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¿Alguien se dio cuenta de que no hay Gobierno desde hace cuatro días?

Después de la durísima derrota del domingo, el kirchnerismo se dispuso a hacer lo que mejor hace que es extremar todas y cada una de las posturas políticas y personales, y no sólo intenta vaciar un Gabinete gris, sino que también expone a toda la sociedad.
Foto: Télam
Foto: Télam

En medio de una discusión donde todos tienen algo de razón, inclusive los exabruptos de Fernanda Vallejos, quien a su modo refleja las maneras y las ideas del kirchnerismo, Alberto Fernández tomó la decisión de plantarse ante los destratos, desafíos y amenazas que viene recibiendo desde el mismo día que se calzó la banda. Y la realidad demuestra que desde hace cuatro días no hay Gobierno en la República Argentina.

Al igual que la foto de la "Clandestina de Olivos", que mostró lo que todo el pueblo suponía, que hay una realidad paralela para la gente común y para los que gobiernan, la derrota electoral expuso a cielo abierto lo que también todos sabían. La mayoría de los integrantes del Frente de Todos estaban ahí no por un compromiso político o proyecto de país común, sino porque no les quedaba otra que unirse para volver al poder.

Esta tensión, que subsiste desde el minuto uno y jamás disminuyó, se nota en cada loteo de los ministerios del Gabinete de Fernández. Allí subsisten personas que se detestan, no se respetan y hasta se insultan entre sí. Para mas datos, preguntar a Daniel Arroyo, Marcela Losardo o Alejandro Vanolli, ex jefes de Desarrollo Social, Justicia y el Anses. 

La crisis que se provocó en el ministerio de Economía, cuando Martín Guzmán quiso desplazar a su secretario de Energía, o los cambios que tuvieron que hacer con posterioridad en la Cancillería que conduce Felipe Solá por las posturas de Carlos Raimundi y el kirchnerismo sobre Venezuela son dos de los otros múltiples ejemplos que se pueden anotar. 

En cada localidad y en todas las provincias, esta traumática relación se observa todos los días, con peleas por los cargos y discusión por las posteriores listas de candidatos. No son lo mismo. Para nada. Sólo estaban disimulando. 

Sergio Massa también lo exponía cuando intentó recorrer el camino del medio pero luego no pudo definir su discusión personal con Mauricio Macri, quien lo acompañó en 2013 en la experiencia de parar al kirchnerismo de su perpetuidad en el poder. El presidente de la Cámara de Diputados creyó que era con más peronismo. Como una parte se le quedó con Cristina Fernández de Kirchner, fracasó. 

En la crucial provincia de Buenos Aires, esta fractura expuesta siempre se notó. Muchos intendentes peronistas tuvieron que soportar insultos y desinterés extremo de Néstor y Cristina Kirchner. Los consideraban "viejos y anticuados". En esas localidades se los forzaba a negociar con jóvenes inexpertos que con la prepotencia de la caja nacional imponían nuevas condiciones, no cambios ni renovación.

Hay dos testigos muy cercanos que vivieron esta relación de diferente manera. Mientas que Hugo Curto, en Tres de Febrero, se transformó en uno de los laderos más fieles de Néstor, su vecino Alberto Descalzó, de Ituzaingó, aún no entiende muy bien por qué no lo consideran como propio o, al menos, un aliado estratégico. Te quieren o no, el kirchnerismo es así. 

Desde 2019, Axel Kicillof no pudo conciliar con los intendentes, preexistentes a su llegada. No cree que sus experiencias sirvan para estos tiempos, salvo en cuestiones puntuales. El diálogo entre ellos es solo formal y cortes, pero no hay amistad ni cariño. Menos compromisos políticos mutuos. 

Aunque tuviera razones de peso, Máximo Kirchner no pudo esperar siete meses para asumir, como corresponde, en el peronismo de la provincia de Buenos Aires. Modificó reglamentos, forzó votaciones, adelantó los tiempos y hace un mes y medio se sentó en un sillón que su padre consideraba una cáscara vacía. 

Quien se le plantó, Fernando Gray, acaba de conformar una línea interna, La Cafiero, para contraponerse a La Cámpora. No sólo por las procedencias de ambos dirigentes peronistas ya se notan las diferencias, sino por el presente. El jefe de Gabinete, Santiago, el nieto de Antonio Cafiero, es uno de los más criticados por los Kirchner y por quien siempre piden la renuncia. 

Mientras todo esto pasa, nadie toma decisiones, la calle es un caos, y la angustia que padeció y padece la sociedad desde marzo del año pasado no desaparece, sino que se agudiza aún más. Pero, la ex presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, fiel a su estilo, como si no fuese responsable principal de este desaguisado, pidió "mucha responsabilidad institucional".