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Pandemia, cuarentena y datos: mucho por corregir

La cuarenta estricta ha dañado la vida de los argentinos ferozmente. No se trata de negar el virus, ni la pandemia: se trata de ver la distancia abrumadora entre los dichos y los hechos.
Foto: france24
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En marzo del 2020, el Imperial College de Londres publicó un estudio que marcó la agenda de un mundo que aún no llegaba a sorprenderse por la aparición de un nuevo patógeno que surgió de la familia de los llamados coronavirus, el SARS-CoV-2, causante de la enfermedad covid-19.

Las prospectivas de dicho estudio indicaban cuando menos 40 millones de muertos. Decían sus autores: “nuestro análisis sugiere que la demanda de atención médica solo puede mantenerse dentro de niveles manejables mediante la rápida adopción de medidas de salud pública (incluidas las pruebas y el aislamiento de casos y medidas más amplias de distanciamiento social) para suprimir la transmisión, similar a las que se están adoptando en muchos países en este momento. Si una estrategia de supresión se implementa temprano (con 0.2 muertes por 100,000 habitantes por semana) y sostenida, entonces se podrían salvar 38.7 millones de vidas, mientras que si se inicia cuando el número de muertes es mayor (1.6 muertes por 100,000 habitantes por semana), entonces 30.7 millones de vidas se podrían salvar. Los retrasos en la implementación de estrategias para suprimir la transmisión conducirán a peores resultados y menos vidas salvadas”.

Los expertos a los que acudió el Presidente tomaron estas estimaciones como propias y lanzaron una cuarenta estricta que ha dañado la vida de los argentinos ferozmente. El daño económico es superior al del “Rodrigazo” (1975) y la caída del programa de estabilización monetaria conocido como “la convertibilidad” en 2001. Nada de lo predicho por el Imperial College de Londres se cumplió.

De hecho, al primero de agosto del presente año, la cantidad de fallecidos atribuidos al covid está en un décimo de la cifra tope estimada por el citado modelo aún en naciones extremadamente pobres y carentes de buena estructura sanitaria. No se trata de negar el virus, ni la pandemia: se trata de ver la distancia abrumadora entre los dichos y los hechos.

Al aparecer la variante India —hoy denominada variante Delta para no estigmatizar, como lo afirman los sommlieres de la palabra— fue presentada como el Armagedón de las mutaciones del virus. Ante la afirmación de La OMS de la peligrosidad altamente contagiosa y letal de la misma, el investigador del CSICS Iñaki Comas señaló: “Se ha contado una versión alarmista en base a datos y evidencias no confirmadas”.

El muy popular Ministro de Salud de CABA, Fernán Quirós, afirmó en estas horas que “la circulación comunitaria de la variante Delta va a ocurrir en el corto plazo”, aunque con más personas inmunizadas “tal vez no tenga tantos internados y no provoque tanto daño social”. Datos que aplastan el relato.