Ni relajados, ni desesperados: cómo afecta al sistema de salud la “nueva” pandemia

Ni relajados, ni desesperados: cómo afecta al sistema de salud la “nueva” pandemia

Las palabras del Presidente cayeron mal entre los médicos. Pero además temen un desbalance en el sistema de salud. Las otra pandemias que pueden agravarse si aumentan las restricciones.

MDZ Política

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Tiene la nariz con marcas, y también la frente. Barbijo, mascarilla, respiración húmeda. “Me va a cambiar la cara”, explica. Es médico y es parte de los “indignados” por la palabra del Presidente Alberto Fernández, que sugirió que el sistema de salud estaba relajado. Alberto intentó aclarar lo que quiso decir, pero ya era tarde. “El año pasado estuve meses sin vivir con mi familia para aislarme. Trabajamos sin parar. Me contagié. Ahora estamos igual”, dice Carlos, que trabaja en la salud pública y también en una obra social, a quien el barbijo y la mascarilla le crearon esas “cicatrices” semi permanentes en el rostro.

El impacto del enfoque que le dio el presidente sacó de carril a muchos y genero mala predisposición en un momento clave. La segunda ola es “una nueva pandemia” a la que nuevamente el sistema de salud debe adecuarse. Con una ventaja y una desventaja enormes: la vacunación realizada a los profesionales supone menos impacto, pero el tiempo por delante en situación crítica es mayor. En el sector privado las camas covid están casi al 100%. La ocupación, para ser precisos, es del 96%. En general, según el informe del Gobierno, es casi del 90 por ciento. Pero si se ven números brutos, se interpreta mejor. 

Aunque se ampliaron las instalaciones por la pandemia, según el informe oficial del Ministerio de Salud en Mendoza hay 118 camas de terapia intensiva exclusivas para covid. 78 en el área Metropolitana, 22 en el Sur, 4 en el Valle de Uco y 14 en el Este. Además hay 483 camas comunes exclusivas para internados con esa patología. Allí hay algunas particularidades, pues el Hospital Universitario cerró su área de internación, que el año pasado había generado algún alivio.

En Mendoza 6 de cada 10 personas tienen alguna cobertura de salud. Entran allí las personas que tienen obras social, empresa de medicina prepaga. PAMI u OSEP. La Obras Social de Empleados Públicos es la de mayor cobertura poblacional y si bien tiene efectores propios, también funciona con la red privada y del Estado.

En Mendoza casi la totalidad de los adultos mayores tienen cobertura privada. Ocurre lo contrario con los niños. El 11,8 % de la población total tiene PAMI, el 16,3% tiene OSEP, el 27,9% alguna obra social y el 4,9% tiene medicina prepaga o mutual.

Si los efectores privados tienen un problema, se produce un desbalance, algo que ya ocurre. El año pasado las clínicas llegaron al borde del colapso económico por la falta de prestaciones. Incluso se produjo un desequilibrio: las que atienden PAMI por cápitas, cobraron igual aunque no atendían. El resto, que depende de las personas con obra social, tuvieron problemas.

Una variable aún no medida con precisión es el impacto que tendrán este año los contagios internos en el sistema de salud. Hay una “baja promedio” de un 20% entre los profesionales y trabajadores por contagios o contacto estrecho. La vacunación juega a favor, pero, explican desde Salud, no reduce tanto el impacto. “No se van a enfermar de gravedad y van a bajar los contagios. Pero la vacunación no impide que tengan covid y que lo puedan contagiar. Por eso los protocolos se mantienen para los contagiados”, explican.  

La otra pandemia

En el medio hay temor porque la otra pandemia vuelva a crecer. Se trata de las personas que tienen alguna enfermedad no transmisible y que el año pasado resintieron su salud por la priorización del covid. La posible suspensión de las otras prácticas médicas que no están relacionadas con esa enfermedad genera una doble preocupación. Por un lado el deterioro de la salud de las personas y la posibilidad de que se agraven casos crónicos. Y por el otro la sostenibilidad del sistema, particularmente de los efectores de salud privados. Por ahora en Mendoza se suspendieron las cirugías, pero buscan que no haya una “campaña” que agite el cese de otras prácticas.

“La interrupción de los servicios de salud de rutina constituye una amenaza para la salud de las personas que viven con enfermedades crónicas.. Esta situación es muy preocupante porque pone a las personas que viven con Enfermedades No Transmisibles  en mayor riesgo de enfermar gravemente si se infectan con COVID-19 y morir”, explican desde la Organización Panamericana de la Salud. 

Personas con enfermedades como el cáncer, enfermedades cardiovasculares y diabetes son las más vulnerables a la falta de seguimiento, pero también ocurre con los niños. El 81% de las muertes en el continente se debe a enfermedades no transmisibles, por lo que se considera que si se vuelven a abandonar esas prácticas, podrían agudizarse las “pandemias silenciosas”.

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