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La Argentina y el hábito de tropezarse tres veces con la misma piedra

La experiencia no es un activo que suela aprovecharse en la Argentina. Las tomas de medidas desacertadas y la falla de estrategia clara marcaron las primeras olas del coronavirus. Ante la llegada de la variante ómicron, queda expuesto que el país va a contramano de la tendencia mundial.
Foto: TELAM
Foto: TELAM

Se cumple, este domingo, un año y 9 meses del inicio oficial de la pandemia en la Argentina. Ese el es tiempo que pasó desde que el presidente Alberto Fernández decretara el comienzo de la cuarentena. Desde entonces, la mayoría de las medidas del Gobierno nacional se vieron en vuelta en la polémica debido a que, muchas veces, fueron a contramano de lo que sucedía en el resto del mundo. Al menos, entre los países centrales que marcan tendencia.

Sin embargo, pese al lapso transcurrido, la realidad muestra que se insiste en tropezar con la misma piedra. Una vez, dos y, si hace falta, tres. Con la llegada de la variante ómicron, parece que nada de lo sucedido sirvió de aprendizaje y, ante una posible nueva ola, se enfrentará como el primer día, en medio de polémicas y medidas descoordinadas.

Uno de los hechos negativos que se repiten es que, desde el Poder Ejecutivo Nacional y de la influyente provincia de Buenos Aires – el distritito que llevó adelante todas las batallas oficialistas en la materia –, se sigue insistiendo con la estrategia de imponer mas que de convencer. Esto agravado por hacerlo con argumentos cuestionables, datos inexactos y motivaciones poco claras.

Una diferencia respecto a lo que sucede en otros países, tomando uno de los hechos de los últimos meses, se puede encontrar en la vacunación a menores de entre 3 y 11 años. Desde el Gobierno nacional y en especial del bonaerense, se impulsó con una energía y velocidad llamativa la aplicación de la vacuna Sinopharm a chicos de esas edades. Ante los cuestionamientos de padres y sociedades médicas, el gobernador Axel Kicillof fue al enfrentamiento: “Si la Anmat autoriza el uso de la vacuna, no hay nada que discutir”.

Más allá de hacerlo con falta de información clara o, en lo que es más grave, apelando a datos no ciertos (los dichos de la ministra Carla Vizzotti sobre los 500 millones de niños vacunados en China por ejemplo), la decisión contrastaba con lo que sucedía en el resto del mundo. Sacando China, Emiratos Árabes y algún país más, no había consenso en que era necesario inocular a los niños con una vacuna que no había cumplido las fases necesarias para su aprobación.

En países como España, Alemania o Francia, recién esta semana se comenzó a vacunar a niños menores de 11 años. Incluso, en algunos casos, sólo para quienes tienen enfermedades que los hacen más vulnerables. En otros, todavía no se ha empezado ya que no lo consideran primordial.

En cambio, han avanzado en la aplicación de una tercera dosis o refuerzo, algo que parece necesario para evitar cuadros graves. Sin embargo, la Argentina vuelve a separarse de la tendencia mundial.

Los problemas para el acceso a las vacunas que mostró el país, desde el inicio, son innumerables. Algunos, por cuestiones lógicas del momento en que la demanda superaba por creces a la oferta; otros, por cuestiones ideológicas o políticas. Lo concreto es que el país corrió siempre de atrás esa carrera. Y lo sigue haciendo.

Mientras naciones ejemplos como Israel, Reino Unido, Chile o Uruguay ya tienen aplicadas terceras dosis en 40% de su población, la Argentina apenas lleva cubierta a un 7%. Para tener una idea del retraso, es bueno ampliar la comparación. Italia vacunó con refuerzo al 21% de su población, España al 20%, Alemania al 24%, Estados Unidos al 17%, Suecia al 14% y Brasil al 10%.

Hay que remarcar que cualquiera de esos países tiene cubierta con dos dosis a un número similar o mayor de su población que, en el caso de la Argentina, es de 69%. La información que llega de los países que están enfrentando el invierno muestra que es necesario ese refuerzo. Si bien hay tiempo para llegar a la temporada de frío en el país, sin una estrategia definida se corre el riesgo de volver a improvisar.

A todo esto se suma la discusión por el pase sanitario, un tema que también parece estar metido en la grieta. Sin embargo, especialistas fundamentan su necesidad debido a que la aplicación de la segunda dosis se muestra estancada. “No sabemos por qué sucede, pero la Argentina necesita vacunar a más gente con dos dosis. El problema está concentrado entre los jóvenes y, por este motivo, puede ser útil un pasaporte sanitario para ciertas actividades” dijo a MDZ el infectólogo Eduardo López.

Uno de los motivos, podría ser que el bajo número de contagios y las pocas internaciones que se registran genere una sensación de fin de pandemia que desaliente la vacunación. Si la situación comenzará a agravarse, es posible que haya mayor disposición a aplicarse la segunda dosis.

Pero el pase sanitario es otra medida que genera rechazo y, en gran parte, tiene que ver con la forma de querer imponerlo. También es cierto que autoridades que han tomado decisiones equivocadas sistemáticamente, no generan el mejor clima para sumar adhesiones. Son las mismas que cerraban colegios, cuando no era científicamente necesario, o amenazaban con sanciones por no cumplir la cuarentena, mientras organizaban fiestas en la Quinta de Olivos o una despedida multitudinaria en la Casa de Gobierno a Diego Maradona, mientras la gente se fundía.

Tampoco parece posible que el pase sanitario sea exigido sin rechazo e en eventos organizados por privados, oficinas públicas, teatros, bancos, comercios, mientras se organizan actos políticos masivos, piquetes y demás demostraciones populares de seguidores del Gobierno.

Otro tema que juega un papel importante es que el abastecimiento de vacunas no tenga la variedad que una parte de la población requiera. Por ejemplo, de la estadounidense Pfizer se había anunciado un contrato por 20 millones de dosis que llegarían entre octubre y diciembre y, hasta este momento, arribaron 10 millones. En tanto, las de Moderna comenzarían a llegar en el primer trimestre del 2022.

De Sinopharm hay en abundancia, pero no sirven para ómicron, y AstraZeneca es la única que se tiene disponible para completar esquema triple. Lo de Sputnik, ya no merece comentarse. A esta altura, por los motivos que sean, parte de la sociedad piensa que tiene que tener derecho a elegir y no a recibir la vacuna que impone las autoridades, como consecuencia del mal manejo de la provisión de dosis.

También se repite la “estrategia del miedo” y de frases polémicas. El ministro bonaerense, Nicolás Kreplak, aportó lo suyo al decir ayer que hay que prepararse para un tiempo “complicado”. Lo hizo horas después de aconsejar a la población a no invitar para las próximas fiestas a familiares no vacunados. En ese sentido, López advirtió por el impacto negativo en la población los errores de comunicación del Gobierno y los exabruptos como el de Kreplak.