Por qué Mendoza puede ser escenario del aumento de la conflictividad

Por qué Mendoza puede ser escenario del aumento de la conflictividad

Gobierno y oposición no tienen voluntad de diálogo y, por el contrario, apuestan al choque. La Nación agita la conflictividad porque Mendoza es terreno fértil para ellos: gobierna un opositor y uno de sus "enemigos" aún pisa fuerte. Temen que el conflicto de Capital se expanda.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

Es tan claro el problema de la política de Mendoza que no deja de dar ejemplos explícitos. Se anuncia la creación de un Consejo Económico Social planteado como eje de consensos, pero el proyecto de ley tiene como principal característica la falta de acuerdo. Ni el oficialismo completo apoyó la idea del gobernador Rodolfo Suarez, por lo que poco volumen puede tener ese consejo sin el respaldo político de más de la mitad de los representantes.

Mendoza es una provincia cuyos problemas sociales, económicos y ambientales están sobrediagnosticados, pero que ahora tiene encima las nuevas complejidades de una pandemia que dejó patas para arriba al mundo. Pero, el eje está en otros lados: el Gobierno aún no calibra la gestión para liderar la crisis, la oposición no tiene voluntad de acuerdo sino que apuesta a profundizar los problemas y la dirigencia empresarial y social están desperdigadas.

La Provincia está en problemas. Es conducida por una dirigencia atomizada y sin liderazgos. Hay ambiciones personales sin planes y falta de representación en las reales demandas de una comunidad golpeada por una crisis cuyos parámetros aún no se conocen.

En la coyuntura, la Provincia es un escenario propicio para que afloren los conflictos que a nivel nacional están vedados políticamente y por eso en el Gobierno hay preocupación.

Lo que ocurre con los municipales de Capital puede ser una muestra. El problema crece y ya asoman repercusiones nacionales. El video de Pablo Moyano apoyando las protestas es una señal y en el radicalismo ven fantasmas y denuncian que hay un camuflaje en la protesta 

Como sea, a diferencia de lo que ocurre alrededor de Casa Rosada, los gremios afines al oficialismo nacional tienen vía libre en uno de los principales distritos gobernados por la oposición. La Ciudad de Buenos Aires está blindada gracias a la “participación” de Rodríguez Larreta en la triada de poder de la pandemia y también porque la cuarentena estricta complica las protestas. Jujuy también es un foco importante, pero por lo que significa Milagro Sala como símbolo de poder. 

Mendoza ofrece el combo perfecto para agitar. Tiene los mismos problemas estructurales que el resto del país, un gobierno opositor a la Nación y un “enemigo” que puede salir herido de cualquier conflicto. Se trata del presidente de la UCR Alfredo Cornejo, quien puja por ser líder de la oposición. 

Mientras tanto, hay dos caminos que se bifurcan. Uno es el de la búsqueda del poder en las deslegitimadas instituciones. Y el otro el de la vida cotidiana. La agenda de los dirigentes está cada vez más alejada de lo que le ocurre a la comunidad. En Mendoza el desempleo ya supera el 10%, más de la mitad de la población vive en condiciones de pobreza y las consecuencias sociales de la crisis aún no están dimensionadas. 

Criterios

Los problemas económicos y financieros son comunes en todo el país. El margen de discrecionalidad que se guardó para sí la Nación le permite también calibrar la ayuda y los aprietes según su propia necesidad política. 

La provincia ajustó los salarios estatales “de hecho” al no tener ni negociación paritaria ni ninguna cláusula de actualización. Es una política sugerida e imitada también por Casa Rosada. Los gremios afines al kirchnerismo están silenciados allá, pero toman fuerza acá. Aún a pesar de que la Nación acaba de imponer nuevas pautas de ajuste. Es que a través del convenio de ayuda financiera, Casa Rosada le ordena a la Provincia que acote su política salarial a las posibilidades económicas reales. Es decir que no contrate ni aumente sueldos si los recursos no lo permiten.

 

El conflicto de Ciudad preocupa porque se expande. Para el martes se convocó a una movilización que podría exceder nuevamente a ese sector. El intendente Ulpiano Suarez tiene un rol distinto ahora, pero hasta el año pasado era el nexo entre el Gobierno y los gremios.

Esa relación era buena, pero para que eso ocurriera el Estado debió pagar más de lo que podía: la cláusula gatillo que Cornejo autorizó durante los dos últimos años de su gestión generaron “paz” con los gremios y acuerdos históricos, pero problemas financieros graves para el Estado y un defasaje histórico respecto a lo que pasó en la actividad privada. Ahora el Gobierno no lo tiene a Cornejo (que era un “negociador duro”) y tampoco tiene la principal herramienta de “pacificación”: la billetera.

Por eso Mendoza puede ser un laboratorio para solucionar o agitar los problemas que solo están contenidos en todo el país por la cuarentena y el forzado control político que aún tiene el Presidente. 

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