Axel Kicillof, interpelado por los propios, mira entusiasmado al nonato albertismo
El gobernador Axel Kicillof recibió ayer en la Casa de Gobierno provincial a los legisladores del Frente de Todos para comentarles los temas sobre los cuales hablará la semana próxima cuando se inicie el nuevo período de sesiones legislativas, donde como es norma y costumbre, el jefe de Estado bonaerense expondrá sobre lo que piensa hacer y repasa lo que hizo.
Los diputados y senadores, por su parte, lo estaban esperando. Es que durante estos dos años que lleva al frente del Ejecutivo provincial no había tenido más que un par de reuniones mucho más cerradas con las autoridades legislativas del Frente de Todos.
Entonces, no fue casualidad que algunos tuvieran palabras que parecían más a reproches que a consejos. Se los hubieran querido dar al principio mismo de la gestión, pero no pudieron. Las distancias que existían entre la política tradicional y la nueva estructura armada por Kicillof eran mucho más amplias que la Plaza San Martín que separa ambos palacios.
Las razones de semejante distancia no son porque la plaza está siempre ocupada por manifestaciones y algo desprolija. Se sienten desinformados y los canales utilizados para conformarlos no siempre son los adecuados o los más empáticos.
“Más de una vez tuvimos que apoyar proyectos que nunca nos explicaron, señor gobernador”, le dijeron los más experimentados, acostumbrados a los viejos códigos bonaerenses, muchos más horizontales y de permanente conexión.
Si bien eso se rompió con María Eugenia Vidal, que amplificó las distancia que siempre ponía Daniel Scioli con la política tradicional, en aquel momento había muchos funcionarios que suplían esta incomodidad del entonces gobernador a “hablar de política”.
La complejidad se ahondó porque Carlos Bianco, el jefe de Gabinete inicial, no respondía a los parámetros previstos y su hostilidad no solo era para la oposición y Mauricio Macri. También muchos de los propios tenían que soportar el hielo que imponía. Esa distancia se acortó sustancialmente con la llegada de Martín Insaurralde en su reemplazo, pero el gobernador desconfía que lo haga sólo para su beneficio personal y no de su gestión.
Todos los senadores y diputados consultados dijeron que no se habló “nada de los temas que sabemos que Kicillof quiere que tratemos, como el de Fede Thea”. Federico es el actual secretario general que el gobernador quiere colocar como presidente del Tribunal de Cuentas y es muy poco probable que tenga el acompañamiento opositor y oficialista.
“Solo habló del 6 x 6”, dijeron en su entorno. Y fue así. Nada de política o distensión sobre los temas que suelen hablar la dirigencia política. “La verdad que no aprovechó la oportunidad de tenernos a todos juntos para bajar una línea”, se lamentó alguien que lo aprecia pero, muchas veces, no o entiende.
El 6 X 6 es una serie de anuncios que pretenden “reformular sustancialmente la gestión provincial, con obras estructurales y trascendentes, que no hicieron los cuatro años de Vidal y los dos que nos demandó la pandemia”, dicen cerca de la comunicación oficial.
Por ahora, KIcillof ha visto que tiene el mismo inconveniente que soporta el presidente Alberto Fernández. Su tediosa relación con La Cámpora y fundamentalmente con Máximo Kirchner. Por eso no llamó la atención que ambos se juntaran en la gobernación antes que el primer mandatario participase, en La Plata, del lanzamiento de una agrupación universitaria que competirá contra el camporismo estudiantil en la UNLAP.

