri era el ordenador y el que los hacía subir a todos en la escalara del poder”.

El problema radica cuando no todos creen en ese método y empiezan a usar arneses, sogas o ascensores. La velocidad o la intrepidez pueden terminar en un accidente.

En un off realizado semanas atrás, un periodista le preguntó a su interlocutor bonaerense, qué pasaba si el ordenamiento llegase con una propuesta de Bullrich a la provincia. La respuesta fue de sorpresa y silencio.