Iglesias y la crisis de 2001: cómo fueron las horas más dramáticas, el boicot del peronismo y la oportunidad perdida
Pasaron 20 años del estallido socio-económico más significativo de la historia reciente de Argentina, un hecho que aún perdura en la memoria de todos aquellos que sufrieron los estragos provocados en un contexto donde la desocupación, la pobreza y el caos financiero fueron protagonistas.
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MDZ habló con Roberto Iglesias, exgobernador de Mendoza de 1999 a 2003, para así revivir a través de su relato cómo fue experimentar la caída del gobierno del expresidente Fernando de la Rúa. Allí, detalló claves de lo vivenciado como mandatario provincial, habló del papel de la Unión Cívica Radical y comentó su punto de vista acerca de cuál es la moraleja de esta etapa.
- ¿Qué sensaciones tiene a 20 años de la crisis del 2001?
- Fue una crisis compleja que en el fondo muchas cosas no cambiaron. Yo estaba convencido de que iba a haber un profundo cambio, fundamentalmente en la política. Entendía que en aquel momento la sociedad había puesto un punto final. Que la crisis y el 'que se vayan todos' había establecido un 'basta'. Pasó el tiempo y también una década magnifica y desperdiciada. Del 2000 al 2010 se dio una oportunidad de crecimiento porque el petróleo y la soja se dispararon una barbaridad. Hasta se hizo un acuerdo con las provincias petroleras para fijar el barril de petróleo a los efectos de las regalías. Lo que me molesta que es las cosas de fondo no cambiaron. La Argentina tiene crisis cíclicas. En algunos casos se resolvieron con buenos planes.
- Una vez que asumió Fernando de la Rúa, ¿cuál fue su ilusión más grande?
- En general, cuando se empieza un gobierno y se lo comparte con el propio partido, pensábamos que terminaba una época y empezaba otra, que había una alianza, que el radicalismo no era radicalismo. Por lo tanto, íbamos encarando sectores progresistas. Esto nos iba a permitir avanzar en las cosas de fondo.
A mí siempre me preocupó un tema, que fue que De la Rúa dijo en su campaña que iba a mantener la política de convertibilidad, pero sin producir ningún cambio. Y lo que en realidad había que hacer era cambiarlo. La convertibilidad debía tener un plazo de duración. El mismo Domingo Cavallo lo dice. Él se defiende su política diciendo que Carlos Menem no hizo los cambios debidos por el mambo de la reelección. A mí eso me preocupaba porque sosteníamos el mismo criterio. Es más, Eduardo Duhalde -el otro candidato presidencial en 1999- ya sostenía que había que tener un plan de salida. Entonces lo que sucedió después es que nadie nos prestaba plata. Lo que estalló fue porque indefectiblemente iba a estallar.
- ¿No haber salido de la convertibilidad fue una desilusión?
- No, yo no tengo desilusiones en ese sentido. Primero porque hicimos todo lo que podíamos hacer y el final fue de acuerdo a cómo venía la Argentina con el plan de estabilización. No tengo desilusión, sobretodo en nuestro gobierno. No digo que uno pueda estar satisfecho porque todo el mundo sufrió mucho, pero sí puedo decir que estuvimos a la altura de las circunstancias de la gravedad de la situación. Posicionamos a Mendoza mucho mejor que el resto.
- En la antesala del estallido, ¿vió débil a Fernando de la Rúa?
- En esa época había un trato permanente porque ya veíamos lo que venía pasando. Se habían perdido las elecciones de medio término y el peronismo avanzaba después de haber olido sangre. Carlos "Chacho" Álvarez tuvo una actitud inexplicable y cobarde. Dejó el gobierno por un motivo que nadie se lo cree. Nos dejó sin posibilidades de una salida institucional. Es entonces cuando el peronismo avanzó y cambió la autoridad en la Cámara de Diputados. Algo que ahora tienen miedo, pero que hicieron en esa época. Ahí de la Rúa quedó completamente aislado, solo y sin poder conseguir endeudamiento.
