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¿Más o menos peronismo? Dos actos con pocos puntos de contacto

La mayoría de los participantes de los actos de la CGT y del cierre de campaña del Frente de Todos en Merlo, tenían una única coincidencia: que era con más y mejor peronismo, léase menos kirchnerismo, que se sale de la dramática situación social y escepticismo político.

Los rostros, las formas, los saludos y hasta los conceptos fueron más que diferentes en los dos actos. No solo por la marcha peronista, sino porque en la CGT estaba claro cuál es el motivo que produjo semejante foto de unidad, en la que en el escenario estaban las familias Daer, Moyano y, sin estar, Barrionuevo a través de sus aliados.

Todos los ahí presentes tenían razones para estar enojados y no esperar nada de los otros protagonistas del acto de Merlo. De Alberto Fernández sólo tienen frustración. De Cristina Fernández de Kirchner, inquina, bronca y lejanía. El único que mantiene diálogo directo con ella es Pablo Moyano, pero también quedó enojado porque su apellido no se vio en la lista de candidatos a diputados nacionales.

En el cierre del Frente de Todos hubo, además, algún tumulto provocado no sólo por punguistas, sino por barras antagónicas que pretendían un mejor lugar, como antes sucedía. En el de la CGT, en cambio, todo fue en paz y con abrazos como si nunca nada hubiera pasado entre ellos.

Quizás los dos actos representen, nuevos tiempos para lo que viene. Mientras que en la política el oficialismo sigue teniendo que mostrar unidad aunque arriba y abajo del escenario todos se desconfíen, y ya hablen de internas a cara de perro para el 2023, entre los referentes gremiales queda claro que tienen al peronismo como eje central

Máximo Kirchner, en su último y único encuentro con las autoridades de la central obrera, les había pedido, sin soberbia pero con firmeza para que no quedaran dudas, que para él era innecesario el congreso obrero que definió sus nuevas autoridades. Y también pidió que tuvieran en cuenta a referentes cercanos a su pensamiento político. Ninguna de las dos cosas sucedió.

En los últimos tiempos, desde Carlos Menem en adelante, la la CGT no tiene la capacidad de presión e instalación de temas que tenían al inicio del retorno de la democracia. Luego de Lorenzo Miguel y Saúl Ubaldini, nada fue igual. Ni Hugo Moyano, amo y señor, adueñándose de afiliados de otros gremios bajo el protectorado de Néstor Kirchner, logró influir como lo hicieron los dos primeros. 

En la política sucede lo mismo. Ni Cristina, ni Alberto, ni Sergio Massa, ni los gobernadores tienen poder para imponer nada. Además, entre los mismos actores reina la desconfianza y algunas veces, las diferencias son insondables. También como sucedió con la central obrera, se debe tener en cuenta un dato no menor. Luego de la salida de Eduardo Duhalde de la Gobernación bonaerense, ningún otro pudo tener su importancia y peso político entre sus pares. Ni Carlos Ruckauf, delegado de Duhalde, ni Felipe Solá, lo propio de Néstor Kirchner, y mucho menos Daniel Scioli y Axel Kicillof lograron articular políticamente nada por sí mismos. 

Todos parecen prepararse para lo que viene después del 15, pero antes de eso hay elecciones, y más allá del pesimismo reinante, queda claro que todos los presentes, en ambos actos, quieren ganar, pero a más de uno no le preocuparía mucho si el oficialismo pierde. 

"Tenemos que armar el mejor gobierno de la historia después del domingo. Esperemos que todos los acá presentes estén dispuesto a hacerlo", dijo un diputado nacional que, como todos, desconfía más que otras veces.