Suarez y una "fase cuatro" demasiado cargada de dudas

Suarez y una "fase cuatro" demasiado cargada de dudas

El Gobierno se juega al ensayo y error con la flexibilización de la cuarentena. La recomendación de los sanitaristas que pondrá a prueba al sistema sanitario y la incertidumbre por el futuro económico de la provincia y del sector privado. La caída del PBG este año podría ser similar al de 2002.

Marcelo Arce

Marcelo Arce

Si Alberto Fernández finalmente traslada a un decreto lo que anunció el viernes, automáticamente Rodolfo Suarez liberará de la cuarentena a casi una decena de actividades económicas para colocar a Mendoza en una nueva etapa en su combate contra el coronavirus.

Este sábado el gobernador reunió a su gabinete y decidió esperar a ver de qué manera el presidente termina redactando el DNU correspondiente y si esa letra, que se conocerá hoy, está dentro de lo que ya se sabe, mantendrán a nuestra vida social tal y como está. Pero se avanzará todo lo que se pueda con la flexibilización del comercio, con la mayoría de las industrias, se comenzará con un lento proceso de recuperación de la gastronomía, modificarán horarios y permitirán la vuelta al trabajo de otros varios rubros paralizados tras más de 50 días de aislamiento social impuesto.

 



La “fase cuatro”, como se la denominó, será más que amplia y Suarez asumirá el rol que Fernández les dejó ocupar ahora a los gobernadores. O sea, podrán convertirse en administradores de la cuarentena tomando en cuenta cada una de las realidades de sus provincias.

Y el mandatario mendocino lo hará con los riesgos que eso trae. La reapertura significará que a partir del lunes miles de personas (se estima que al menos entre un 30% y un 40% más) que hasta ahora estaban en confinamiento, saldrán a la calle a trabajar y seguramente el Gobierno deberá machacar sobre la toma de conciencia de que el valor clave ya no pasa tanto por quedarse en casa. Sino por cuidar el distanciamiento social y respetar los protocolos sanitarios que se establezcan para cada actividad.

Suarez sabe que a partir de mañana muchas de las decisiones que se tomen estarán sujetas al ensayo y al error y que cualquiera de las medidas que se apliquen podrán ser revertidas en un minuto si se modifica el comportamiento de la curva de contagios. Mendoza entra en una nueva etapa de la cuarentena, pero con un gobernador cargado de dudas.

Es evidente que hasta aquí, y a pesar de la baja cantidad de testeos que se realizan a diario, la provincia logró contener la cantidad de casos por Covid-19. Algunos datos positivos marcan, por ejemplo, que Mendoza está por encima del promedio de duplicación (la llave que abre la flexibilización es de 25 días y la provincia está en 29 días) y eso permitió una buena respuesta del sistema de salud.

Pero la nueva etapa pondrá a prueba a ese mismo sistema. Una línea de razonamiento siguió Suarez a través de las recomendaciones de los especialistas: para ellos muy posiblemente haya un repunte de casos y lo recomendable es ahora comenzar a abrir poco a poco la cuarentena para dejar de hacer sufrir a la economía, con la apuesta de que el impacto del virus será menor por todas las medidas tomadas hasta acá. Algunos médicos hasta le recomendaron al gobernador que "hace falta tener a esta altura un poco más de infectados en Mendoza, porque el virus tarde o temprano va a llegar”.  

Otra de las claves para saber qué sucederá con la curva de contagios, será la forma en que se maneje el transporte público. Este es el gran límite para permitir o una mayor flexibilización de actividades. Aquí se había tomado una decisión que se corrigió este fin de semana. En principio la Secretaría de Transporte no iba a permitir mayores frecuencias en los micros de las que se habían autorizado el lunes 4 de mayo (momento en el cual se dejó que en veinticuatro troncales y en el Metrotranvía aumentaran entre un 8% y un 10%) para evitar unidades cargadas de gente e incumpliendo los protocolos establecidos por la Nación.

Poco a poco desde el inicio de la cuarentena la cantidad de gente en los micros ya se incrementó en un 25% y es casi seguro que a partir de este lunes no solo se aumentarán nuevamente las frecuencias, sino que además el Gobierno se sumará a las nuevas disposiciones nacionales que ampliarán la cantidad de pasajeros permitidos a bordo.