No había manera de financiar el país, perdió las elecciones y tenía a todo el peronismo detrás. Me parece que tuvo una actitud correcta. Otro se hubiera quedado diciendo 'que se incendie todo y chau'. Los gobernadores no le pusimos trabas a las decisiones. Recuerdo que en noviembre de 2001 se convocó a una reunión entre el Gobierno y la oposición. Finalmente, no asistió nadie y dejaron a de la Rúa solo bajando del auto. Fue una estrategia de abandono.
- ¿Qué estaba haciendo en el momento que cae el gobierno y de la Rúa se va en helicóptero?
- Estaba en la Casa Rosada. Llevaba un par de días ahí. La noche del 19 de diciembre tuvimos una reunión muy importante con sectores del peronismo y gobernadores. Evidentemente no pudimos avanzar. Ese 19 a la noche salió la gente sin nadie que los llevara. Hasta los propios votantes de De la Rúa salieron a la calle. Fue impresionante. Al otro día ya estaban organizados. A mí no me contaron esto porque lo vi con mis ojos. La intención era meterse adentro y avanzar.
- ¿Temió por su vida?
- No. Es más, en un momento dado yo estaba con el diputado Aldo Ostropolsky y fuimos al Banco Nación. Cruzamos caminando a la Casa Rosada. Evidentemente la gente no nos conocía.
- Durante el momento de shock, ¿llegó a pensar que debía cobrar más protagonismo político a nivel nacional?
- Nosotros tomamos una actitud conjunto partidaria. Antes y después, Raúl Alfonsín reunió al Partido. Se siguió hablando y, cuando sucedió todo, hubo un acuerdo generalizado de que el radicalismo debía acompañar.
- ¿Hubo boicot del peronismo?
- Sin lugar a dudas. No hubo voluntad de encontrar salida compartida. El radicalismo y el propio de la Rúa estaban dispuesto a armar un gobierno de coalición. Nosotros decidimos en reuniones que íbamos a acompañar. El peronismo planteó una sucesión, pero no sirvió porque la interna de ellos era tremenda. Me sorprendía que con la gravedad de los temas existiera una disputa de poder. Es más, cuando asume Adolfo Rodríguez Saá, el acuerdo entre ellos era llamar a elecciones en marzo. Cuando se dieron cuenta de que no iba a suceder, lo voltean a él.

- ¿En los saqueos de Mendoza hubo accionar de concejales o dirigentes sociales de otros partidos?
- Lo primero que tengo que decir esto es que el caldo de cultivo ya estaba. La situación era gravísima por la confiscación de ahorros en todos los sectores. La posibilidad de ocurrieran los saqueos ya la veníamos evaluando desde antes. El resto de los gobernadores tenían la misma preocupación. Sí me sorprendió que el primero se produjera en Mendoza, pero me parece una buena reacción. No hubo ninguna represión o hecho violento.
Siempre hay gente que agita y que aprovecha esto. En Buenos Aires se notó muy bien que el peronismo estuvo alentando permanente esto. Acá fueron hechos aislados que se contuvieron con acuerdos entre sectores políticos y los mismos empresarios. Recordemos que los supermercados entregaron bolsones de alimentos.
- Su primera reacción ante los saqueos en Mendoza
Estaba en Buenos Aires. Activamos los mecanismos que teníamos preparados. Habíamos previsto que estas cosas podían suceder. Era sabido a nivel nacional.
- ¿Existió un momento de miedo en Mendoza, teniendo en cuenta los que mostraban los canales de televisión de Buenos Aires...?
- Nunca pensamos que podía ocurrir de la misma manera que allá. Por ejemplo, en la provincia de Buenos Aires se pudo actuar porque tenían los aparatos de las intendencias y del Gobierno. Entonces, aquí era distinto. No se podía llevar hacia otro lado porque, si un intendente provocaba algo, iba a ser en su propio departamento. En ese sentido no hubo un trabajo institucional. Sí había concejales y dirigentes sociales, pero con otro nivel de diálogo en la provincia.
- ¿Cómo se salió de la crisis, tanto en Mendoza como a nivel nacional?
