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Oyarbide: de “Spartcacus” a Radio 10

Norberto Oyarbide fue el modelo de lo que un magistrado no debe ser: su primera gran aparición en el escenario público fue en un video que lo mostraba en “Spartacus” —un prostíbulo masculino— en situaciones de sexo explícito. Su último paso por la escena pública fue en Radio 10.
Foto: Télam
Foto: Télam

Norberto Oyarbide fue el modelo de lo que un magistrado no debe ser: su primera gran aparición en el escenario público fue en un video que lo mostraba en “Spartacus” —un prostíbulo masculino— en situaciones de sexo explícito. Su último paso por la escena pública fue en Radio 10.

En ese medio, Coco Sily lo recibió para —en sus palabras— compartir “divertidas anécdotas”. También apostillaba: “Te va a movilizar escuchar al Juez Oyarbide”. Un caso de análisis sobre la anomia cultural de la sociedad argentina.

En 1998, cuando estalló el escándalo del prostíbulo “Spartacus”, medios como Página 12 sostenían que, la actitud “maliciosa” de pedirle el juicio político a Oyarbide, sólo se podía deber a la homofobia. Nunca se trató de eso: lo cierto es que, un juez cuya identidad sexual se mantiene en secreto (hasta ese momento), es rehén de quienes conocen tal secreto.

En rigor, la investigación que se llevó adelante en aquel momento reveló que el propietario de “Spartacus”, Luciano Garbellano, manejaba una cadena de prostíbulos masculinos en donde se grababa a los clientes para extorsionarlos.

Según artículos de la época, se trataba de una trama vinculada a los servicios de inteligencia en nombre de individuos que nunca fueron siquiera citados a declarar, y menos aún imputados. La causa en cuestión fue la 36.285/89, que giró entre los juzgados federales 3 y 6 de Comodoro Py, a cargo de Carlos Liporaci y Canicoba Corral. Obvio, prescribió sin que se dieran resultados jurídicos que le den respuesta a la sociedad.

El poder judicial armado en Comodoro Py, —ese al que cuestionó Domingo Caballo en la famosa denuncia de la servilleta de Carlos Corach— cumple un ciclo con la partida física de muchos de estos personajes que llegaron a la función, claramente, para proteger al poder de las consecuencias de sus pecados. Norberto Oyarbide es el actor más visible de este armado, pero no el único.

Su muerte marca el final de un hombre de vida oscura y plena de lujos escandalosos, que se fue impune, cubierto por sus los secretos que guardaba para proteger al poder. Quizá el ejemplo más visible, fue la causa de enriquecimiento ilícito del matrimonio Kirchner, la cual cerró en tiempo récord para alegar, años después, lo hizo porque le “apretaban el cogote” para que cerrara la causa, una tremenda confesión que tampoco tuvo ninguna consecuencia legal.

Es imposible saber si Norberto Oyarbide descansa en paz. Es seguro que, aquellos cuyos secretos él atesoraba, sí lo deben hacer.