La cuestión económica es quizás el aspecto rodeado de mayor gravedad e incertidumbre. El impacto del parate en la producción todavía no está medido al detalle, pero algunas estimaciones a nivel oficial ya se hicieron. Se calcula que este año la caída del Producto Bruto Geográfico de Mendoza caerá como mínimo un 6%, cifra similar al desplome que se registró en el 2002.

En el cortísimo plazo se podría generar otro problema. Habrá oferta, porque los comercios y las industrias volverán a abrir aunque con condicionamientos y con aumentos de costos que les demandará la adecuación a los cuidados sanitarios. Pero muy posiblemente no haya demanda, con los mercados internacionales cerrados y con un área de consumo muy fuerte para los productos locales, el área metropolitana de Buenos Aires, que seguirá cerrada un tiempo más.

El gobierno incluyó la vuelta en etapas para el rubro gastronómico que esta semana podrá abrir sus puertas para realizar envíos a domicilio o entregas de productos en el mismo local. Y, muy posiblemente, la semana próxima ya viabilizará la autorización para que la gente pueda ingresar a los locales aunque de manera muy restringida y con una serie de protocolos que dejarán muy lejos al placer que representaba sentarse a compartir en café con otra persona en algún bar del centro.

El sector reaccionó con un entusiasmo moderado al anuncio: el efecto del cierre de casi dos meses fue de tal magnitud que, según datos de la propia Asociación que los agrupa, la alternativa de trabajar bajo la modalidad “take away” les permitirá una facturación que apenas llegará al 10% de su volumen de ingresos y eso no les alcanzará si quiera para pagar los costos del personal. Fernando Barbera, un referente del sector gastronómico en Mendoza, maneja dos números dramáticos. Según dijo, el 40% de los bares y restaurantes podría llegar a no reabrir sus puertas cuando la pandemia pase y el 50% de los empleados del sector podrían quedarse sin trabajo de aquí a diciembre.

La gran mayoría de los locales que sobrevivan se están preparado para afrontar un largo año en los que lo único que harán será perder plata.El que pueda apostará a la reconversión y en el corto plazo hay una sola cosa podría salvarlos. En este punto Barbera reclama que se implemente algún tipo de ayuda nacional o que se profundice el alcance de las medidas que ya están marcha y que no han tenido el impacto esperado: se estima que el 80% de los dueños de restaurantes mendocinos que solicitaron créditos al 24% no pudieron acceder y que la mitad de las empresas que se inscribieron para que Anses les cubra el 50% del salario de sus empleados se quedaron afuera del beneficio.

El turismo fue uno de los sostenes de la economía provincial durante buena parte de la recesión económica previa a la crisis del corovanirus. La realidad aquí también es demoledora y, solo por citar uno de los problemas, Mendoza sufre por la perdida de turistas extranjeros. La provincia venía con un ritmo de siete vuelos semanas de San Pablo que de un día para el otro se redujeron a cero.

No hay una sola línea en la que se esté trabajando por ahora para determinar la manera en la que se podrá surfear esta porción importante de la crisis. Otra frase dura al respecto. "No creo que venga un turista a Mendoza hasta marzo de 2021", fue el amargo pronóstico de Francis Mallman, uno de los chef más reconocidos del país que está atravesando la cuarentena en la provincia y con negocios acá.

Mendoza enfrenta una encrucijada de caída estrepitosa de los ingresos por un lado y con una mayor presión sobre el gasto por el otro, como consecuencia de las respuestas que debe dar el Estado al problema del coronavirus  que ya se llevó hasta aquí $2.000 millones del presupuesto.

Los números de los ingresos de abril son duros. La recaudación cayó en términos reales un 28% con respecto al mismo mes del año pasado, aunque en términos nominales eso significa que, de marzo a abril, la gente dejo de pagar impuestos por alrededor de $800 millones.

La actividad nula desplomó Ingresos Brutos un 23% y el Impuestos de Sellos un 63%. Pero la recaudación del Automotor cayó 53% y si el Inmobiliario zafó de la caída (9%) fue solo porque el mes pasado no se fue época de vencimiento. Las regalías petroleras, a su vez, tuvieron una disminución del 30%.

