La UCR gana pero los mendocinos sienten que viven peor y le cuesta perforar su techo
Las pretensiones del Gobierno tienen una humildad significativa y mutaron. Ni bien asumió, Rodolfo Suarez quiso cambiar la ley 7722, que restringe la minería, sin tener en cuenta que hasta la Suprema Corte había tenido una “fina cautela” para hablar del tema durante 10 años por temor a las reacciones. Pretendía un plan para cambiar la matriz productiva con la minería y ahora, 3 años después, se conforma -para sumarse un éxito- con impulsar proyectos mineros menores que, incluso, tienen serias dificultades para conseguir inversión privada.
El mismo año se presentó una propuesta para tener una nueva ley de educación. Pero ahora, en 2022, se conforman con aprobar la ley de alfabetización, guardando en el archivo cualquier intento de “revolución” educativa. Hasta las obras de infraestructura se achicaron en las proyecciones: el dique “más grande de la historia”, quedó archivado por torpezas propias y objeciones ajenas. El radicalismo se retroalimenta con un conformismo que tiene un efecto placebo.
El propio líder de ese sector, Alfredo Cornejo, lo explicitó ayer. El senador nacional y precandidato a gobernador cuestionó a los “analistas” que exigen institucionalidad o mejor calidad de vida. Con la complicidad habitual de un público amigo invitó “con todo pago” a recorrer Formosa, el norte argentino, otros lugares que, se supone, tienen una calidad de vida mucho peor. La invitación es a bajar la vara de exigencia, a comparar Mendoza, una provincia que supo tener un sector privado innovador y pujante, con otros distritos mucho menos favorecidos por cuestiones productivas, políticas, ambientales y sociales.
Conformismo
Cambia Mendoza pasó del hiperrealismo depresivo para ganar en 2015, al conformismo autorreferencial para mantener el poder; ya no por un período más, sino por varias décadas y si es posible con mayorías especiales en la Legislatura y cuanto espacio de poder haya. Ayer hubo aplausos, risas y euforia en el Congreso Radical, un partido que redujo al rol de bufón político a cualquiera que presente alguna disidencia, como Fernando Armagnague, un dirigente con larga trayectoria que era la única voz disidente y que el resto toma con un irónico humor. Lo hacen, aún cuando pueda tener razón. En el radicalismo están guionados los roles también. Cornejo tiene una gran capacidad de análisis de la realidad política y ayer también reflejó una realidad: Mendoza y hasta la UCR necesita que el peronismo despierte, se muestre como alternativa de poder y discuta con un potencial distinto. En la comodidad con la que transita Cambia Mendoza tiene mucho que ver la falta de competencia.
Algunos de los ejemplos usados para ganar aplausos y vender el “Modo Mendoza” (eslogan con el que gestionarán la campaña, entre los propios) son reales.
Mientras en medio país el transporte y la salud están parados, en Mendoza funcionan. Aunque en la Ciudad de Buenos Aires no se puede dar un paso sin un piquete, acá, el tránsito fluye. Como los gobiernos de Paco Pérez y Celso Jaque (que siempre fueron la base de cualquier campaña) ya quedan muy lejos en el tiempo, las comparaciones para verse mejor son extra límites provinciales.
Cornejo y Suarez, que estaban sentados en filas distintas, no van a blanquear en público las diferencias que tienen. El Gobernador expresó algo que es real y que el proyecto político que lo tiene como protagonista busca revertir: en la provincia muchos grupos y factores de poder han tenido más influencia que los gobernadores y las autoridades electas. Los 4 años de duración del mandato parecen abonar esa impronta. Concesiones, obras, lobbies, presiones. Como se ha dicho, gobernar es muchas veces administrar tensiones y ponderar el bien común por sobre los intereses particulares. Justamente a Suarez le tocó y le tocará decidir con esos elementos en la mesa: la deuda con Edemsa, las concesiones por 50 años en espacios públicos, el uso de los 1023 millones de dólares por el resarcimiento por la promoción industrial, las obras "fundadoras" del sistema de agua y varios etcéteras más.

Pero no hay tanta distancia con algunas realidades. En Mendoza, por ejemplo, el empleo y la calidad de vida se han deteriorado de tal manera que a la mayoría de los adultos no les alcanza ni con dos trabajos para sostenerse. Los datos de la encuestas permanente de hogares no marcan que los mendocinos son más “guapos” para trabajar, sino que necesitan más trabajo para poder vivir; una tendencia nacional que crece. Es la misma provincia que no ha logrado crear empleo de calidad en la actividad privada, ni inversores para sus proyectos en más de una década y que ha visto derrumbarse algunos de los íconos productivos, como IMPSA. Cartellone y las firmas siguen. 
Una encuesta realizada por la consultora Poliarquía revela algunos datos particulares. Los mendocinos sienten que la provincia está peor que hace un año e incluso peor que hace 10. Una década atrás gobernaba el peronismo, en una de las gestiones que peor recuerdo dejaron. También los mismos consultados mantienen a Cambia Mendoza como principal opción política. Es decir, sienten que la Provincia está peor, pero mejor gobernada. O, ya en el marco de la especulación, que no hay mejores opciones electorales, pues en el mismo sondeo la mayoría se vuelca a favor de una opción que no existe y difícilmente se construya: un partido “nuevo” que no sea ni el peronismo, ni la UCR. La encuesta ponderó a Omar De Marchi y lo puso en competencia con todos, en particular con el propio Cornejo.
Justamente el líder del Pro es la única amenaza interna, pues los radicales ya decidieron que habrá candidato único por su partido. Eso quiere decir que el resto (desde Orozco a Petri; pasando por García Zalazar y Marcolini) tendrán que estacionar sus ambiciones en algún otro cargo (que es quizá por lo que realmente pelean). Cornejo se ocupó de De Marchi en su discurso y sugirió que fue desleal al plantear públicamente diferencias con un proyecto estructural para ellos, como fue la reforma de la Corte. En eso el senador es sincero: parte del plan político que inició en 2015 tiene como temas intangibles las reformas en la Justicia, en Seguridad y la administración del Estado. Cornejo planteó un tema estructural para la provincia y la política: para qué usar el poder. "Se tiene que usar para transformar", aseguró con euforia. Lo hizo para tratar de contrastar su accionar con el de Anabel Fernández Sagasti, una de las dirigentes más influyentes del concierto político nacional.

La rara combinación entre creer que la provincia no está bien, pero apoyar a quienes gobiernan tampoco es tan contradictorio. En el medio juega la transferencia de mala imagen del Gobierno nacional, el contexto y los éxitos propios de la gestión. La duda electoral para el oficialismo es si tocó el techo; mucho más cuando el candidato será el mismo que el 2015; el fundador del espacio. Electoralmente hubo algún desgranamiento que quedó disimulado por la falta de alternativas electorales en 2021. La demanda electoral insatisfecha jugó a favor y por eso la comodidad en la Legislatura se amplió. Ahora van por más y quieren lograr dos tercios para no tener freno a ninguna iniciativa, sea la reforma de la Constitución o la toma de deuda. En ese plan será importante el consenso con la ciudadanía, pero quizá más la arquitectura electoral de Cambia Mendoza para sumar a "todos" adentro contra un fantasma que en Mendoza está muy lejos de corporizarse en el poder: el "kirchnsrismo populista".


