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Las insólitas carencias de las que presume Alberto Fernández

El presidente tuvo un discurso opaco en la COP26 de Glasgow. Pero además obvió que él desactivó como jefe de Gabinete la política que tenía Cancillería para ser parte del lobby global en el tema.

El presidente Alberto Fernández intentó presumir en Glasgow, Escocia, de las políticas ambientales y referidas al cambio climático. Pero, como ocurre muchas veces en política, esa visión pretenciosa no hace más que tapar sus propias carencias: fue el propio presidente quien desactivó las políticas de alto nivel sobre cambio climático que hubo en el país para, entre otras cosas, apañar a una funcionaria que sería condenada por corrupción.

En 2007, Alberto Fernández era jefe de Gabinete y echó de cancillería a Raúl Estrada Oyuela, embajador de carrera y uno de los referentes políticos mundiales en la negociación de alto nivel para conseguir acuerdos para luchar contra el cambio climático. Tanto, que fue clave en la firma del Protocolo de Kioto, el primer acuerdo global para combatir el cambio climático. La Cumbre de la Tierra de Río, el Protocolo de Kioto, el Acuerdo de París y ahora Glasgow. Hubo hitos políticos evolutivos para que haya consensos en el tema. Argentina involucionó.

Estrada Oyuela era Director de Asuntos Ambientales de la Cancillería argentina. Fue fundamental , por ejemplo, para que la COP 10 se hiciera en Buenos Aires. No era solo un cargo figurativo: estar en la primera línea de negociación global otorga oportunidades en un mundo donde los lobbies diplomáticos se manejan con la sutileza de un cirujano.

Alberto Fernández lo echó para cubrir nada menos que a Romina Picolotti, la exsecretaria de Ambiente que era protegida suya. Había dicho, como experto, que Argentina no tenía política ambiental y que había irregularidades. Por decisión de Fernández y de Néstor Kirchner, se fue del Gobierno. Ironías del destino: hoy Alberto es presidente y Romina Picolotti fue condenada por corrupción, las relaciones exteriores están sin brújula y Argentina sigue sin política ambiental.

Lo ocurrido en la COP 26 es solo un botón de muestra de los discursos que Fernández suele construir fuera de registro con la realidad.

No tan verdes

La “construcción verde” que intentó hacer Alberto, no se condice con la realidad argentina, altamente dependiente de los hidrocarburos en su matriz energética y también para conseguir divisas. El verde que más importa es el de los dólares. 

La matriz energética de argentina depende del gas  y el petróleo (juntos se llevan casi el 90%). Pero además los hidrocarburos generan una industria clave y el Gobierno apunta a potenciarlo. Es decir, no hay política acoplada a la transición energética, sino más bien lo contrario. La ley de promoción de los hidrocarburos que ingresó al Congreso pone el foco en eso: establece condiciones excepcionales para las inversiones en Vaca Muerta, permitiendo incluso saltar los cepos para liberar divisas. Para los expertos el proyecto atrasa, justamente, porque no contempla el período de transición. Es, básicamente, un proyecto para garantizar el ingreso de divisas que faltan pero no gestado desde una estrategia energética integral.

La industria de los hidrocarburos es una oportunidad para Argentina; pero de puro presente. En las próximas décadas el valor internacional de lo que está almacenado en Vaca Muerta (esa caja de ahorro  que se promociona como infinita) puede decaer. Para muchos es un ahora o nunca. Pero lo que es seguro, es que no es eterno.

Las empresas generadoras de energía, siguiendo la tendencia, consideran que para dentro de dos décadas la mitad de la matriz energética del país podría (o debería) ser de base renovable.