Presenta:

Cristina Fernández de Kirchner conoce su condena y teje el caos de un país delirante y sin líderes

La vicepresidenta recibe dirigentes en el Senado que la consultan por la posibilidad de salir a las calles. No habla con Alberto Fernández y se refugia en sus íntimos. El factor salud de Florencia Kirchner.
1275901.jpg

El Senado ya no es lo que era. Desde la llegada de Cristina Kirchner tras el intento de asesinato, el lugar está blindado, las reuniones son privadas, los protocolos de seguridad son totales y la fila de dirigentes que la consultan no termina nunca. Cristina Kirchner sabe que el martes recibirá un fallo en contra por corrupta y también sabe que tiene en la palma de su mano un buen porcentaje de la paz social reinante y que puede catalizar el caos con un discurso. Lo tiene escrito. No son días fáciles para quien debe intermediar con la mala salud de su hija que no mejora y la aventura política de su hijo Máximo, quien alterna entre lo errático y el supino desconocimiento. 

Roto el vínculo irreversible con el presidente Alberto Fernández y ya éste sin ganas de recomponer nada, la vicepresidenta escuchará el martes entonces el momento en el que de cara a la sociedad, la Justicia diga que es corrupta y perjudicó al Estado de forma premeditada; más allá de la pirotecnia verbal, en su fuero íntimo trabajó para estar preparada para semejante frase. Su tarea sigue siendo únicamente reforzar los dogmáticos y apostar a la fórmula mixta con un gobernador para tener alguna chance el año que viene en las PASO en las que deberá enfrentar a Alberto Fernández, le guste o no. El Tribunal Oral Federal 2 le dirá a la expresidenta que queda condenada por defraudación a una pena de hasta 6 años de prisión. También escuchará que será inhabilitada para ejercer cargos públicos de por vida, lo que será el nutriente del nuevo guion de Cristina y Lula, el mismo caso, aunque no se rocen ni de costado. 

El caso de Lula y los arreglos en un departamento austero nada tienen que ver con un caso como el de Cristina, donde sólo por recordar un diminuto y nunca detallado caso, Daniel Muñoz, exsecretario privado de los Kirchner, compró 79 millones de dólares en Miami en distintas opciones de real state, habiendo tenido únicamente como empleador full time en su vida a los Kirchner. En un país donde todavía hay que explicar por qué el helado es frío, Cristina Kirchner cree que ella y Lula son historias comparativas. Irá entonces a la Cámara de Casación y a la Corte Suprema a intentar explicar su inocencia. La Cristina niña que vio cómo el colectivero Eduardo Fernández recibía una unidad de regalo y le permitía crecer y tal vez tenga algo que reprocharle a la actual, llena de problemas con un patrimonio que, sin importar el color, no cierra.

El otrora periodista Horacio Verbitsky contó en su página: "Ella, además, insiste en mejorar la distribución del ingreso, aunque el presidente Alberto Fernández haya ejercido el poder de veto que retiene al aumento de suma fija que reclama el kirchnerismo. Si no se alcanzan esas metas, cree la vicepresidenta, ningún candidato proveniente del peronismo tiene alguna chance de ser electo. Por el contrario, existe el riesgo de un retroceso aun en las provincias del Norte Grande y del Sur, las franjas azules del mapa electoral boquense de 2015. Por eso, un gobernador tras otro está anunciando el desacople de sus elecciones de la nacional". Es decir, al no sentirse satisfecha con la realidad, la vicepresidenta plantea una nueva, que aunque no es factible, es dulce a los oídos de quienes la rezan a diario. La consultora Analogías, hoy un apéndice de La Cámpora, le recuerda al espacio que más de 7 de 10 argentinos no ven con buenos ojos a la vice y al apellido Kirchner, lo que los pone en derrotados en cualquier escenario del insoslayable balotaje venidero.

El presidente se retiró de la llamada "rosca" política hace un par de semanas. "Hay que trabajar y bajar la inflación, no me interesa si dijo, si no me dijo, si Larroque cree algo, no es tema mío", repitió en la última reunión del viernes por la noche en Olivos. Cree Alberto que el cristinismo está agotado y no crecerá más del 20% que puede representar, por lo que la opacidad opositora y la incapacidad cristinista de armar un esquema expansivo, lo pone en carrera para competir con un gobernador que aporte federalismo y esencialmente votantes. Alberto cree que la Justicia es parte del problema, pero no interferirá en los fallos, no hará llamados y se enterará por los medios. "En mi Gobierno fue preso De Vido, no me meto en fallos, no es mi rol", repite como mantra.

La oposición entendió hace pocos días que hay que hacer contrakirchnerismo para combatirlo, y que si les gritan y no les gusta, entonces habrá que imponerse. Es lo que pasó en Diputados cuando Cecilia Moreau, que no tiene ningún pergamino ni capacidad para presidir la Cámara, vio como todo se desmadraba. Algunos mal pensados cuentan que la llegada de Sergio Massa y tres concretas reuniones con legisladores de Neuquén y Córdoba bastaron para que haya quórum y el tigrense se anote un poroto más como aspirante a líder de ese espacio roto.

Tendrá Kirchner entonces la posibilidad de enriquecer el caos palpable o lograr desanimar las protestas, algo que todavía no hizo ni hará. Emilio Pérsico la consultó tres veces esta semana por el tema, algo que no hacía nunca cuando el albertismo corría por sus venas a alta velocidad. ¿Logrará su segundo imponer el criterio de que se vayan del Gobierno y pasen al cristinismo más pasional?