El sindicalista que se consolidó imitando a Julio Grondona y ahora va por su propia gloria
Don Julio Grondona siempre tuvo más detractores que apologistas. Siempre se lo comparaba por el incomparable Vito Corleone de Marlon Brando por su frialdad y objetivos claros. Todos esos atributos para acumular poder dentro del fútbol siempre fueron observados con gran admiración por el entonces joven representante de la Primera C, Claudio Tapia, cuando pisó por primera vez el edificio de la AFA en la calle Viamonte.
Tapia llegaba como representante de su querido Barracas Central, club en el que fue jugador y luego “ayudó” a llegar a Primera, con ambiciones y de la mano del respaldo que siempre tuvo de su suegro Hugo Moyano. Grondona, que tenía buen ojo, enseguida le abrió el juego, sobre todo por venir del mundo del ascenso igual que su familia de Sarandí. En ese sentido, el "Chiqui" superó a su maestro y logró que Barracas llegara en menos tiempo que Arsenal a la categoría más importante del fútbol argentino.
Ahora le falta igualar el gran logro de Don Julio. Ya ganó una Copa América en Brasil y necesita ser campeón del mundo en Qatar tanto o más que Lionel Messi. Tapia sabe que si logra repetir la gloria del '86 se puede quedar a vivir en AFA e incluso consolidar sus ambiciones políticas que soñaba cuando dejó de ser barrendero y pasó al gremio de Camioneros. Fue creciendo como activista sindical hasta convertirse en el yerno del jefe mayor. Un nexo familiar que le abrió muchas puertas, pero también le cerró otras. Grondona radical y de Independiente, el Chiqui peronista y de Boca.
“El Chiqui está convencido de que se vuelven con la Copa de Qatar, pero no piensa ir a la Casa Rosada como arreglo Julio con Raúl Alfonsín”, comentan en la AFA. Sabe que es dejar pegado al plantel y a su gestión con un Gobierno que se cae a pedazos. No le va a hacer un favor al presidente Alberto Fernández, el hombre que más energía puso para intentar echarlo de las oficinas de Viamonte.
Alberto siempre lo acusó de macrista por sus vínculos con la gestión anterior que le permitió, entre otras cosas, integrar el directorio de la estratégica empresa Ceamse. Además el jefe de Estado, por su condición de hincha de Argentinos Juniors, es amigo de Luis Segura, quien se encaminaba a ser el heredero de Grondona.
Pero Chiqui fue más rápido y aprovechó los papelones y la crisis del fútbol. Por eso el jefe de Estado avaló una denuncia en la IGJ por irregularidades en la reelección del actual mandamás de la AFA. Al igual que Grondona, tuvo que operar fuerte para evitar que un Gobierno peronista lo echara del cargo. A Don Julio le paso en el arranque de la gestión de Carlos Menem por su origen radical y había varios interesados, como Luis Barrionuevo y Juan Destéfano.
Pero ambos lograron seducir a los oficialísimos de turno que pedían su cabeza. El caso de Tapia fue realmente sorpresivamente ya que logró construir, a espaldas de Fernández, un vínculo con Máximo Kirchner que logró su indulto. Mucho tuvo que el gerente de relaciones institucionales de YPF, Santiago Carreras, quien suele encargarse de esos temas a pedido de Máximo.
El otro protagonista para frenar el conflicto con el oficialismo fue la mano de fecha del Chiqui, Pablo Toviggino, nexo directo con Sergio Massa. Con la rosca política y el apoyo de los clubes del ascenso y del interior Tapia superó su peor momento y ahora sueña con el éxito de la "Scaloneta". Sería un gloria personal porque decidió bancar desde el vamos al actual DT de la selección, contra la opinión del establishment futbolero.

