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Mientras los militares festejan el cumpleaños de Raúl

América Latina está viviendo horas de tensión democrática. Casi en todos los países, el clima social y político se ha vuelto más turbio y el futuro rebalsa de incertidumbre.
Cuba vive jornadas de protestas, pero la dictadura tiene expertise en copar las calles y acallar reclamos. Foto: Getty images
Cuba vive jornadas de protestas, pero la dictadura tiene expertise en copar las calles y acallar reclamos. Foto: Getty images

Por Fernando Ruiz

Cuando las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba acababan de terminar los festejos por el cumpleaños número noventa de Raúl Castro, con un número especial de su revista Verde Olivo, esta semana estallaron inéditas protestas en Cuba, que se originaron de imprevisto en San Antonio de los Baños, una pequeña localidad a cuarenta kilómetros de La Habana.

Desde allí la protesta se expandió hacia ciudades en toda la isla, y las imágenes recorrieron el mundo. Como suele ocurrir, es siempre difícil predecir cuándo una chispa genera una protesta pública de este tipo.

Las condiciones objetivas para las protestas llevan décadas ahí, pero eso no ha alcanzado nunca para generar esas implosiones. Se necesitan las condiciones subjetivas, las redes de personas que llevan su nivel de indignación a un nivel tal que hacen que el costo personal de salir a la calle a enfrentar la dictadura deje de importarles.

Hubo días de tensión y protestas en las calles de Cuba.

Así pasa en dictaduras, pero también en las democracias. En Chile fue un leve aumento del costo del metro en Santiago lo que encendió su cambio político más importante desde su extraordinaria transición democrática ocurrida hace tres décadas. Y el Caracazo de 1989, en Venezuela, fue provocado por un también leve aumento de la gasolina.

Hoy en Cuba lo nuevo es que nunca se expandió tanto la protesta en el territorio, y nunca hubo en las calles tanta  gente hostil a la dictadura. Además, la repercusión internacional ha sido mayor que otras veces y sectores antes afines o complacientes con la dictadura hacen público un proceso de revisión de sus posiciones.

Dominación

Pero el régimen tiene una enorme habilidad para la dominación social, la que es su principal expertise, fruto de su práctica de seis décadas.

La respuesta del régimen estuvo basada, al menos, en dos mecanismos principales. El primero fue intervenir las comunicaciones telefónicas y de internet para reducir casi por completo la comunicación entre los ciudadanos residentes en la isla, y así bloquear los procesos de coordinación de las protestas. También sirvió para aminorar el flujo de comunicación de noticias e imágenes que inundaron las redacciones mundiales el domingo y el lunes pasado. Como hicieron los chinos en Hong Kong, los indios en Cachemira o los militares en Myanmar, cortar internet se está convirtiendo en un arma cada vez más frecuente ante situaciones de conmoción política, como señalan los informes de Access Now, destacada organización de defensa de internet. 

El segundo mecanismo fue recuperar la calle utilizando posiblemente su inmensa policía política vestida de civil y seguramente otras secciones de personal del régimen. Las imágenes no eran las típicas de una protesta civil frente a un poder militar o policial, sino eran las de civiles versus civiles. Eran “ciudadanos de a pie” que salían a defender al régimen comunista, repudiando a “los de los derechos humanos” como suelen llamarlos. La imagen callejera es sobre todo hasta ahora la de una contienda de sectores civiles, pueblo contra pueblo, y no la de una represión policial y militar, aunque se han podido distribuir algunos videos con represión explícita. Es una represión estatal camuflada de civil. Además la gran represión en ese tipo de dictadura es personalizada, donde uno a uno los activistas democráticos tienen un oficial de la policía política que “lo atiende” como dicen ellos mismos en su jerga.

La historia enseña que hay dos señales definitivas de cambio de régimen: cuando los militares –sobre todo los soldados- dejan de festejar cumpleaños, y cuando los periodistas de los medios estatales empiezan a resistirse a negar los hechos. Por ahora, nada de eso ha pasado

Pero tantos agravios y agresiones acumuladas hace que sean infinitos los odios, y difíciles de mantener en paz. Se necesita una especial visión democrática, como la que tenía el líder Osvaldo Payá, para poder encauzar las protestas hacia una transición a un régimen de libertad.

También en El Salvador, Nicaragua y Perú se viven momentos difíciles. En todos ellos, los periodistas están en la línea de fuego. Al mismo tiempo, no faltan comunicadores que se convierten en instrumentos de un camino hacia el autoritarismo. Periodistas que en estos países apoyan regímenes autoritarios, que piden intervenciones militares, que promueven golpes de estado, saben que están pasando una línea que los aleja de la profesión. Son políticos con micrófono. En eso, la profesión periodística tiene un límite.

Fernando J. Ruiz. Profesor de Periodismo y Democracia de la Universidad Austral.

Entre Medios es un espacio producto de la alianza entre la Universidad Austral y MDZ