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Sus problemas la desbordan y al Gobierno también

Sin el poder social de otros tiempos y con narrativa equívoca, Cristina busca una salida adelante anunciando que no será candidata.
Foto: EFE
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Tras una condena en un juicio histórico, una Cristina Fernández de Kirchner desequilibrada, sin el poder social de otros tiempos y con narrativa equívoca, busca una salida adelante anunciando que no será candidata. Una nueva provocación al operativo clamor que viene buscando con éxito muy parcial desde hace algunos meses.

Esta nueva jugada política ya no cuenta con la astucia ni la eficacia del pasado, y anticipa una decisión política trascendental con demasiada antelación. No es solo desesperación, es búsqueda de un lugar. Pretensión de encontrar un espacio en una sociedad que siente la necesidad de dar vuelta la página de la historia reciente, más que de ilusionarse con una esperanza conocida.

Sus problemas, además de la anomalía en la arquitectura del gobierno que ella ungió, son los hechos y las pruebas. La evidencia contrasta con cualquier defensa anclada en escuchas ilegales realizada por inteligencia paraestatal y con, probablemente, su hombre de mayor confianza en esos asuntos, César Milani, como protagonista.

Escuchas que, por otra parte, nada demuestran respecto a su situación personal. Evidencian torpezas, posible comisión de delitos y revelan el funcionamiento de un sistema de poder que igualmente nada dicen de su administración fraudulenta con la cual Lázaro Báez acumuló un imperio en bienes y ella una fortuna personal y familiar de millones de dólares bajo el ejercicio de la función pública.

A partir de ahora, la condenada a 6 años de prisión e inhibición perpetua para ejercer cargos públicos, buscará en las apelaciones a las instancias superiores y con nuevas diatribas a los jueces, encontrar en el papel de víctima una complacencia social que hoy no ostenta.

Algo de eso sucedió anoche cuando Cristina dijo que por la Constitución Nacional reformada en 1994, son los Jefes de Gabinete los que tienen la responsabilidad sobre el gasto público presupuestado. Allí una vez más y con doble sentido, repitió que ninguno de los que estuvieron en ese cargo fueron condenados. Recordó que sólo fueron llamados en carácter de testigos, no imputados. No es una apreciación al pasar.

Habla de los nexos que ella imagina tuvieron y aún tienen Alberto Fernández, Sergio Massa, Jorge Capitanich, Juan Manuel Abal Medina (recientemente sumado al gobierno) y Aníbal Fernández.

La situación política, económica y social del país hablan de una realidad muy diferente a la que está en la mente de Cristina. La frustración y desesperanza general, ni siquiera el enojo, por el que transita la mayoría social dista mucho del clima que imaginó la vicepresidente en ese retorno triunfal de diciembre del 2019.

El clima de época está limitando el margen de maniobra oficial y los movimientos de la propia Cristina. Sus problemas son suyos, no los de todos. Ni siquiera para el Gobierno, que transita semanas difíciles en medio de la distracción mundialista por la escasez de dólares, la escalada de precios y las deudas del mercado en pesos para refinanciar la deuda pública nacional.