Un voto a la moderación, un llamado de atención a la dirigencia
La Argentina lleva por lo menos más de una década en estancamiento económico, sin números que bendigan el crecimiento, ni mucho menos el desarrollo. La falta de creación de empleo privado se suplió a duras penas con el engorde de la administración pública federal y provincial, y con la proliferación de planes de todo tipo.
Según distintos momentos de la historia, la decadencia y la falta de esperanzas abonan los ascensos de los experimentos más autoritarios y extremos. Algo de esto pudo observarse con el trumpismo, el bolsonarismo y expresiones en el mismo sentido en Europa, como ser el reciente triunfo en Italia de una admiradora de Mussolini, como Giorgia Meloni. Pero algo está cambiando.
Lula se impuso con un resultado ajustadísimo que le propone una continua negociación con la oposición y le veta el camino a algún experimento populista. En los EEUU, el Capitolio quedó en una situación de extremo balance entre demócratas y republicanos, lo cual también obliga a que las dos fuerzas políticas norteamericanas tengan que negociar.
Por lo tanto, los mismos electorados parecen estar cansados de los extremos y de las agresiones públicas que desembocan en acciones peligrosas, y piden a través de las urnas moderación. Equilibrio. Balance. Diálogo. Aún cuando todos los desencadenantes de los ciclos extremistas siguen ahí: crisis social, desempleo, inflación, pobreza.
Aquí nuestra dirigencia sigue empecinada en mirarse el ombligo antes que prestar atención al enorme desencanto que se expande en la sociedad argentina ante la falta de señales que indiquen una perspectiva promisoria de futuro. Las internas están a la orden del día en las principales coaliciones, mientras ninguno se olvida de avivar el fuego de la polarización como estrategia electoral. Siempre lo peor vendrá con el otro, y la verdad absoluta es de los propios.
Argentina no resiste mucho más en estado vegetativo. Y la política es un instrumento clave para dinamizar a una sociedad y que evolucione. Pero si este instrumento está en manos de adoradores de sectas estamos complicados. Es hora de recalibrar intereses, de recuperar el diálogo, de dejar de apostar por coaliciones electorales y buscar alianzas de gobierno. Y para todo eso, el diálogo y la moderación es clave.
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