Pase sanitario en la provincia de Buenos Aires: ¿corrupción asegurada?
Jugando a dúo, tanto el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, como su ministro de Salud, Nicolás Kreplak, llevan adelante la imposición —por decreto— del pase sanitario en la provincia. Pero, lo que quizás no se advierte a primera vista, es que el mencionado decreto, que le otorga al Registro Provincial de Comercialización de Bebidas Alcohólicas (REBA) la supervisión de los boliches y ámbitos públicos en los que exista un aforo superior a las mil personas, puede generar un escenario de corrupción desmedida.
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Dándole un marco claramente ideológico a esta resolución, Kreplak soltó que, en los deciles más altos de la sociedad, los niveles de contagio multiplican por seis a los de los sectores más desfavorecidos. Ya no se trata de quienes viajan al exterior, ni de quienes salen a correr: ahora son los ricos, que están de fiesta continua. Quizás el ministro conocía ya antes que el ciudadano de a pie la fiesta a la que asistió Cristina Elisabeth Fernández en Pilar, de la cual participaron unos doscientos de sus acólitos, pertenecientes al mundo de las artes y del periodismo. Quizás.
Darle al REBA el control del pase sanitario en boliches o ámbitos con gran cantidad de público es una decisión política que no puede pasar ignorada. "El llamado pase sanitario quedó oficializado con la publicación de la resolución conjunta 460/21 en el Boletín Oficial del distrito, donde se detalló que está destinado a "todas las personas mayores de 13 años" que quieran asistir a eventos masivos, actividades culturales, deportivas, religiosas y recreativas en espacios cerrados como bares, discotecas, pub, etc.". Ese etcétera es lo preocupante, porque puede dar para cualquier cosa.
Los funcionarios del REBA son un grupo especial que opera en conjunto con la fuerza policial. Son conocidos en la provincia por los actos de prepotencia y de rapiña económica a los que son afectos. Sin ir más lejos, en el año 2016, durante el Gobierno de María Eugenia Vidal, el entonces intendente de Mar del Plata, Carlos Fernando Arroyo, los echó de la ciudad luego de que se supiera que recorrían los ámbitos de la nocturnidad pidiendo un millón de pesos por "boliche". En ese entonces, el dólar cotizaba a $14,20. Hoy, con ese "etcétera" que plantea la norma, y la doble función de control, el escándalo promete ser mayúsculo.
Quizás, tanto Kicillof como Kreplak no lo sepan, pero más que "pase", lo que han abierto es una gran "caja" sanitaria.