Hubo un acuerdo de colaboración entre la oposición, que en ese caso pasamos a ser nosotros. No pusimos ningún palo. Se firmaron pactos fiscales que acompañamos. Después existieron situaciones de orden económico donde mucha gente sufrió. El empuje del mundo fue visto en los ingresos de la soja y el trigo, al punto tal de que en 2005 Néstor Kirchner decide devolverle 10 mil millones de dólares al Fondo Monetario Internacional bajo una actitud absurda. Era un crédito para invertir en el país, pero Kirchner tenía otra visión. No quería que le controlaran los números desde afuera. Eso me indignó mucho. Ahí es donde más crítico. Esta gente ha hecho muchas cosas dañinas, pero lo peor de todo es que tuvieron la oportunidad de hacer las cosas para que la Argentina se recompusiera y no las hicieron.
- ¿Se sintió con fortaleza como gobernador durante el período 2001 - 2003?
- Uno que tiene que ir tomando las medidas que debe tomar y asumir las responsabilidades. La baja salarial fue difícil. Hubo que hacer ajuste, pero había alternativa. Teníamos que vivir con lo que la gente aportaba de los impuestos. No había emisión ni forma de sacar un crédito. Tuvimos que ordenar las cuentas. Creo que lo hicimos con racionalidad y criterio.
Viendo el resultado de los bonos y cuasimonedas en otras provincias, nos resistimos a sacarlas, pero después -cuando no había otra alternativa de financiamiento- lo hicimos con mucho criterio. El Petrom cotizaba al mismo valor que el Lecop, que era nacional. Nos autorizaron 190 millones de pesos y emitimos la mitad nomás. Hicimos un control muy diario. Creo que eso habla de la responsabilidad con la que actuamos. Antes de irnos en 2003, lo recuperamos con los intereses pactos según lo establecido por la ley. En el resto de las provincias emitían millones y millones. Pero había que ser cuidadosos con el gasto. Hubo una serie de medidas que colocaron a Mendoza como una de las provincias que no entró en default. Hasta el día de hoy se conoce a Mendoza como buena pagadora. Dejamos las provincias sin déficit.
- Mucha gente opina que el estallido ocurrió por la mitad de lo que sucede hoy en día. ¿Coincide con esa apreciación?
Es muy probable. ¿Qué pasaría si el Gobierno hoy no pudiera emitir? Si no existiera la posibilidad de emitir y se pusiera esa regla fija, el país estaría incendiado. Si hubiese podido emitir, De la Rúa podría haber paleado la situación.
- A 20 años, ¿cuál es la moraleja?
- A mí me gustaría decir que sirvió, pero lamentablemente no porque en la década del 2000 tuvimos una situación única en la historia del mundo. Nunca hubo un empuje así. Nosotros tuvimos oportunidades tremendas y caímos en la misma cuestión por no hacer lo debido y seguir con el mismo problema estructural. Las medidas de hoy son cachetadas y sin un plan. Después de 20 años, el problema socioeconómico de Argentina no cambió y sigue siendo el mismo. La política cambió para peor. En el 2001 había más diálogo, precisamente en Mendoza. Hoy es negro y blanco.
Me encantaría decir que la crisis fue una oportunidad y que aprendimos. Pero seguimos con los mismos problemas: una tremenda pobreza, bajos salarios, desocupación, etc. Voy a decir algo que por ahí me van a terminar pegando: me duele mucho ver las cosas que pasan, pero también hay una culpa de la sociedad. Hay un hartazgo con la política. Sin embargo, piden que los funcionarios tengan los valores de San Martín -con razón- y votan lo que votan. La sociedad debe reflexionar. Cuando dicen que todos los políticos son ladrones, eso no es verdad. Hay buena gente. Hay que hacer una separación cuando se elige.
- ¿Volvió a ver a Fernando de la Rúa?
- No, nunca más lo vi. No asistí a su velorio. No tenía una relación fluida. No pertenecía a su grupo interno político. Indudablemente, debe haber tenido en nosotros un suporte que no sé si tuvo en otro lado. Tampoco se dio vernos porque se refugió y se juntó con gente de su entorno. Yo no tenía por qué ir a golpearle la puerta, ni él tampoco a mí.

