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El gobierno abandonó la gestión política y siente las consecuencias

El gobernador Rodolfo Suarez implementa un modelo de gestión más cercano a lo gerencial y opta por no profundizar en la negociación política para conseguir resultados. Pero eso redunda en su propio desgaste.
Foto: Gobierno de Mendoza
Foto: Gobierno de Mendoza

El gobernador Rodolfo Suarez está cerca de sumar otra frustración en el haber de su gestión; salvo que medie algún hecho extraordinario. Si, finalmente, el gobernador desiste de usar los 1.023 millones de dólares que tiene disponibles para hacer Portezuelo del Viento será un nuevo hito en el plan que quiso y no pudo hacer. También una derrota interna, en gran parte por yerros propios. Pero lo que más llama la atención es que, al igual que en otros temas, entre la decisión del gobernador y lo que pasa hay un vacío que tiene consecuencias negativas.

La idea de abandonar la negociación política es parte del modelo de gestión implementado desde el sillón de San Martín; un modelo que inquieta. Pasó con Portezuelo (donde además de haberse olvidado de trámites formales no hubo ninguna negociación con las provincias del COIRCO), pero también en la relación con la Nación, en el vínculo con la oposición local, con los intendentes y hasta puertas adentro de Cambia Mendoza. Afuera y adentro de la provincia miran con algún estupor la falta de búsqueda de vínculos. 

Suarez propone; pero no hay estrategia para conseguir lo que quiere. Ante alguna negativa, suele venir la resignación, el abandono de cualquier otro camino. En política, sobre todo a quienes les toca gobernar, las intenciones no cuentan. Desde diciembre de 2019 hay una larga lista de intenciones frustradas. La pandemia puso una pausa en las expectativas; pero los problemas estructurales y cotidianos siguen.

Suarez es un gobernador que se acerca más a lo gerencial que a lo político clásico. Confía en cómo pueden ejecutar sus funcionarios que en la “persecución” obsesiva de otros mandatarios. El problema es que gestiona en Mendoza; en Argentina. Por eso, por ejemplo, hay cuestionamientos internos por los excesos de confianza, como explicó MDZ; que llevaron al ridículo al Ministerio de Seguridad (con la salida de Roberto Munives) o los problemas (escondidos) que hay en el sistema de salud por falta de recursos y de previsión del impacto de la nueva ola de covid; o el insólito caso de los millones de dólares congelados sin hacer nada durante más de dos años. También, en cuanto a los intentos de ampliar la economía: Suarez quería minería y no lo logró; habló de la industria petrolera, pero está frenado y solo depende de YPF; se alió con Alberto Fernández en IMPSA, pero aún no hay resultados. En cada ministerio hay ejemplos de demoras extra errores no forzados. Allí hay una trampa en la que es sencillo caer: al Gobierno le va bien en las elecciones y, de hecho, recibió un espaldarazo enorme el año pasado. Pero en una gestión, sobre todo en Mendoza que es corta, no es el único indicador válido.

Cornejo y Suarez, juntos pero con diferencias. 

Enemigos e internas

Suarez es el gobernador de Mendoza al que más le tocó vivir el rigor de ser opositor. Todos sus predecesores fueron “oficialistas”, por obligación o por conveniencia personal. Incluso hubo casos que aunque eran de partidos distintos, se alinearon detrás de las políticas impulsadas desde Casa Rosada. Allí, el gobernador tiene mucho por remontar. Pero en la gestión diaria, aseguran desde el Ejecutivo nacional, hubo también un abandono de la búsqueda de puentes y hasta de “peleas”. “Ni siquiera gestionan para lograr cosas. Suponen que no va a haber respuesta positiva, pero al menos hay que iniciar todo para luego reclamar”, se quejó un intendente opositor.

Hay varias formas de “pelearse” con la Nación. Córdoba representa el modelo más duro, al igual que la Ciudad de Buenos Aires. Pero Mendoza tiene una diferencia: es una provincia más dependiente por el deterioro de su matriz productiva. Pero además Mendoza no llegó a ser consecuente entre lo que se dice y lo que se hace. Hubo distanciamiento verbal y gestual, pero no se hicieron defensas judiciales de los recursos y no los habrá porque Suarez firmó el Pacto Fiscal que lo prohíbe.  

En el manejo interno, cada vez son menos disimulables las diferencias entre él, Alfredo Cornejo e incluso puertas adentro ocurre algo similar en las visiones de las segundas y terceras líneas del Gobierno. No va a haber nada intempestivo, pero sí una incomodidad que se acentúa.  Nuevamente, Portezuelo es el ícono de esa guerra interna; o mejor dicho los más de mil millones de dólares en juego.

El problema es que en la decisión de no tener en cuenta la negociación política como herramienta, tampoco Suarez tiene referentes propios acostumbrados a ese arte. La consecuencia inmediata es el desgaste de su propia figura.