La Argentina sigue siendo la de Tato Bores

La Argentina sigue siendo la de Tato Bores

El hartazgo y el hastío por parte de la sociedad son manifiestos. Y son los precursores del actual pulso social que, por otra parte, no está siendo tomado en cuenta por la clase política en general. Nadie está recogiendo el guante. Y eso es todo un síntoma. 

Alejandra Cáceres

¿Por qué nos asombra tanto que, actualmente, los monólogos de Tato Bores mantengan su vigencia, como lo hacían hace 40, 50, 60 años atrás?  ¿Qué es lo que realmente nos maravilla de esas presentaciones? ¿En verdad lo que nos llama la atención es su vigencia infinita en relación a la política argentina; o, en verdad, lo que no podemos creer es que la realidad argentina aún no encuentre solución a la mayoría de sus problemas, que requieren proposiciones y soluciones concretas?

La pandemia de la covid-19, fenómeno ante el cual ningún gobierno tenía experiencia, hizo que muchos países tomaran como referencia lo que se iba haciendo en otros, cotejando resultados. Pandemia que, además de generar profundos cambios, también aceleró procesos y profundizó desigualdades.

Pero entonces... ¿en qué espejo se mira la Argentina? Si es que se mira, claro.

El año avanza y los días se van plagando de profusa violencia verbal y no verbal: con lo que se alimenta la grieta, el individualismo. Eso por un lado; por el otro, los mismos dirigentes, que luego de pedir sacrificio, son quienes van en contra de los protocolos y deciden exceptuarse de usar barbijo, o de mantener distancia… como si no fueran ellos los responsables de dar el ejemplo y de garantizar derechos y obligaciones.

Constantemente merodea el fantasma de la saturación. Con todo lo que eso implica, claro. Los errores - de gestión y de comunicación-, dejaron de ser excepción para pasar a ser la regla en el Gobierno nacional. Es claramente identificable que la previsibilidad, tan característica del poder, no es hoy un componente en las gestiones, por lo menos en Argentina.

Michael Foucault afirmó que el ejercicio del poder supone una estrategia… ¿cómo leemos hoy esa estrategia en el país? ¿Tenemos que limitarnos a creer que se reduce a la figurita harto repetida de la grieta, porque reditúa tanto a oficialistas como a opositores? 

Hace pocos días, el mensaje fue más que claro. Cristina alimentó deliberadamente la grieta un 24 de marzo, fecha muy cara para la historia argentina. No fue una buena idea, más bien todo lo contrario. 

La larga lista de deficiencias y carencias políticas, que ya no encuentran lugar debajo de la alfombra, ha evidenciado la imposibilidad de dar soluciones concretas. El hartazgo y el hastío por parte de la sociedad son manifiestos. Y son los precursores del actual pulso social que, por otra parte, no está siendo tomado en cuenta por la clase política en general. Nadie está recogiendo el guante. Y eso es todo un síntoma. 

Sólo con el optimismo, no alcanza. Y menos, con justicia, salud y bienestar sólo para pocos. 
La política es el arte de lo posible, y de hacer posible lo necesario. Salvo cuando juega la necedad.

Por Alejandra Cáceres | Lic. en Comunicación por la Universidad Nacional del Centro de la Pcia; especializada en Comunicación Política por la UCA. 

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