Cuál es el principal desafío del Gobierno, aunque no verá los resultados

Cuál es el principal desafío del Gobierno, aunque no verá los resultados

La educación argentina está en decadencia desde hace décadas y la brecha se expande. Más días de clases supone aumentar las posibilidades, pero hace falta animarse a otros cambios.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

Que la programación es la “alfabetización” del futuro. Que los niños que no aprendan inglés hoy, también quedarán marginados en pocos años. Son algunas de las exigencias que aumentan a una velocidad vertiginosa.

A. Bustos, una joven madre mendocina, no tiene tiempo de pensar tanto en lo que dicen esas noticias. “No mando a los chicos a la escuela porque me da vergüenza no darles merienda, que vayan sin nada”, cuanta con un realismo mayor. A pesar de que faltan pocos días para terminar las clases, sus hijos no pueden terminar el ciclo simplemente porque no llegan a la escuela.

Durante el 2020 un celular fue el único vínculo con la educación para sus tres hijos. En 2021 cumplir fue casi una utopía; ahora no por el aislamiento obligatorio, sino por lo que la crisis dejó.  El querer ser, esa escuela que podría enseñar programación, choca con el poder ser; una escuela que recibe niños con problemas alimentarios, a los que se les dificulta alfabetizarse y que heredan la decadencia de Argentina. Pero aún así, la escuela es el mejor lugar. “En la escuela nos ayudan con todo, pero ya no puedo pedirle más”, se resigna la joven madre que en un año vivió en Las Heras, en San Juan, en Capital y ahora volvió a una casa prestada en el norte del Gran Mendoza porque no tiene trabajo estable.

Argentina tiene un sistema educativo que fue motivo de orgullo y base del desarrollo; por la gratuidad garantizada en todos los niveles y la universalización que se logró de manera temprana comparada con otros países del continente. Pero en las últimas décadas hubo un marcado deterioro. Pero no es la escuela: es el deterioro del tejido social y de todas las otras estructuras del Estado. De hecho hoy las aulas son más una "unidad de gestión" que centros de enseñanza.

El Gobierno de Mendoza decidió adelantar el inicio de clases y tener un calendario escolar más extendido. Habrá clases en pleno verano, más apoyo para alumnos con dificultades y el "pronóstico" de más días de clases. La decisión representa para Rodolfo Suarez y José Thomas un desafío más que de propuesta. Alfredo Cornejo lo intentó en 2018 y tuvo que revertir la medida. Entonces quiso iniciar las clases el 18 de febrero, pero tuvo que postergar todo para el 6 de marzo. Es una idea positiva: los niños y adolescentes tendrán la opción de pasar más días en el único lugar donde el Estado sigue presente de manera virtuosa, sin pedir nada a cambio y sin ser considerados clientes.

Proponer más días de clases es un hecho puntual que le va a exigir pericia a la gestión. Para tener las escuelas en condiciones en un contexto climático difícil, para que el 10 y el 21 de febrero haya actividades fluidas en las aulas. La ampliación del calendario es un hecho coyuntural en un contexto dramático para la educación.

El resultado de la evaluación ERSE de la UNESCO, por ejemplo, es un indicador del deterioro que afecta a la educación y que genera una preocupación "pasiva" desde hace el mismo tiempo. En esa evaluación se detectó que el nivel de conocimiento de los alumnos decayó. En el caso de los niños de tercer grado, por ejemplo, demostraron dificultades para "localizar información" y realizar relaciones literales, además de inferencias. El 46% de los niños estuvieron por debajo de lo esperado  en lengua. En matemática, casi la mitad tuvieron ese bajo rendimiento porque no lograron, entre otras cosas, realizar operaciones o relaciones básicas con números hasta el 9.999; además de actividades realizadas con la geometría. El promedio de Argentina estuvo en ambas asignaturas por debajo del promedio regional. 

Pero en las evaluaciones locales también se hallaron dificultades. Una de ellas tiene que ver con la fluidez lectora, donde se halló que muchos niños de cuarto grado lo lograban leer más de 30 palabras por minuto. Hay un gran número de adolescentes de primer año del secundario que no logran leer 100 palabras en un minuto; es decir un párrafo promedio. El 32% de los adolescentes evaluados estaba en un nivel crítico. Son jóvenes a los que se les ha negado el derecho a tener todas las herramientas para aprender. En el propio estudio de la DGE se nota, pues los niños de zonas más desfavorecidas económicamente tienen más dificultades para desarrollar esa competencia básica: leer. “se puede observar que el contexto socioeconómico es uno de los factores que inciden en el resultado del censo. Las escuelas de ámbito rural marginal y urbano marginal han mostrado un porcentaje más elevado de estudiantes en nivel crítico —41% y 37% respectivamente— mientras que las escuelas de ámbito urbano muestran el menor valor crítico con un porcentaje de 19%”, indica el diagnóstico.

Con una intervención constante realizada tras el primer test,  hubo mejoras sensibles: el 70% de los chicos tuvieron un mejor desempeño y un 40% avanzó del nivel crítico al "esperado". 

Pero de nuevo: en Mendoza hoy la escuela debe exigirse para alfabetizar; en el sentido menos abarcador de la palabra. Es decir, enseñar a leer y escribir.

Un cambio

Suarez intentó, a su modo, generar algún cambio a partir de una nueva le y de educación. Dentro del sistema relativizan la importancia de una norma: lo que hace falta es un pacto provincial para cuidar y ponderar a la escuela. Un pacto que incluya a los docentes, al Estado, a las familias y a los alumnos.

Desde hace décadas el debate por lo que pasa en las aulas está monopolizado por el Gobierno y el gremio, particularmente el SUTE. Esa distorsión también reduce cualquier tema a los intereses corporativos de uno y otro. Incluso hoy desde el Ejecutivo están pendientes de la elección del SUTE y hasta supeditan a ese hecho cualquier búsqueda de acuerdos. En el medio hay otros sectores que esquivan responsabilidades. Ocurre con los municipios, que tienen un rol tibio. Hoy los intendentes ya no tienen a cargo el ABL, pues está tercerizado. Pero les cuesta tomar responsabilidad en temas más profundos como la educación. Desde el embellecimiento y confort de los edificios, hasta la gestión de ayuda a los alumnos pueden ser áreas de gestión comunal.

Los dos últimos directores de escuelas, Thomas y Jaime Correas, coinciden en la necesidad de llamar a un pacto para cuidar a la escuela. En ese acuerdo incluyen algunas máximas comunes: poner a la educación como bien superior a cuidar de las internas; ponderar la carrera docente con una revisión completa; comprometer a las familias y darle un mayor lugar a los alumnos.

Suarez tiene en la educación una oportunidad: avanzar con un cambio imprescindible, aunque él no verá los resultados. 

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