Alberto Fernández y Axel Kicillof con la misma molestia

Alberto Fernández y Axel Kicillof con la misma molestia

El presidente de la Nación y el Gobernador bonaerense saben que Máximo Kirchner tiene más críticas que opiniones positivas sobre las gestiones de ambos. Sin haber desaparecido las tensiones generadas en la semana de las renuncias, ahora Fernández y Kicillof hablan mucho más que antes.

Alejandro Cancelare

Alejandro Cancelare

"El Frente se construyó con los desprendimientos de diferentes líneas que tenían un enemigo común: el macrismo. Ahora, sigue con ese mismo esquema pero ahora es entre nosotros mismos", dice un funcionario que explicaba cómo estaba funcionando el oficialismo nacional y de la provincia de Buenos Aires.

Ante esta descripción, que rememoraba cómo el Frente Renovador terminó aliándose con el kirchnerismo liso y llano, ahora parece que hay un entendimiento mucho más directo entre el presidente Alberto Fernández y el gobernador Axel Kicillof, quienes dialogan mucho más que al inicio del mandato y no necesitan ya la intermediación de "la jefa" para que se activen los resortes del gobierno nacional.

La razón más importante es la tirantez que tanto el gobernador como el presidente tienen con La Cámpora, y principalmente con su conductor, Máximo Kirchner. Ambos, Fernández y Kicillof, le reconocen un empeño muy importante para que su organización sea protagonista, aunque también lo acusan de pretender conducir todo sin que por ahora tenga ese rol. 

Pero, como en un juego de la oca, en la que cuando todo parece encaminarse, aparece un casillero tramposo y los hace retroceder varios pasos, presidente y gobernador  tienen serios problemas para mantener un diseño claro de su estrategia política y, cuando todo parece estar andando para un lado, hay una demora o una resolución que vuelve todo a fojas cero.

Pasó hace días atrás en La Plata, cuando el gobernador citó a una reunión post electoral y todos creían que iban a hablar de lo que ya habían comentado en algunas reuniones que se hicieron públicas y otras más reservadas. Sin embargo, nada de "lo importante" se trató. Las reelecciones ni fueron mencionadas, tampoco se trazó una estrategia. Esa es, hoy, la máxima preocupación de la dirigencia bonaerense. 

Uno de los funcionarios que más conocen el accionar de todos los sectores involucrados en el Frente de Todos, que no tiene una responsabilidad preeminente, le hizo la siguiente descripción a MDZ: "Acá parece que nadie quiere darse cuenta que perdimos, que la gente nos pegó un palazo y encima Alberto dice que fue por él que crecimos... No entendió nada".

Este director, que siempre apostó por el éxito del frentetodismo, y seguro no puede ser considerado un camporista, prefiere que "la vicepresidenta hable de una vez. Todos dicen que si habla, esto se va a la m... Bueno, quizás de nuevo dice algunas verdades que ahora todos prefieren omitir", continuó. Es que para él, "no hubo ni platita ni remises... Lo que hubo fue un corrimiento de parte de un electorado que nunca iba a votar a Juntos por el Cambio y ahora se volcó por nosotros en el Conurbano".

Efectivamente, no hubo una gran diferencia de afluencia de votantes entre las PASO y las elecciones generales, y el crecimiento de casi 600.000 votos que tuvo en su favor el oficialismo bonaerense fueron producto de un pequeño crecimiento de voto nuevo, pero también hubo de las boletas que no estuvieron en el cuarto oscuro en noviembre, vinculadas con el peronismo".

Fernández y Kicillof saben que el hijo de los dos presidentes hace varios movimientos que suelen tenerlos como damnificados. Tomaron nota y actúan en consecuencia. Sin embargo, mantienen una sutil pero importantísima diferencia. El primero no habla ni considera su conducción a la vicepresidenta, a la cual trata de escuchar y atender lo menos posible. El gobernador, en tanto, ha recompuesto su relación con ella y volvió a tener su confianza luego de la "intervención" post PASO. 

Si la lógica sigue siendo la misma que los llevó al poder, la unidad "contra algo" en lugar de hacerlo "por algo", provocará, más temprano que tarde, un nuevo reacomodamiento interno, en el que dejarán de ser sólo sutilezas fotos como las del serrucho, el pico y la pala que mostró al díscolo anti kirchnerista peronista Fernando Gray junto con Juan Manzur y Matías Kulfas. 

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