El plan que se había trazado para evitar el derrumbe financiero tenía tres patas. Confiar, por un lado, en que el ministerio del Interior cumpliera a tiempo con el salvataje anunciado por $120.000 millones para las provincias (que para Mendoza representan un paquete de asistencia de $5.000 millones) y avanzar, por el otro, en un reperfilamiento de vencimientos de deuda por $14.000 millones. Asimismo, se definió la toma de deuda a corto plazo con la emisión de una Letra.

La primera parte de ese estrategia ya tiene un recorrido tan claro como complicado a esta altura. Las provincias están recibiendo en cuentagotas la asistencia y en Hacienda dan por descontado que esta ayuda funciona, para la Casa Rosada, como mecanismo para mantener a raya a los gobernadores que necesitan de manera imprescindible ese oxígeno financiero para poder sobrevivir.

Mendoza recibió el jueves $430 millones (hace un mes había recibido $825 millones por este concepto) y no se sabe cuándo llegará el resto. De lo asumido, hasta este momento, Alberto repartió sola la mitad del monto de ATN y nada a través de prestamos de un Fondo para el Desarrollo Provincial

¿Qué pasará entonces? Si esa ayuda se concreta durante el mes de mayo, el problema estará resuelto. De otra forma habrá que anticipar, como ya lo hizo el ministro Lisandro Nieri, al pago escalonado de los sueldos públicos, entre otras derivaciones.

Con respecto a la deuda, Mendoza deberá afrontar en 2020 pagos de amortización por $6.467 millones y otros $ 8.164 millones en concepto de intereses, en un paquete que incluye distintos acreedores locales e internacionales que van desde el Banco Nación, el Gobierno nacional, la Anses, organismos multilaterales de crédito y un paquete importante de tenedores de bonos que, en su mayoría, están el exterior.

De toda la deuda a renegociar las claves son dos. Una de ellas comprende al crédito que se tomó en 2016 con el Nación por $3.500 millones y otros $1.200 millones con Anses, que están dentro de un cronograma de renegociación en la que están involucrados todos los gobernadores.

Esta semana se generó un ruido político muy fuerte alrededor de una supuesta injerencia de Anabel Fernandez Sagasti para bloquearle a Suarez esa instancia con el banco. La senadora se lo negó al propio gobernador esto, pero a esta altura esta claro que no hay vocación política nacional por arreglar un problema que, de otra forma, se podría haber resuelto en días. La deuda con el Nación se comenzó a negociar en enero (ya pasaron cinco meses) y los pagos que debió hacer la provincia por lo servicios de esa deuda ya suman $1.500 millones.

El proceso de renegociación en dólares y el resto tomado en pesos ya comenzó, con el llamado a licitación para encontrar al banco que hará el trabajo. Pero lo vertiginoso del proceso empujó a Mendoza hacia una fecha límite: el próximo 19 de mayo vencerá una obligación por U$S 25 millones, cuyo pago el Gobierno quiere postergar, aunque no sabe si llegará a tiempo para presentar una oferta. Las alternativas no son muchas: reperfila, paga, o entra en default por primera vez.

En medio de este panorama, si embargo, existe un aspecto político de la realidad en el que no hay dudas. Desde el arranque de la cuarentena las diferencias entre Suarez y Alfredo Cornejo acerca de cómo encarar la relación con el gobierno de Albero y Cristina Kirchner se disimulan en público. Pero se vienen expresando en privado y cara a cara entre ellos.

El presidente volvió al juego el viernes por la noche cuando, junto a Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof , anunciaba las nuevas fases de la cuarentena. Apeló otra vez a la diferenciación entre los dirigentes que gobiernan y los que, según él, se dedican a esmerilar al Gobierno a través de Twitter. Que haya estado sentado allí el jefe de Gobierno porteño es una nueva confirmación del intento de la Casa Rosada por establecer una alianza con Rodríguez Larreta para aislar a quienes están en los extremos de Juntos por el Cambio. En ese lugar en el que está ubicado Cornejo.

Por ahora el exgobernador no hará nada que pueda llegar a perjudicar a su sucesor o a su gestión. Pero tampoco abandonará su posición crítica y mantendrá la estrategia de funcionar en modo “contrarelato” de la forma en que Alberto está administrando la crisis. Y ya avisó que lo seguirá haciendo, más allá de que las encuestas le sonrían al presidente. Eso, a Suarez, no hace otra cosa más que agregarle otra dosis de incertidumbre.

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