Portezuelo del Viento: ¿círculo virtuoso?

Portezuelo del Viento: ¿círculo virtuoso?

Portezuelo del Viento es la "obra del siglo". Pero las empresas que podrían ser adjudicatarias están en problemas. Acostumbradas a vivir del Estado: ¿cuál será el futuro?

El Colibrí

Por El Colibrí

En estos día hemos asistido a la continuación del proceso licitatorio de la llamada "obra del siglo" para Mendoza y la región, lo cual es cierto. El objeto de éstas líneas es poner, brevemente, el foco en las llamadas empresas privadas que estarían siendo adjudicatarias de la obra y el manejo de los miles de millones que ella supone.

Por un lado tenemos a dos de ellas (CEOSA Y OBRAS ANDINAS) que todos creemos que provienen del sector privado y por otra IMPSA, otrora orgullo provincial y nacional, devenida en empresa estatal, cuyo proceso de estatización ha merecido numerosas opiniones.

El caso de las que aparentan ser privadas más IMPSA, nos hace presumir que estaremos frente a un círculo virtuoso que generará trabajo para los mendocinos, sus pymes, inversiones, etc.

Esto no es así. La historia de CEOSA y OBRAS ANDINAS muestra que ambas nacieron y crecieron gracias los recursos del Estado exclusivamente, o sea, públicos.

CEOSA y Obras Andinas, las empresas que se pueden salvar con Portezuelo. 

En el caso de CEOSA, es una empresa que construyó su "prestigio" al amparo de la obra pública nacional, provincial y municipal en diversos lugares del país, llegando incluso su presidente a ocupar lugares importantes en las cámaras de la construcción de la provincia y de la nación.

Llamativamente, luego de la titulada "causa de los cuadernos", ha sido notable la ausencia de sus directivos en los eventos públicos, pero debe ser una casualidad o un mal pensamiento.

No conforme con ello, también a través de lo que llaman medio de comunicación, también extraen fondos públicos y evitan tratar en ellos determinados asuntos espinosos.

La situación financiera de CEOSA es alarmante, pero está muy cerca de ser adjudicataria de la obra del siglo. Pero a no confundirse, la empresa está mal.

Esta situación ha merecido la crítica de empresas importantes e interesadas de Mendoza y han solicitado la intervención del Fiscal de Estado para que proteja a Mendoza y sus recursos de ésta situación. Esperamos con ansias su dictamen.

El caso de Obras Andinas, es una empresa que pertenece al grupo Álvarez, grupo que posee entre otras empresas, el monopolio de la TV por cable desde el Valle de Uco hasta el sur, incluyendo radios (Am y Fm) y un portal digital (siendo generosos) denominado Sitio Andino. También ha incursionado, con otra empresa, en el negocio petrolero de Mendoza; en donde ganaron licitaciones sin invertir prácticamente nada para luego vender dichas adjudicaciones a empresas del rubro en varios millones de dólares, negocio redondo, sin esfuerzos, ni generando ningún valor agregado a Mendoza. La única excepción sería Chachauen, que de acuerdo a la información que tenemos sería noticia en los próximos meses por algunos compromisos incumplidos.

Obras Andinas no tenía antecedentes en ninguna obra hasta el gobierno de Celso Jaque, donde comenzó una carrera vertiginosa de adjudicaciones de obras públicas en todos los niveles (provincial, nacional y municipal).

Adjudicaciones que fueron creciendo en los sucesivos gobiernos provinciales hasta el actual. La relación de su dueño con el fallecido Juan Carlos Mazzón no sólo facilitó la habilitación del sistema de TV por cable allá por la década del 80, sino que también le permitió acceder a obras nacionales a partir del 2007, con socios variados como Gerardo Ferreyra, por ejemplo, la línea Comahue-Cuyo, como punta pie inicial.  Su política es ser oficialista, siempre, sea quien sea el titular del Poder Ejecutivo y extraer del Estado recursos económicos a cambio de un buen trato mediático y ocultando a sus clientes de los medios sus verdaderos intereses. Sería una especie de lawfare invertido, es decir, quien gobierna, en la medida que satisfaga sus negocios con el Estado, recibe protección y quien no, su crítica sin límites.

Concretamente, Obras Andinas (y el resto de las empresas del grupo), nació, creció y factura millones de pesos, siendo su único cliente el Estado. Riesgo empresario: cero.

Portezuelo del Viento tiene la particularidad de unir a dos empresas, otrora enfrentadas virulentamente, pero que tienen de común denominador haber nacido y crecido al amparo de los recursos públicos y su relación con la política en todas sus modalidades.

En conclusión, lo podría ser un círculo virtuoso entre el sector público y un verdadero sector privado, no lo es. Lo que vendría a ser es un multimillonario subsidio a dos empresas llamadas privadas, asociadas a una novata estatal y una china, que se encuentra cuestionada en la calidad de sus obras, también públicas.

Es vicioso y triste por donde se lo mire.

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