Suarez, ante el desafío de que lo peor todavía no pasó
En una desolada Casa de Gobierno por la ausencia de empleados públicos, un funcionario de alto rango cruzó por uno de los pasillos que dan justo a la puerta de entrada al despacho del gobernador y, antes de meterse en el área más restringida del palacio, soltó una frase mezcla de ironía y resignación en el medio de la pandemia del coronavirus: “La verdad, es que el show todavía no empezó”.
La amarga escena se registró el jueves, mientras Rodolfo Suarez monitoreaba los resultados de los primeros días tras el ingreso de Mendoza a la “fase cuatro” de la cuarentena y lo dicho por ese ministro del gabinete tenía detrás varias connotaciones.
Recién en diez o quince días, se sabrá el impacto que tendrá en la circulación del virus la reapertura en las industrias y en los comercios dispuesta el martes. Ese el plazo que se han trazado los responsables de seguir el desarrollo de la epidemia en la provincia para quienes, lo que se viene, está claro.
Los especialistas descartan que habrá un rebrote entre nosotros y que además eso es lo recomendable que suceda a esta altura de la cuarentena. No tanto para entender que ya era necesario permitir recuperar cierto nivel de actividad económica, sino también para poner a prueba al sistema de salud que, hasta aquí, ha dado respuesta y que necesita prepararse para lo que será una llegada segura y con más intensidad del Covid-19.
Claro que esa misma respuesta está vinculada al comportamiento del virus en Mendoza por las medidas que se adoptaron y que marcan hasta ahora el registro de que solo el 5% de las camas disponibles en hospitales púbicos y privados para internación en terapia intensiva estén ocupadas.
Pero con mayor cantidad de gente en las calles y con muchas más personas a bordo del transporte público, el riesgo a una propagación de contagios aumentó y podría poner en riesgo la tasa de duplicación de casos que nos mantiene en un escenario más alentador que el promedio nacional: esa tasa en Mendoza es de 30 días, mientras que a nivel país la cantidad de contagios se están doblando cada 25 días.
El objetivo está no solo en mantener bajo control la cantidad de pasajeros en los micros para evitar la propagación, sino que también en sostener el monitoreo en los barrios carenciados y, todavía, estar pendiente de los ingresos del exterior. Los repatriados que aún continúan llegando a la provincia, siguen siendo objeto de preocupación porque se estima que alrededor de 1.000 mendocinos podrían regresar el mediano plazo.
Lo más duro también está por venir para el sector comercial e industrial que, de a poco, comenzó esta última semana a levantar las persianas y a abrir las puertas después de más de 50 días de parate que les ocasionó, entre otras consecuencias graves, problemas para pagar salarios a sus empleados y, en muchos casos, verse obligados a suspender o a despedir gente.
El gobierno tiene claro un dato de la realidad. La oferta estará porque los comercios están abiertos, pero la demanda es baja porque la producción mendocina tiene cerrados los mercados internacionales y el gran mercado nacional anclado en Buenos Aires sigue muy frenado por las pocas flexibilizaciones a la cuarentena que se dispusieron en esa región. Una esperanza albergan por ahora: entienden que algún franja de la población que siguió cobrando puntualmente sus salarios y que además no sufrió recortes, conserva cierta capacidad de consumo que pudo haber mejorado incluso en estos últimos dos meses por el aislamiento impuesto.
Quizás el mejor parámetro para evaluar el estado de cosas en este punto sea el rubro gastronómico. Que les hayan permitido adoptar la modalidad de delivery los ayudó aunque no los salvó: solo representa para ellos el 10% de la totalidad de facturación que tenían antes de marzo y además están ocupando unicamente alrededor del 30% de los empleados.
El “take away”, retirar la comida del local para llevar, que fue habilitado el martes, les viene a solucionar el cuello de botella operativo que se les había generado con el reparto a domicilio. Pero en Mendoza es difícil amoldarse a este sistema que solo funciona los días pico, como los fines de semana y los domingos al mediodía, fundamentalmente.
La forma en que los bares y los restaurantes seguirán con la cuarentena también está en análisis. Suarez tenía previsto autorizar desde el día 18 a los comercios de este tipo para que se les permitiera hacer entrar y sentarse a la gente con muchísimas restricciones, claro está.
