Máximo Kirchner subió al ring a "la derecha" y tildó de aventurero a Alberto Fernández
Máximo Kirchner gritó casi media hora en el congreso del PJ Bonaerense y no se corrió un ápice del guión del cristinismo más visceral y actal: ni un gramo de responsabilidad sobre el país pesa en sus espaldas y la de su madre, el actual Gobierno nada tiene que ver con su familia, la sociedad argentina era feliz cuando gobernaba el kirchnerismo (algún trasnochado se podría preguntar quién gobierna entonces hoy) y los medios de comunicación y la oposición son la causa principal de los males que aquejan al país; nada nuevo bajo el sol del La Cámpora. Lo escoltaron los fieles a su madre, que se rieron en cada chicana de bastante bajo nivel intelectual, en un discurso constituido por un tifón de lugares comunes y recuerdos discutibles de la historia peronista, otro recurso habitual del combustible cristinista a la hora de manipular datos históricos para congraciarse.
Máximo se rodeó de sus amigos a pesar de algunos resquemores que habitan en la aldea camporista, y disfrutó de su absoluto protagonsimo con la atenta mirada del intendente matancero Fernando Espinoza, la colega quilmeña Mayra Mendoza junto al de Avellaneda, Jorge Ferraresi, Andrés Larroque, la local Fernanda Raverta que lidera el PAMI, Eduardo Wado de Pedro que ya no busca más mostrar equilibrio interno del Frente de Todos y sueña con ser presidente, algunos gremialistas de segundo orden acompañaron la parafernalia peronista para aplaudir hasta el hartazgo las palabras del hijo presidencial, que como su padre guarda con detalle quienes "traicionaron" a su familia en épocas del despoder kirchnerista en tiempos de Mauricio Macri.
Quedó tiempo para apuntar contra el presidente Alberto Fernández, con quien no dialoga pero sí apunta siempre que puede. "Gobernar no es una actividad personal, es una cuestión de grupo, no hay espacio para aventureros que formaron parte y cuando llegan a los lugares más importantes pretenden su plan personal", dijo fiel al estilo kirchnerista de describir con detalles a la persona pero sin nombrarla, un infantilismo que aprendió de su madre. Su padre, siempre más pasional, elegía mencionar y señalar en público, como lo hizo con Daniel Scioli, Hugo Moyano y Héctor Magnetto accionista del Grupo Clarín en 2008.
Así fue como Máximo eligió subir al ring a Patricia Bullrich y a Javier Millei, dos duros que aspiran al mismo cargo: ser presidente de Argentina en once meses. La idea del cristinismo es que quienes quisieron asesinar a la vice presidenta hace dos meses y cuatro días son personas inspiradas en los discursos de los dos dirigentes antes mencionados. También se nutrió del insulto de Bullrich a Felipe Miguel, jefe de Gabinete porteño días pasados, para preguntarse qué pasaría si con esas formas asume la presidencia de la Nación la exministra de Seguridad. Raro en Kirchner apuntar contra las ideas liberales, intentó vagamente igualar al peronismo con el liberalismo y recordó el fracaso del plan económico durante la dictadura, sin mencionar que fue la época de mayor prosperidad de sus padres, cuando lograron hacerse de 27 propiedades durante la represión y consolidar su emporio inmobiliario.