Tres escenas de lo que gestó la pandemia y una pregunta sin respuesta
Escena uno. Cerca de las 12 de la noche suena de nuevo. El chirrido de un mensaje de Whatsapp que, en realidad, es casi parte de la rutina. “Profe, qué trabajo tengo que mandarle”, dice la voz adolescente de una alumna que a esa hora logró conectarse con el único teléfono con Internet que tiene su familia. No hay clases presenciales, no hay horarios. Sí agobio para alumnos y docentes, tras seis meses de contacto en contexto de emergencia. La educación es uno de los sectores que más rápido se adaptó al aislamiento obligatorio, pero también donde se potenciaron las desigualdades. Habrá evaluaciones testimoniales, pero se mantiene la incertidumbre sobre lo que pueda pasar con el 2020; con el traspaso de año en los cursos clave y, sobre todo, el impacto que tendrá en el aprendizaje de los niños y adolescentes que no tienen el mismo acceso a los medios: si la escuela iguala, la lejanía de ella potenció las desigualdades.
Escena dos. Emprendedor y profesional próspero, convertido en verdulero. La chata 4x4 que era un gusto, ahora es una herramienta de trabajo para el reparto. Oficio improvisado con riesgo de ser permanente. Resiliente o, mejor dicho, superviviente. La desocupación en Mendoza supera los dos dígitos y la mitad de la población está bajo la línea de pobreza, medido por ingresos. Casi 400 mil mendocinos reciben el Ingreso Familiar de Emergencia. El temor es que muchas de las familias que recibieron el impacto de la pandemia desde lo económico y laboral, no puedan salir y se sumen al tercio de la población argentina que fue marginada de sistema productivo. “No habrá una recuperación en V (es decir un rebote)”, explican desalentados en el Gobierno.
Escena tres. “Va a haber más delito. Lo que pasó en Buenos Aires se va a reproducir en Mendoza, aunque con otra magnitud obviamente”. La frase es de un funcionario judicial y también refleja un análisis prospectivo que hacen en el Gobierno. La crisis dejará, como ocurrió, una parte del tejido social resquebrajado y también puede impactar en la seguridad ciudadana. Desde la “sensación” de desprotección, hasta aumento de los delitos. Ya pasó y por eso quienes analizan los datos creen que se pueden repetir escenarios complejos. Los delitos denunciados tuvieron una obvia caída durante los meses de aislamiento. Pero a medida que aumentó la actividad, también crecieron las denuncias. El temor mayor en ese plano es que a mediano plazo vuelvan a gestarse bandas improvisadas que agiten en los barrios marginados. En Mendoza, creen, no hay muchos grupos profesionales dedicadas al crimen, pero sí pueden haber sectores que se aprovechen de la situación para gestar pequeñas y precarias bandas organizadas que merodeen en esos negocios.
La pandemia ha generado nuevas rutinas, pero sobre todo ha potenciado viejos problemas. Funcionó como una lupa que sirve para magnificar las carencias estructurales. La capacidad de respuesta y de adaptación que ha tenido Mendoza a lo largo del tiempo genera alguna esperanza. Pero aún hay una pregunta sin responder: qué va a hacer Mendoza para salir adelante.
La pregunta parece retórica, porque no tiene una respuesta concreta. Esa es la cosecha de lo que se sembró desde hace décadas. En el Gobierno aún tienen un lamento como primera respuesta por no haber podido cumplir el plan que tenían: apuntar a las actividades extractivas y que la riqueza generada allí sirva para reinvertir en tecnología, en mejora para las industrias tradicionales y en innovación. Los 20 mil puestos de trabajo por año que creían podían crear en la minería, ahora tienen un espacio vacío, aseguran, que será complejo llenar. Por eso, la esperanza a corto plazo está en la construcción privada, que tiene un repunte fuerte, en la ayuda nacional que pueda venir y que los incentivos locales tengan algún efecto.
Mendoza tiene algunos buenos antecedentes. En las crisis, como ocurrió en 2002, se recuperó más rápido que la Nación y tiene un sector privado más robusto. El problema es que no habrá magia. Uno de los sectores que creció aún en un contexto adverso es el del desarrollo tecnológico, que creó más trabajo. Pero la falta de infraestructura (desde internet bueno hasta edificios que respondan a esa demanda), el freno a la promoción y hasta la idea de generar nuevos impuestos le pone coto.