Pero esa habilitación está en revisión ahora, entre otros motivos, porque apuntan a que puedan estar abiertos hasta las 22 y el límite para circular está fijado hasta las 19 en la provincia. Pero también por otra preocupación que no termina de despejarse del todo entre los dueños de restaurantes y bares y es que temen que, si les permiten una reapertura más amplia, terminen por quedar afuera de los Programas de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP) que es lo que, al menos al 70% de ellos, los ha mantenido con vida.
De esta manera lo anunciado por el gobernador para el 18, podría resolverse recién dentro de diez días más en coincidencia con la evaluación general que se hará de la “fase cuatro”. Antes, muy posiblemente el martes, el sector turístico podría comenzar a encontrar alguna respuesta a la ayuda que reclama. El Gobierno, mientras se espera el debate por la Ley de Emergencia para el sector que se debate en el Congreso, anunciará los créditos del Fondo para la Transformación y el Crecimiento al 10% que prometió en la Asamblea Legislativa para los hoteleros y a los que también sumará asistencia para el ámbito de la cultura.
La realidad financiera también le aportó a Suarez la sensación de que lo peor todavía está por venir. Con astucia política y entre muchas nimiedades notables también en su encuentro con Alberto Fernández, Anabel Fernandez Sagasti se apropió del anuncio de que finalmente el Banco Nación renegociará una deuda de la provincia por $3.500 millones que el ministerio de Hacienda viene tramitando desde enero.
A decir verdad, nada está firmado todavía y lo que se conoció es el anticipo de la senadora nacional de que el presidente decidió apurar ese expediente. El tiempo es plata en esta discusión: el visto bueno para la negociación ya lo había dado a principios de 2020 el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, pero todavía Mendoza sigue pagando religiosamente los servicios de esa deuda que en lo que va del año ya representaron $1500 millones.
Lo importante continúa siendo que el gobierno nacional cumpla con la asistencia financiera que asumió ante los gobernadores. Suarez no es optimista sobre el impacto en el corto plazo de este salvataje en la pandemia y tiene motivos.
De los $60.000 millones comprometidos de Adelantos del Tesoro Nacional (ATN) se repartieron en dos meses solo la mitad y Mendoza cobró algo mas de $1.200 millones en ese sentido. La otra parte del paquete, otros $60.000 millones que surgirán de préstamos de un Fondo para el Desarrollo Provincial, todavía no se asignan y se conoció esta semana el criterio de reparto que terminó por confirmar algunos temores locales.
El ministerio de Economía de la Nación definió que esos créditos se distribuirán de acuerdo a las necesidades financieras de las provincias y al impacto que ha tenido el Covid-19 en cada distrito, con lo cual se aleja un tanto de los criterios de distribución equitativos que pretendía Mendoza y que aspiraban estuvieran sujetos a los índices de coparticipación. En definitiva: los $5.000 millones que esperaba Lisandro Nieri por parte de la Casa Rosada, podrían terminar siendo menos.
El ministro de Hacienda enfrenta una semana clave. Como parte del proceso que ya se anunció de renegociación de la deuda en dólares y en pesos, el próximo 19 de mayo vencerá una obligación por U$S 25 millones y en los mercados internacionales ya corre la noticia de que Mendoza no pagará y que pedirá una prórroga de 30 días para presentar un programa de reestructuración y no caer en default.
Hacienda aún no confirma el pedido de prórroga de uno de esos vencimientos previstos para este año (el otro opera en noviembre y por un monto similar) de la deuda contraría en 2016 por Alfredo Cornejo y por un total de U$S 500 millones.
Según se supo tres bancos están interesados en llevar adelante el proceso de reestructuración, el Citi, UBS y HSBC, de un tramite tan inusual y forzado por la pandemia: hace menos de tres meses, hacia finales de febrero, los operadores bursátiles internacionales recomendaban tomar deuda mendocina ante la caída de los bonos soberanos de la Argentina. Ahora deberán aceptar o no una renegociación.
La estrategia será no aplicar un criterio de dureza con los bonistas, sino más bien que se intentará llegar a un acuerdo apelando a que entiendan que la realidad fiscal no es hoy la misma que la de 2016 o 2017. Pero en este proceso está pendiente qué pasará con la renegociación a nivel nacional y con lo que ocurrirá con el default en la provincia de Buenos Aires, más allá de que Nieri apuesta a entablar una negociación independiente con los acreedores de la provincia.


